lunes, 24 agosto 2026

Los Alcornocales, un laboratorio natural para ensayar soluciones frente al cambio climático

Este espacio protegido impulsa iniciativas científicas y forestales a nivel europeo que contribuyen a conservar el alcornocal, generar actividad económica y fortalecer el entorno

La Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía impulsa en el Parque Natural Los Alcornocales, en la provincia de Cádiz, diversas iniciativas orientadas a reforzar su papel como espacio de conservación, desarrollo socioeconómico y experimentación científica frente a los retos del cambio global. Este enclave natural del sur de la Península Ibérica se ha consolidado en los últimos años como un auténtico laboratorio natural en el que se ensayan nuevas fórmulas para compatibilizar la protección de la biodiversidad con el aprovechamiento sostenible de los recursos del monte mediterráneo.

El Parque Natural Los Alcornocales se sitúa en un lugar estratégico, justo a las puertas del Estrecho de Gibraltar, en uno de los puntos calientes de la biodiversidad a nivel mundial. Este hecho, unido a sus peculiares condiciones climáticas, derivadas de su carácter de frontera entre los vientos de levante y poniente, hace que presente en algunas zonas características similares a las de la macaronesia, al tiempo que mantiene densos bosques de alcornoques y quejigos que le han valido el sobrenombre de «la última selva de Europa».

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Junto a ello, se trata de un espacio marcado por una importante presencia humana desde tiempos prehistóricos, que ha modelado su paisaje y sus actividades a lo largo de los siglos. En sus más de 168.000 hectáreas, la interacción entre el ser humano y el medio natural ha desempeñado un papel fundamental en la conservación de su riqueza ecológica, al tiempo que ha permitido el desarrollo de actividades económicas vinculadas al monte y, en muchos casos, relacionadas con avances científicos y técnicos.

Hoy día, a su función como proveedor de servicios ecosistémicos y base de la actividad económica de las poblaciones del entorno se suma un papel creciente como espacio de experimentación para nuevos usos de los recursos naturales y para el seguimiento de los efectos que el cambio climático está produciendo en los ecosistemas mediterráneos.

En este contexto, y uniendo estas tres vertientes —desarrollo socioeconómico, conservación de la riqueza natural y laboratorio frente al cambio global—, en los últimos años se han puesto en marcha diversas iniciativas innovadoras en el parque natural. Muchas de ellas han sido impulsadas desde la propia Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente y cuentan con la implicación de centros de investigación, universidades y entidades europeas, bajo el impulso y conocimiento del territorio que aporta el director conservador del espacio natural, Juan Manuel Fornell.

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Selvicultura del carbono

Entre estas iniciativas destaca el proyecto LIFE CO2RK, cuyo objetivo es establecer un marco legal que permita desarrollar proyectos de compensación de emisiones de CO₂ a través del Sistema Andaluz de Compensación de Emisiones (SACE). Esta iniciativa, liderada por la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente junto a socios tecnológicos andaluces y colaboradores portugueses e italianos, busca atraer inversión privada para la conservación del monte alcornocal.

A través de este proyecto se pretende que las empresas puedan compensar parte de sus emisiones mediante actuaciones de selvicultura del carbono en montes mediterráneos. Estas actuaciones, aplicando las mejores técnicas forestales disponibles, permitirán aumentar la capacidad de fijación de carbono de los ecosistemas alcornocales, al tiempo que se refuerza su estado de conservación y se contribuye a mantener la actividad económica asociada al descorche.

Profesionalización del corchero

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En esta misma línea de asegurar el futuro del alcornocal se puso en marcha hace varios años la denominada ‘escuela de corcheros’, una iniciativa destinada a facilitar la incorporación de nuevos profesionales a esta actividad tradicional. Desde 2025, este trabajo se ha reforzado mediante la participación en el proyecto FUTURECORK, liderado desde Cataluña, que busca avanzar en el reconocimiento profesional del oficio de corchero.

Gracias a este proyecto se han acreditado ya más de 120 corcheros a través de diversas pruebas de aptitud realizadas durante 2025, además de formadores con capacidad para evaluar a nuevos profesionales. Este año se trabaja en la creación de un centro acreditado de formación en colaboración con la Agencia de Medio Ambiente y Agua de Andalucía (AMAYA), centros de formación profesional forestal de Cádiz y Sierra Morena, la Asociación de Corcheros de Andalucía (ACOAN) y la finca pública La Almoraima. El objetivo es garantizar el relevo generacional y asegurar que esta actividad continúe siendo un pilar económico del territorio.

Otra línea de trabajo busca recuperar el valor económico del quejigo (‘Quercus canariensis’), también conocido como roble andaluz. Esta especie tuvo una gran relevancia histórica, especialmente cuando su madera era muy apreciada para la construcción naval. Sin embargo, con el incremento del valor del corcho, su aprovechamiento fue perdiendo protagonismo a lo largo del siglo XIX, hasta quedar relegado principalmente al uso como leña.

En la actualidad se están desarrollando diversas experiencias para explorar nuevas aplicaciones de la madera de quejigo, especialmente en la industria vitivinícola. Durante 2025 se han puesto en marcha talleres sobre gestión de quejigales con el objetivo de aprender a obtener madera de calidad de los ejemplares presentes en el parque natural. En paralelo, se están realizando ensayos junto a la Universidad Pablo de Olavide y un aserradero de Navarra para analizar la idoneidad de esta madera en la fabricación de barricas, un sector con alto valor económico y con gran presencia en el Marco de Jerez.

Se trata de un proyecto de largo recorrido, ya que requiere iniciar procesos de gestión forestal orientados a mejorar la calidad de la madera y favorecer su aprovechamiento en usos de mayor valor añadido, como la fabricación de barricas o elementos estructurales para la construcción.

Colaboración con Francia

El interés que despierta esta especie no se limita al ámbito andaluz. El valor económico de la madera de roble en países como Francia ha llevado a que la región de Alsacia haya escogido el ‘Quercus canariensis’ del Parque Natural Los Alcornocales para participar en una experiencia de adaptación forestal frente al cambio climático. Ante la posibilidad de que algunas especies de roble puedan retroceder en el futuro, la administración forestal francesa ha seleccionado el quejigo andaluz como posible alternativa para determinadas zonas forestales. En el marco de este proyecto se han recogido bellotas durante dos campañas en el parque natural para su traslado a viveros forestales franceses, donde serán cultivadas antes de su posible introducción en campo.

Junto a estas actuaciones centradas en la gestión forestal, el parque natural también participa en proyectos de restauración ecológica a escala de cuenca. En este sentido, Los Alcornocales se ha incorporado este 2026 al proyecto europeo RIVER REST, para el análisis de los procesos de erosión en la cuenca del río Barbate. El objetivo es estudiar cómo estos procesos pueden influir en el aterramiento de embalses como el del Barbate, reduciendo su capacidad de almacenamiento de agua, un recurso estratégico especialmente valioso en escenarios de sequía y cambio climático.

Reducir la virulencia de los incendios

Otra línea de investigación relevante está relacionada con los incendios forestales de sexta generación. En este ámbito la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente participa, junto a socios andaluces, portugueses y de Castilla y León, en el proyecto REFLORESTA, destinado a analizar qué tipos de gestión forestal pueden reducir la virulencia de estos grandes incendios.

La configuración del paisaje de Los Alcornocales, caracterizada por un mosaico de usos del suelo y por una actividad económica ligada al monte, ha permitido mantener históricamente incendios recurrentes, pero de baja intensidad. Esta circunstancia ha convertido al parque natural en un escenario idóneo para analizar la eficacia de determinadas técnicas de prevención y gestión forestal antes de aplicarlas en otras zonas de la Península Ibérica.

La interacción entre gestión forestal, investigación y aprovechamientos tradicionales ha llevado a que el Parque Natural Los Alcornocales haya sido propuesto como uno de los cinco Living Lab europeos dentro del proyecto FARCLIMATE, impulsado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en el ámbito de la gestión forestal. Esta condición reconoce al parque natural como un espacio de referencia donde la investigación científica y la gestión del territorio se desarrollan de forma coordinada para afrontar los desafíos del cambio climático. Además, reconoce a este espacio natural como ejemplo de buenas prácticas para la adaptación al cambio climático en Europa.

A esta colaboración entre ciencia y gestión se suman también proyectos tecnológicos destinados a mejorar la gestión diaria del espacio protegido. Entre ellos se encuentra el diseño, por parte de la Universidad de Cádiz, de estaciones meteorológicas equipadas con medidores de niebla, que permiten obtener datos inéditos sobre el régimen de nieblas que favorece la presencia de bosques de laurisilva en las zonas más meridionales del parque.

Asimismo, se están instalando contadores de paso en diversos senderos del parque natural en colaboración con la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar, dentro de su Plan de Sostenibilidad Turística. Esta iniciativa hará posible disponer de información precisa sobre los flujos de visitantes, facilitando la planificación de tareas de mantenimiento, limpieza y conservación de los itinerarios.

En conjunto, todas estas iniciativas reflejan cómo el Parque Natural Los Alcornocales se ha convertido en un espacio clave para avanzar en nuevas formas de gestión del monte mediterráneo. Un territorio donde la conservación de la biodiversidad, la investigación científica y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales se integran para generar oportunidades de desarrollo para las poblaciones locales.

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