El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha participado esta semana en el encuentro anual con los moderadores de las asociaciones internacionales de fieles, de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades, organizado por el Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida del que forma parte, que se han celebrado en el Vaticano. Suya ha sido la ponencia-testimonio que ha impartido hoy viernes, titulada ‘Relación entre moderadores y obispos. La conciliación como estilo de gobierno’.
Partiendo de su experiencia personal, cuando a los diecisiete años se incorporó al Movimiento de Cursillos de Cristiandad, el arzobispo de Sevilla -que en la actualidad es asesor espiritual del Organismo Mundial del Movimiento de Cursillos de Cristiandad- ha compartido su convicción de que los movimientos, asociaciones y comunidades “son, para la Iglesia diocesana, una forma privilegiada mediante la cual el Espíritu Santo renueva, una y otra vez, la vida de la Iglesia”.
El arzobispo de Sevilla ha repasado la historia del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, desde su germen en Mallorca, en la década de los años cuarenta del pasado siglo, hasta nuestros días, “perfilando un ideal y un estilo evangelizador”. Y ha subrayado que “nació en el seno de la vida diocesana, en relación orgánica con el obispo, en respuesta a una necesidad pastoral concreta. No fue -ha aclarado- un proyecto paralelo a la diócesis, sino un brote que emergía de su interior”.
Tras recordar el nacimiento de los Cursillos de Cristiandad se ha referido a la ponencia que el cardenal Ratzinger dirigió en 1998 a los miembros de las asociaciones de fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades. En esa intervención, articuló la relación entre la dimensión institucional y la dimensión carismática de la Iglesia. “No las presentó como polos en tensión, sino como dos dimensiones co-esenciales de un único misterio”, ha explicado el arzobispo.
En aquella intervención, el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe concluyó que los movimientos son “una respuesta suscitada por el Espíritu Santo a los desafíos del presente”. Por tanto, “su aparición en la historia de la Iglesia no es fruto de planificaciones humanas, sino el signo de que el Espíritu sigue siendo el protagonista de la misión”. Dicho esto, puntualizó que todo carisma auténtico necesita purificarse, necesita la mediación del discernimiento eclesial. Esto último, su integración eclesial, “no siempre resulta fácil”. Esta es la primera conclusión a la que ha llegado monseñor Saiz Meneses desde su experiencia como pastor. La explicación puede estar en la diversidad de espiritualidades, en la tentación que puede tener el movimiento de cerrarse en sí mismo o en la incapacidad de la estructura diocesana para acoger “una realidad nueva que le desborda”. Pero “en la superación de esas dificultades se prueba la madurez eclesial, tanto de los moderadores como de los obispos”, ha destacado el arzobispo de Sevilla.
“La Iglesia despierta en las almas”


Monseñor Saiz Meneses ha afirmado que “el obispo debe contemplar a los movimientos no con la sospecha del administrador ante algo que no controla, sino con la gratitud del pastor ante lo que el Espíritu suscita”. Dicho de otra manera, “el obispo no es el propietario del Espíritu en su diócesis”; al contrario, “es su primer servidor y primer garante de discernimiento”. Seguidamente, el ponente ha destacado las tres tareas fundamentales del obispo en su relación con las asociaciones, movimientos y comunidades: Discernimiento, integración y misión.
Conciliación: comunión y sinodalidad
En otro puto de su ponencia, el arzobispo de Sevilla ha afirmado que la relación que el obispo está llamado a mantener con los responsables de las asociaciones, movimientos y comunidades “tiene un nombre teológico preciso: comunión”. En alusión al magisterio de san Juan Pablo II, el ponente ha afirmado que esta no es el resultado de un proceso de negociación entre instancias diversas, “es, en su raíz, un modo de percibir la realidad”, una forma de mirar. En este apartado ha aludido a la constitución dogmática Lumen Gentium para afirmar que “la conciliación (entre el obispo y los responsables de movimientos) no es un ejercicio de habilidad diplomática ni un equilibrio de fuerzas en tensión”. Es, más bien, el “reconocimiento mutuo, anclado en la fe, de que ambos son servidores de un mismo Espíritu que los precede a ambos y que actúa de un modo inagotable”.


El arzobispo de Sevilla ha culminado esta exposición aludiendo al magisterio de León XIV, que, desde su elección, ha insistido en que “la sinodalidad es una categoría espiritual y misionera”. Así, monseñor Saiz meneses ha destacado la nueva dimensión que adquiere la relación entre el obispo y los movimientos: “no basta con que coexistan en paz, ni siquiera con que colaboren en proyectos comunes, es preciso que sean capaces de engendrarse mutuamente en la fe, de corregirse con caridad, de interpelarse con la verdad”. Además, ha aludido a lo que el Papa denomina “gramática de la escucha” para explicar “la disposición a ser sorprendido, a descubrir que el Espíritu habla por las voces que no habíamos previsto”. Esta conciliación entre obispo y movimientos es, a juicio del ponente, “un proceso dinámico que necesita ser renovado con realismo continuamente”.
La tarea del obispo consiste en “acoger y discernir”
Monseñor José Ángel Saiz Meneses ha concluido su ponencia volviendo la mirada a su experiencia pastoral en Sevilla, “donde conviven asociaciones, movimientos y comunidades de orígenes y espiritualidades muy diversos junto con las hermandades y cofradías, las cuales -ha apuntado- constituyen un tejido de pertenencia religiosa que no puede ser ignorada y que reclama, también ella, un discernimiento pastoral permanente”.
Como arzobispo de Sevilla, ha recordado que su tarea consiste en acoger y discernir, reconociendo los dones e integrándolos en “un proyecto común de evangelización”, sin temer la diversidad. En esta parte final de la ponencia se ha reconocido de nuevo en aquel joven que ingresó en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad: “Cuando se producen tensiones, recuerdo al joven de diecisiete años que entró en aquel cursillo y salió con un horizonte mucho más amplio. No más seguro de sí mismo, sino más consciente de que pertenecía a algo grande, que lo desbordaba por todos lados. Eso es la Iglesia. Eso -ha concluido- es lo que las asociaciones, movimientos y comunidades hacen presente, cuando son fieles a su carisma”.


Saludos del papa León XIV
Las jornadas de trabajo del Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida –bajo el lema genérico ‘Servir, acompañar, guiar. Fundamento y praxis del gobierno en las asociaciones’– concluyen la tarde de hoy viernes. El Santo Padre se hizo presente la mañana del jueves en el lugar de celebración del encuentro para saludar a los participantes en el mismo, a los que dirigió un discurso animándoles en su tarea.
GALERÍA fotográfica del encuentro
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