La proclamación cantada de la Pasión de Cristo constituye una de las tradiciones litúrgicas más antiguas y solemnes de la Iglesia. Más allá de su dimensión religiosa, el canto de la Pasión -reservada al Viernes Santo- representa un patrimonio histórico y musical que durante siglos ha configurado la espiritualidad de la Semana Santa. Herminio González Barrionuevo, antiguo maestro de capilla de la Catedral de Sevilla, analiza con detalle esta práctica y propone una adaptación que ofrece a los intérpretes ayuda para conseguir una cantilación expresiva, bien fraseada y digna del texto sagrado de la Pasión, en el que convergen historia, música y espiritualidad.
Una tradición con raíces medievales
Según González Barrionuevo, hasta la publicación de la edición vaticana oficial del cantus passionis, en España coexistieron dos maneras principales de cantar la Pasión: el tono romano y el tono hispánico. Dentro del territorio español, además, se desarrollaron dos variantes destacadas: la tradición aragonesa —documentada desde finales del siglo XIII— y la tradición castellano-toledana, cuyo origen se sitúa en el último tercio del siglo XV.
A partir de finales del siglo XVI, la Catedral de Sevilla adoptó el tono castellano-toledano para las partes del cronista y de Cristo. Las intervenciones colectivas, como las de la Sinagoga —las llamadas turbas—, se interpretaban en polifonía gracias a la música compuesta por el célebre maestro de capilla Francisco Guerrero, conservada en el Libro de polifonía 3 del archivo musical catedralicio fechado en 1580. Esta práctica permaneció viva durante siglos, al menos hasta bien entrado el siglo XIX.
De un solo cantor a la participación coral
En los primeros siglos de la liturgia romana, la Pasión era normalmente cantada por una sola persona —habitualmente el diácono—, tal como señalan los antiguos ordines romani. Sin embargo, las fuentes del siglo IX ya indican signos y letras que orientaban la altura, el tempo y la intensidad de la voz para diferenciar a los personajes del relato: Cristo, el evangelista narrador y el pueblo.
Entre los siglos XIV y XV se generalizó una interpretación a tres voces: un cantor para Cristo, otro para el cronista y un tercero para los distintos interlocutores. En algunos manuscritos comenzaron a incorporarse también las intervenciones del coro para representar las voces colectivas del pueblo.
El recitativo gregoriano y la cantilación
Musicalmente, el llamado tonus passionis pertenece al grupo de cantos conocidos como recitativos dentro del repertorio gregoriano. En ellos predomina la recitación musical del texto más que la elaboración melódica. Se trata de una forma de interpretación situada entre la declamación y el canto propiamente dicho.
Como explica Gónzalez Barrionuevo, “su finalidad no es tanto adornar y hacer más bello el texto cantilado, aunque esto no se excluya totalmente, cuanto amplificar las palabras, otorgándoles un cuerpo y un sentido del que carecen con una simple lectura; aparte de proclamarlo, potenciar su expresión y propiciar la escucha más eficazmente a todos los asistentes”. Con ello se pone en evidencia, una vez más, un principio esencial en el canto litúrgico: que este no es sino un medio destinado a aumentar la resonancia expresiva de la palabra; “que es la palabra misma, sobre todo la que se proclama y solemniza, resaltando los sentimientos y pensamientos que ella expresa”, añade.
La estructura musical del tono de la Pasión


Estas variaciones responden a la acentuación del texto, a las divisiones sintácticas y a la necesidad de dar fluidez y expresividad a la proclamación.
Los cambios tras el Concilio Vaticano II
El Concilio Vaticano II (1963-1965) supuso una transformación profunda en la liturgia católica al introducir las lenguas vernáculas. Este cambio afectó también al canto de la Pasión, que pasó a interpretarse en lengua española en muchos lugares.
Paradójicamente, la práctica de cantar la Pasión se ha ido reduciendo con el tiempo, y hoy son pocos los templos en España donde se mantiene esta tradición. En la Catedral de Sevilla, sin embargo, se ha venido interpretando la Pasión según San Juan, el Viernes Santo, y para ello se usa la versión melódica propuesta por el Secretariado Nacional de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española: “Una adaptación de la melodía del passio latino oficial a la lengua española con algunas incorrecciones que pretendo subsanar con esta nueva adaptación”, explica el maestro de capilla de la Seo.
Los estudios de Herminio González Barrionuevo subrayan la importancia de revisar y perfeccionar estas adaptaciones para conservar con fidelidad el carácter musical y expresivo del tonus passionis. En plena Semana Santa, el canto de la Pasión continúa recordando que, más allá de la ceremonia, la música litúrgica nació para servir a la palabra y para hacer resonar con mayor profundidad el relato central del cristianismo: la Pasión de Cristo.



