El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha presidido la tarde de este viernes el solemne pontifical por el XXV aniversario del traslado de la Hermandad de la Borriquita a la Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, de Los Palacios y Villafranca.
“Veinticinco años no son solamente una fecha para recordar; son una ocasión para dar gracias, para mirar el camino recorrido con humildad y para renovar la fidelidad al Señor, a la Iglesia y a la misión evangelizadora que corresponde a toda hermandad cristiana”, ha destacado el arzobispo al inicio de su homilía.
La misa al aire libre fue concelebrada por el arcipreste de Utrera, Ariel Figueroa; el párroco del Sagrado Corazón, Julián Hernández y el vicario parroquial de Santa María la Blanca, Germán Carrasco.
En el día en que la Iglesia celebra la fiesta de santo Tomás Apóstol, monseñor Saiz vertebró su alocución sobre el Evangelio del día. “Tomás, uno de los Doce, no estaba con los demás discípulos cuando vino Jesús resucitado”. Y, “al escuchar el testimonio de los otros, respondió con palabras duras: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». Don José Ángel explicó que “Tomás no se conforma con una noticia recibida de lejos. Quiere encontrarse personalmente con el Señor. Y Jesús, que no desprecia nuestra debilidad, vuelve a entrar en el Cenáculo, se coloca en medio y dice: Paz a vosotros«.
En el Cenáculo
En esta línea, dijo que “también una hermandad, a lo largo de veinticinco años, pasa por momentos de entusiasmo y por momentos de cansancio; por etapas de crecimiento y por dificultades; por alegrías compartidas y por pruebas que purifican”. Pero lo decisivo –añadió– “es no alejarse nunca del Cenáculo, no apartarse de la comunidad, no vivir la fe por libre. Tomás se encontró con el Resucitado cuando volvió al lugar donde estaban los discípulos”.
Para el arzobispo hispalense, esta es una enseñanza clara: “La fe se conserva, madura y fortalece en la Iglesia. Quien se separa de la comunidad acaba debilitándose. Quien permanece en la Iglesia, aun con dudas y heridas, puede escuchar de nuevo la voz del Señor: Paz a vosotros«.


«Señor mío y Dios mío»
De nuevo, “santo Tomás nos enseña a pasar de la duda a la confesión, de la distancia al encuentro, de la exigencia de pruebas a la adoración. Por tanto, «Señor mío y Dios mío»: “esa debe ser la oración de hoy”, es decir, “que cada hermano pueda decirla ante el Señor, que cada familia pueda decirla, que cada joven pueda descubrir que la fe no es una carga, sino una luz, que cada devoto comprenda que las imágenes sagradas nos conducen siempre al misterio de Cristo, muerto y resucitado”.
Al término de la misa, monseñor Saiz Meneses inauguró con su firma el libro protocolario de la hermandad y felicitó nuevamente al hermano mayor, Javier Moreno y a la junta de gobierno por esta importante efeméride para la corporación.
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