Desde esta mañana el Cabildo Metropolitano cuenta con seis nuevos miembros: Francisco de los Reyes Rodríguez López, Miguel Ángel Núñez Aguilera, Antonio Jesús Rodríguez Báez, Andrés Ybarra Satrústegui, Enrique Barrera Delgado y Gumersindo Melo González. Sus trayectorias comprenden el servicio en parroquias de la Archidiócesis y responsabilidades en la formación sacerdotal y la atención pastoral.
En esta misma sesión, tres canónigos que ya forman parte del Cabildo han tomado posesión de nuevas dignidades: Isacio Siguero Muñoz, capellán real, como arcipreste; José Luis García de la Mata Calvo, archivero y bibliotecario, como maestrescuela; y Luis Rueda Gómez, prefecto de Liturgia, como tesorero.
Ritual
El ritual de toma de posesión ha estado presidido por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, y ha contado con la presencia del obispo auxiliar de Sevilla, monseñor Teodoro León, y el deán de la Catedral, Francisco José Ortiz. Asimismo, han participado numerosos fieles allegados a los nuevos canónigos, así como toda la comunidad del Seminario Diocesano y representantes de los distintos ámbitos pastorales de la Iglesia local.
El acto ha comenzado con la recepción del arzobispo en la Puerta de los Palos por parte del Cabildo. Desde allí, monseñor Saiz Meneses y los capitulares se dirigieron al coro, constituido para la ocasión en sala capitular, mientras los nuevos canónigos aguardaban en la Sacristía de los Cálices.
Tras la invocación al Espíritu Santo, el secretario capitular ha leído la relación de asistentes y los nombres de los sacerdotes convocados para tomar posesión. El arzobispo ha autorizado formalmente el inicio del procedimiento con las palabras: “Damos comisión y procédase a la toma de posesión”.
Acompañados por los miembros del Cabildo y los maestros de ceremonias, los nuevos capitulares han ocupado los sitiales que les corresponden en la sillería del coro, de acuerdo con el orden establecido en el ceremonial. El secretario les ha entregado posteriormente el testimonio escrito de su toma de posesión.
A continuación, ha tenido lugar el juramento en el que los nuevos canónigos se han comprometido a cumplir los estatutos, las prácticas de la Catedral y las obligaciones propias de su canonjía.
“Una misión eclesial, sacerdotal y litúrgica”
Por su parte, el arzobispo de Sevilla ha calificado este momento como “un acontecimiento de especial significado en la vida de nuestra Archidiócesis” y lo ha reconocido como una ocasión de alegría, de acción de gracias a Dios y de renovación del compromiso de servicia a la Iglesia.


“Ser canónigo no significa simplemente recibir una distinción honorífica. Significa, sobre todo, asumir una responsabilidad singular en el corazón de la Iglesia diocesana. Significa servir a Dios y a su pueblo mediante la oración, la celebración de los santos misterios, la comunión con el obispo y el presbiterio, y el cuidado de este templo, que constituye una expresión privilegiada de nuestra fe y de nuestra historia”, ha insistido el arzobispo.
Monseñor Saiz ha exhortado a los miembros del Cabildo a “custodiar una tradición secular, a mantener viva la alabanza divina y a favorecer que cuantos se acerquen a nuestra Catedral encuentren no solamente un monumento extraordinario, sino, sobre todo, una casa de oración, un lugar de encuentro con Jesucristo y una puerta abierta a la esperanza”.
El ejemplo del beato José Torres Padilla
El arzobispo también ha recordado el ejemplo del beato José Torres Padilla, canónigo de la Catedral hispalense, cuya vida “constituye un verdadero programa de santidad sacerdotal”. “Su ejemplo -continuaba don José Ángel- nos recuerda que la verdadera grandeza de un canónigo se encuentra en la santidad con que vive y en la generosidad con que sirve. El esplendor del culto debe prolongarse necesariamente en la caridad; la solemnidad de la liturgia, en la humildad de la vida; y el honor de pertenecer al Cabildo, en una mayor disponibilidad para servir a los hermanos”.
Finalmente, monseñor Saiz Meneses ha pedido especialmente a los nuevos canónigos recibir esta misión con gratitud, humildad y alegría, y los ha invitado a ser hombres de oración, sacerdotes ejemplares y servidores fieles de la Iglesia.
El acto ha concluido con una simpática tradición de origen medieval en la que los nuevos capitulares han lanzado monedas a los fieles, en señal de su “quieta y pacífica posesión”, así como de la generosidad de la Iglesia para con la comunidad.
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