viernes, 30 octubre 2026

El arzobispo de Sevilla presidirá la misa de Fieles Difuntos en el cementerio de San Fernando el próximo 2 de noviembre

Un año más, con motivo del día de la conmemoración de los fieles difuntos, el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, celebra la Eucaristía en el cementerio de San Fernando. La misa será el próximo lunes, 2 de noviembre, a las diez de la mañana. Previsiblemente el altar se instalará a los pies del crucificado realizado por Antonio Susillo, popularmente conocido como Cristo de las Mieles.

Un año más, con motivo del día de la conmemoración de los fieles difuntos, el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, celebra la Eucaristía en el cementerio de San Fernando. La misa será el próximo lunes, 2 de noviembre, a las diez de la mañana. Previsiblemente el altar se instalará a los pies del crucificado realizado por Antonio Susillo, popularmente conocido como Cristo de las Mieles.

Esta fiesta de la Iglesia Católica tiene un valor profundamente humano y teológico, ya que se presenta como un recordatorio de que la muerte no es el final. Por eso, la Iglesia invita a rezar por los difuntos, haciendo sufragios y limosnas, especialmente por las almas del purgatorio, para que puedan ser purificadas y admitidas definitivamente a la visión de Dios.

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Orígenes de esta fiesta

Ya los primeros cristianos, como testimonian las catacumbas, esculpían en las tumbas la figura de Lázaro resucitado, como signo de la esperanza de que su pariente también volvería a la vida gracias a Cristo.

Sin embargo, no fue hasta el siglo IX cuando aparece por primera vez la conmemoración litúrgica de los difuntos, herencia de la costumbre monástica ya en boga en el siglo VII de consagrar, dentro de los monasterios, un día entero a la oración por los difuntos. La piadosa práctica, no obstante, ya estaba presente en el rito bizantino que celebraba a los difuntos el sábado anterior al inicio de la cuaresma o en un periodo entre finales de enero y el mes de febrero.

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Más tarde, en el año 809, el obispo de Tréveris, monseñor Amalario Fortunato de Metz, colocaría la memoria litúrgica de los difuntos -que esperan contemplar el rostro del Padre- al día siguiente de la dedicada a los santos, que ya gozan de la vida divina. Finalmente, en el año 998, a disposición del Abad de Cluny, Odilón di Mercoeur, se fijó la conmemoración para el 2 de noviembre incluyendo un periodo de preparación de nueve días, conocido como la Novena de los Difuntos.

Indulgencia plenaria por la conmemoración de los Fieles Difuntos

La Penitenciaría Apostólica del Vaticano otorga, todos los años, las facilidades para obtener la indulgencia plenaria en el día de los Fieles Difuntos. Se trata de una oportunidad para que, con la oración de los miembros de la Iglesia, muchas almas necesitadas puedan ser rescatadas del purgatorio.

Concretamente, se puede obtener visitando una iglesia u oratorio, y rezando allí un Padrenuestro y el Credo. Asimismo, es necesario cumplir tres condiciones: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre. Por supuesto, se debe mantener una disposición interior de completo rechazo al pecado, incluso venial. La confesión puede realizarse unos días antes o después, aunque se recomienda comulgar y rezar por las intenciones del Papa el mismo día.

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También durante todo noviembre, la Iglesia anima a ofrecer misas, oraciones y obras de caridad por los fallecidos, como expresión de esperanza en la vida eterna y de comunión entre quienes peregrinamos en la tierra y quienes nos han precedido.

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