El periodo estival suele ser sinónimo de vacaciones y descanso. Sin embargo, para la formación de un seminarista, cualquier momento representa una oportunidad para crecer y profundizar en su fe, la llamada de Dios y su vocación de servicio a la Iglesia y a los más necesitados.
Es por ello, que el equipo de formadores del Seminario procura ofrecer durante el verano diversas actividades que complemente el proceso formativo de los futuros sacerdotes. A estas se suma la iniciativa de algunos seminaristas que, con la intención de conocer otras realidades de la Iglesia y enriquecer su formación, han buscado a la vez colaborar en diferentes ámbitos pastorales, caritativos y evangelizadores.
Entre las actividades y destinos de este verano se encuentra la Catedral a la que se han incorporado varios seminaristas trabajando en estrecha colaboración con la plantilla laboral del Cabildo dentro del área de turismo y atención al público. Esta experiencia les permite comprender cómo se gestiona el día a día este monumento, asumiendo tareas de responsabilidad de cara al público. Una tarea similar desarrollarán otros seminaristas en la oficina del peregrino de Santiago de Compostela.
Apostolados
También, como en años anteriores, los futuros sacerdotes colaborarán con la Casa Sacerdotal ‘Santa Clara’ en el cuidado y la atención de los sacerdotes mayores y otros residentes, así como en labores de portería. Este servicio les ayuda a conocer de cerca el testimonio vocacional de aquellos sacerdotes que han entregado su vida a la Iglesia docesana y se han mantenido fiel a su llamada, a la vez que profundizan en el valor del cuidado y el acompañamiento a las personas enfermas o mayores.
De igual forma, la Casa del Sagrado Corazón (el Cotolengo de Málaga) acogerá a un seminarista que participará en su voluntariado de atención a personas con discapacidad y ancianos.
Campamentos y peregrinaciones


Este verano destaca también la implicación de varios seminaristas en campamentos parroquiales, entre ellos en Los Remedios y en la Parroquia de Jesús Obrero en las Tres Mil Viviendas.
Experiencia misionera en Perú
Esta propuesta formativa, que se viene repitiendo desde hace años en la Archidiócesis, es fiel al deseo del papa Francisco expresado explícitamente en la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis sobre la dimensión misionera de la formación en los Seminarios. Concretamente, el documento subraya la dimensión misionera como uno de los cuatro pilares formativos del seminarista (única, integral, comunitaria y misionera). Exige además a los futuros sacerdotes abandonar el clericalismo y prepararse como una «Iglesia en salida», fomentando la movilidad y el contacto pastoral con los alejados.
En esta línea, cada verano, un grupo de seminaristas, acompañados por el rector, el vicerrector u otros formadores de la comunidad del Seminario, realizan una experiencia misionera. Este año, concretamente, en Perú, donde durante varias semanas tendrán la oportunidad de celebrar sacramentos y liturgias, de realizar actividades con niños, visitar instituciones educativas, dar catequesis y formación a catequistas, y tener encuentros con grupos parroquiales, familias y enfermos.
Otros destinos
Los formadores del Seminario Metropolitano completan este verano cargado de actividades enviando a los seminaristas a otros servicios que igualmente les ayudarán a completar su proceso formativo. Por ejemplo, habrá quienes colaboren en el Archivo Parroquial de Pilas, otro participará en las Jornadas de Formación para Seminaristas que organiza la Conferencia Episcopal Española; también un seminarista ha sido invitado al Encuentro Anual de la Renovación Carismática para conocer un poco mejor esta espiritualidad, y otro compartirá una experiencia monástica con la Delegación Diocesano de Pastoral Universitaria.
Finalmente, muchos de los seminaristas de nuestra Archidiócesis se han puesto a disposición de sus párrocos para colaborar este verano en sus parroquias de origen o bien en aquellas comunidades en las que han realizado su pastoral durante el curso.



