Un equipo internacional de investigación, en el que están integrados varios científicos andaluces, han sometido al Bronce Carriazo, pieza que forma parte de las colecciones del Museo Arqueológico de Sevilla, a un análisis mediante fluorescencia de rayos X con un equipo portátil especializado. La aplicación de esta técnica analítica no invasiva permite identificar los elementos que componen esta valiosa pieza, una de las más emblemáticas del patrimonio tartésico peninsular, sin extraer ninguna muestra, ni alterarla.
Liderado por la Universidad de Gotemburgo (Suecia), con la colaboración de las universidades de Durham (Reino Unido) y Sevilla, el objetivo de este proyecto de investigación es estudiar los flujos del metal durante la Edad del Bronce, especialmente entre las áreas productoras de metales de la península Ibérica y los consumidores establecidos lo largo de la fachada atlántica. En la actualidad, la investigación, que también se está aplicando sobre otras piezas del Arqueológico de Sevilla y otras colecciones arqueológicas, está en curso y está previsto que arroje los primeros resultados en los próximos meses.
“Se trata de la primera vez que esta singular pieza, enmarcada en la brillante cultura tartésica que dominó el suroeste peninsular en la época del Bronce Final, es sometida a un análisis científico avanzado de estas características. Se trata de una técnica científica de alto nivel que permitirá determinar su composición de forma no invasiva y avanzar en el estudio de su contexto histórico”, ha informado la consejera de Cultura y Deporte en funciones, Patricia del Pozo.
El uso de esta técnica espectroscópica de arqueometría permitirá a los investigadores identificar los elementos presentes en el metal y obtener datos clave sobre la fabricación, conservación e historia de esta relevante pieza tartésica. Fundido como una sola pieza, el Bronce Carriazo, datado entre los años 700-610 a C., ha sido identificado por los arqueólogos como un bocado de caballo que representa un busto femenino- la diosa Artasté- situado entre dos aves
La máxima responsable de la salvaguarda del patrimonio histórico-artístico andaluz, Patricia del Pozo, ha resaltado “la relevancia de la investigación arqueológica, internacional y multidisciplinar, como la que está en curso, capaz de combinar ciencia, tecnología y conservación para seguir formulando preguntas, contrastando hipótesis y arrojando nuevas respuestas que nos permitirán ampliar el conocimiento de nuestro patrimonio cultural y, muy singularmente, el de Tarteso, la floreciente y fascinante cultura del occidente peninsular”.
Las muestras se han tomado en las instalaciones del Centro Logístico del Patrimonio Andaluz en el marco del proyecto de investigación ‘Maritime Encounters’, liderado por la Universidad de Gotemburgo (Suecia), con la colaboración de las universidades de Durham (Reino Unido) y Sevilla, encuadrado en el subproyecto 4, liderado por la profesora Marta Díaz Guardamino, de la Universidad de Durham, en el que colaboran los doctores Juan Latorre – Ruiz (Universidad de Durham), Marcos A. Hunt Ortiz (Universidad de Sevilla) y Álvaro Gómez Peña (Universidad de Sevilla).
El estudio está centrado en los enlaces marítimos que surgen durante la Edad del Bronce entre las áreas productoras de metales en la península Ibérica y los consumidores a lo largo de la fachada atlántica. Mediante el análisis de isótopos de plomo de artefactos metálicos de diversas regiones de la península Ibérica (como el Bronce Carriazo), el proyecto estudia los flujos de metal a nivel peninsular, especialmente entre las áreas productoras del interior y las consumidoras (y posiblemente intermediarias) de la Fachada Atlántica.
Centro Logístico del Patrimonio Andaluz
Conservado durante décadas en la sede Museo Arqueológico de Sevilla, ubicada en la Plaza de América del Parque María Luisa, desde 2020, con motivo del cierre al público del edificio principal de este centro museístico gestionado por la Junta de Andalucía por sus obras de acondicionamiento y rehabilitación, el Bronce Carriazo pasó a custodiarse – junto al resto de 700.000 unidades de registro de las colecciones de este Museo- en el Centro Logístico de Patrimonio Cultural de Andalucía de la Consejería de Cultura y Deporte, en el municipio hispalense de La Rinconada, permaneciendo, como el resto de las colecciones, plenamente accesible para los investigadores.
El Centro Logístico del Patrimonio Andaluz mantiene la actividad de investigación, difusión y restauración de las piezas que componen las colecciones del Museo Arqueológico de Sevilla mientras duran las obras en el edificio de la Plaza de América, prestando atención a una media de 200 investigadores anuales.
Bocado de un caballo
Datada entre los siglos VII y VI a. C, el Bronce Carriazo fue localizado y adquirido de manera fortuita en 1954 por el catedrático de Prehistoria e Historia Antigua de la Universidad de Sevilla Juan de Mata Carriazo y Arroquía en ‘el Jueves’, el popular mercadillo sevillano de antigüedades. El investigador identificó su innegable valor y la pieza fue contextualizada dentro de la cultura de influencia oriental que se desarrolló en el suroeste de la península Ibérica. Su descubrimiento marcó un antes y un después en la investigación de Tarteso, abriendo la puerta a nuevas interpretaciones y hallazgos, y desde entonces ha sido objeto de múltiples estudios y publicaciones, si bien hasta el momento, no había sido objeto de un análisis mediante fluorescencia de rayos X.
Se trata de un relieve en placa, dorado en origen, que representa a la diosa de la fecundidad portando dos flores de loto esquematizadas. Así, Astarté se sitúa entre dos prótomos de aves de influencia centroeuropea. Otros detalles de la pieza pertenecen a la cultura egipcia, como el peinado, las flores de loto que sostiene en ambas manos o el collar de flores y capullos de loto o papiro. Esta confluencia de aportaciones culturales del Mediterráneo oriental con las llegadas de Centroeuropa es frecuente en los productos artesanales destinados a la élite de la sociedad tartésica. En este caso, se interpreta como un suntuoso bocado de caballo, en forma de placa calada, fundido en una sola pieza.



