martes, 23 junio 2026

Monseñor León clausura el curso pastoral en la Parroquia de San Miguel y San Francisco, de Morón de la Frontera

El obispo auxiliar de Sevilla, monseñor Teodoro León, presidió la Eucaristía de fin de curso en la Parroquia de San Miguel, de Morón de la Frontera, el pasado 17 de junio. La cita coincidió con la finalización del Curso de Formación Parroquial, promovido por el párroco de San Miguel y San Francisco, Ignacio del Rey.

El obispo auxiliar de Sevilla, monseñor Teodoro León, presidió la Eucaristía de fin de curso en la Parroquia de San Miguel, de Morón de la Frontera, el pasado 17 de junio. La cita coincidió con la finalización del Curso de Formación Parroquial, promovido por el párroco de San Miguel y San Francisco, Ignacio del Rey.

Con este motivo, monseñor León compartió una reflexión sobre la identidad y la corresponsabilidad sinodal de los laicos en la parroquia del siglo XXI.

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Durante su alocución dijo que la parroquia “es algo más que un lugar de servicios religiosos al que acudimos para recibir sacramentos o realizar gestiones religiosas”. Es, según explicó, “una comunidad de fe, casa de la Palabra, mesa de la Eucaristía, escuela de oración, hogar de caridad y lugar de misión”. En palabras del obispo auxiliar, la parroquia “es la familia cristiana donde los bautizados caminan juntos y aprenden a vivir como discípulos de Cristo”.

Sobre la identidad del laico “que nace del Bautismo”, destacó que el laico “es un miembro vivo de la Iglesia, partícipe de la misión de Cristo, corresponsable de la vida y misión de la comunidad”. Por este motivo, “el laico no está en la parroquia por concesión, sino por vocación”.

La Iglesia es comunión

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Monseñor León profundizó también en la sinodalidad. Dijo a la comunidad parroquial presente que la sinodalidad “no es una moda ni una estrategia organizativa”. Al contrario, “nace de la naturaleza misma de la Iglesia”. Subrayó que ser Iglesia significa caminar juntos: escuchando la Palabra de Dios, escuchando al Espíritu Santo, escuchándonos unos a otros, respetando los distintos carismas y buscando juntos la voluntad de Dios”.

Finalizó su disertación animando a los agentes parroquiales a pasar de “la pasividad a la corresponsabilidad y de la colaboración puntual a la misión compartida”. Porque “la sinodalidad nace del Espíritu Santo y se alimenta de la oración, la Eucaristía, la escucha, la humildad y el amor a la Iglesia”.

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