El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, bendijo el pasado viernes, 30 de octubre, los nuevos murales de la Casa Sacerdotal ‘Santa Clara’. Se trata de una serie de quince figuras de gran tamaño que muestra un conjunto de santos hispalenses en torno a la patrona de Sevilla, la Virgen de los Reyes. Concretamente los santos representados son: el beato padre Torres Padilla, santa María de la Purísima, santa Ángela de la Cruz, san Leandro, san Isidoro, el beato Marcelo Spínola, san Juan de Ribera, san Fernando, santa Justa, santa Rufina, san Hermenegildo, san Laureano, san Diego de Alcalá y san Manuel González. Además, también se colgó la imagen de los mártires sevillanos del siglo XX, beatificados en 2023 en la Catedral de Sevilla en una ceremonia presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos.
El director de la Casa Sacerdotal ‘Santa Clara’, Enrique Barrera, ha explicado que los murales de los santos hispalenses «no solo son un elemento que invita a la reflexión, sino un estímulo de oración para la vida de los sacerdotes que residen en este hogar, así como para todas las personas que allí trabajan o que lo visitan».
Proceso creativo
El autor del conjunto pictórico es el reconocido pintor Juan Palomo, junto a su hija Teresa Palomo, que con estos murales han pretendido atraer el recuerdo del Cielo y que, con ello, “aumente nuestra esperanza, nuestra fe y nuestra caridad en nuestro vivir cotidiano”.
En su obra han querido usar colores cálidos, ocres, amarillos y rojos, con formas planas, estilizadas y sintéticas, “porque entiendo el arte sacro como un arte simbólico, no narrativo, por eso no tiene una concepción realista”, explica Juan Palomo. Por su parte, el empleo de planos dorados en los fondos y en los nimbos “hace presente la luz divina, al igual que la transparencia, que es una metáfora de la santidad”.


En cuanto a trabajar junto a su hija, asegura que ha sido una experiencia de trabajo “intenso y enriquecedora”, y recuerda el entusiasmo que les causaba ir viendo cada día “cómo esas enormes paredes blancas se iban llenando de colores y formas”.
Finalmente, para el artista estas pinturas murales han supuesto la posibilidad de poner al servicio de la Iglesia y de la fe su don con la pintura, “convencido de la necesidad del arte en nuestra sociedad como expresión de la belleza. Y la belleza, como decía Pablo VI, infunde la alegría y la esperanza en el corazón de los hombres”.
Tras el acto de bendición, el arzobispo de Sevilla compartió un almuerzo con los sacerdotes residentes en la Casa Santa Clara y destacó la importancia de este espacio como lugar de memoria, oración y cuidado mutuo para los presbíteros mayores de la Archidiócesis hispalense.







