La revista especializada Chronobiology International acaba de publicar una investigación de los profesores José María Martín Olalla (Universidad de Sevilla) y Jorge Mira (Universidade de Santiago de Compostela) en la que advierten de un error crítico en el programa informático de un estudio de la Universidad de Stanford publicado en septiembre de 2025, el cual vinculaba el cambio de hora estacional con problemas de salud y respaldaba la adopción de la hora de invierno permanente.
El trabajo original de Stanford tuvo una gran repercusión internacional al emplear la base de datos del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU., que recoge la prevalencia por condado de 29 enfermedades agudas (como infartos o ictus) y crónicas (como la obesidad). Para llegar a sus conclusiones, los autores cruzaron estas métricas sanitarias con el desajuste circadiano anual calculado por un modelo biológico computacional propio.
Un fallo de signo que invirtió la geografía
El análisis llevado a cabo por los físicos españoles demuestra que dicho modelo contenía un fallo de signo en el código informático al calcular la diferencia entre el meridiano local y el de referencia. Este despiste matemático equivale a invertir la geografía de los condados analizados de Este a Oeste.
Como consecuencia, la ciudad de Detroit —ubicada en el extremo occidental del huso horario de la Costa Este— fue trasladada virtualmente por el algoritmo al extremo oriental, en pleno océano Atlántico. En la práctica, las métricas sanitarias de la población real fueron contrastadas con desajustes circadianos calculados para localizaciones erróneas.
«El error es muy llamativo: equivale a hacer que la Tierra gire al revés y que el Sol salga antes por el oeste (Detroit) que por el este (Boston)», señala el profesor Jorge Mira (USC). «Nadie está libre de este tipo de fallos al programar, pero los autores deberían haber advertido en los resultados intermedios que algo imposible estaba pasando», añade José María Martín Olalla (US), quien enfatiza: «Hasta que no rehagan todos los cálculos, los resultados publicados carecen de aval empírico».
Los nuevos datos no avalan la hora de invierno
Tras la advertencia de los investigadores españoles, los autores del estudio de Stanford reconocieron el error y publicaron los valores recalculados. Sin embargo, Martín Olalla y Mira demuestran que los nuevos datos tampoco permiten sostener que la hora de invierno sea mejor que la de verano.
«Corregido el fallo, la diferencia en el desfase circadiano entre la hora de verano permanente y la de invierno es de apenas 0,2 horas al año (unos 2 segundos al día). El modelo ofrece ahora resultados prácticamente iguales para ambos horarios», explica Jorge Mira.
En cuanto a las dos horas anuales de desfase que el estudio achaca al cambio de hora (unos 20 segundos diarios), Martín Olalla aclara que se trata de un resultado inherente a la propia metodología, que suma valores absolutos tras dos cambios de hora: «Si el desfase hubiera sido mayor de dos horas, indicaría un riesgo añadido; si fuera menor, que la práctica regula el ciclo estacional de forma óptima. Pero marcar dos horas equivale a mostrar que el cambio de hora es globalmente neutro, al margen de los días concretos de transición». Asimismo, Mira recalca la improcedencia de predecir patologías complejas a partir de desajustes que suponen apenas un 0,02%.
Este fallo informático sucede a una corrección previa que este mismo grupo de investigación tuvo que realizar en la revista PNAS en abril de 2026, lo que deja en suspenso las evidencias científicas presentadas hasta la fecha contra el cambio de hora estacional.
Artículo de referencia
Martín-Olalla, José María y Mira, Jorge: Two Seconds per Day: Circadian Burden Metrics Fail to Distinguish Permanent Time Policies in Daylight Saving Time debate; Chronobiology International (2026). DOI: 10.1080/07420528.2026.2745645



