El Salón del Trono del Arzobispado de Sevilla acogió esta tarde la entrega de la medalla Pro Ecclesia Hispalense a Francisco García, conocido en el mundo cofrade como «Paco el Chiri». El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, fue el encargado de hacer entrega de esta distinción, concedida por la Archidiócesis de Sevilla en reconocimiento a su larga vinculación con la Iglesia de Lebrija.
Durante su intervención, monseñor Saiz agradeció a García «todo el amor y la dedicación con los que ha servido a su familia y a la Iglesia».
A sus 93 años, Francisco García recibió la medalla acompañado de sus familiares y parroquianos. Nacido en Lebrija en 1933, su relación con la Hermandad de la Vera-Cruz comenzó cuando apenas tenía tres años, al ser inscrito como hermano. Desde entonces, la corporación ha estado presente en buena parte de su historia personal.
A lo largo de los años García fue hermano mayor y ocupó distintas responsabilidades, entre ellas las de diputado de Cultos y diputado de Formación. Vivió también algunos de los momentos decisivos para la recuperación de la hermandad, cuando fue necesario acondicionar la capilla, restaurar al Cristo y aprobar unas nuevas reglas. «Esta hermandad nos ha dado mucho trabajo», recordaba con humor al evocar aquellos años. «Ahora es una hermandad en condiciones», añadía.
Entre sus iniciativas destacó igualmente la creación del taller de bordado. Junto a varios amigos se desplazó a Sevilla para aprender esta labor y, posteriormente, pusieron en marcha el taller desde cero, una actividad que continúa en funcionamiento.
La formación ocupó también un lugar importante en su relación con la hermandad. Francisco colaboró con jóvenes y participó en la catequesis de adultos que todavía no habían recibido la Primera Comunión. En esta tarea contó además con el apoyo de su esposa, fallecida hace ocho años, que estuvo igualmente vinculada a la corporación.
Su larga trayectoria fue resumida al inicio del acto por el párroco de Nuestra Señora de la Oliva, el sacerdote Manuel Arroyo.
Vinculado a la Parroquia de la Oliva
La Parroquia de Nuestra Señora de la Oliva fue otro de los lugares fundamentales en la vida de Francisco García. Desde joven acudía con frecuencia a la iglesia y colaboraba con el sacerdote en la celebración de la Eucaristía y en las necesidades cotidianas de la comunidad.
Durante años participó además en la Pastoral de la Salud, formando parte del grupo que visitaba semanalmente a los enfermos de la feligresía. Los domingos se encargaban de llevarles la Comunión. También colaboró en el grupo de Liturgia de la parroquia.


Su familia le ayudó a comprender el reconocimiento desde otra perspectiva: como una expresión del cariño que siempre ha sentido por la Iglesia. Un vínculo que continúa presente en su vida cotidiana a través de la oración y de la participación cada domingo en la Eucaristía que se celebra en la capilla de la residencia donde vive.
Precisamente allí, Francisco también había trabajado para conseguir la reapertura de una capilla que permaneció cerrada durante años, hasta lograr que volviera a celebrarse en ella la misa dominical.
Con la entrega de la medalla Pro Ecclesia Hispalense, la Archidiócesis de Sevilla reconoció así una historia personal estrechamente ligada a la vida parroquial y cofrade de Lebrija, construida durante décadas a través de pequeñas tareas, responsabilidades y gestos cotidianos.
Galería fotográfica.



