El pasado domingo 27 de septiembre se celebró en la Parroquia de Santa María Magdalena de Sevilla, el acto de entrega de cruces y pergaminos a los seminaristas de nuevo ingreso, que presidió el obispo auxiliar, monseñor Teodoro León. Catorce seminaristas iniciarán este curso su itinerario vocacional en los tres seminarios de la Archidiócesis de Sevilla: Roberto Acevedo, Salvador Alegre, Juan Carlos Aguilera, Pablo Castro, Álvaro García, Gilbert Ndongo, Sergio Pulet, Alfredo Rodríguez, Pablo Valenzuela y Juan Antonio Terrero comenzarán su formación en el Seminario Metropolitano. En el Redemptoris Mater lo harán Rafael Fantato, Álvaro Reinoso y Luca Gugliemi. Antonio Gómez recibió el pergamino acreditativo de su ingreso en el Seminario Menor en Familia.
La Eucaristía estuvo concelebrada por decenas de sacerdotes que quisieron acompañar a los nuevos seminaristas en este momento tan importante en su camino vocacional. Además, en la Parroquia de la Magdalena no cabía un alfiler, acogiendo a cientos de familiares, amigos y fieles de las distintas parroquias de origen de los futuros sacerdotes que ayer tomaban su cruz.
“La oración es el oxígeno del alma”
“Hoy la Iglesia de Sevilla se alegra. ¡Cómo para no alegrarse!”, comenzó monseñor Teodoro León su homilía. Este, aseguró, era un momento importante no solo para los nuevos seminaristas y sus familias, sino para toda la Iglesia diocesana que, a partir de ahora, tiene que “pedir por ellos y encomendarles”.
El obispo auxiliar exclamó una acción de gracias porque “una vez más se manifiesta el Espíritu del Señor, porque Dios sigue llamando”. Esta llamada vocacional es perenne, argumentó monseñor León, porque “no anunciamos a un personaje histórico, sino al Hijo de Dios, el que predicó la Buena Noticia de la Salvación y está vivo”.
Más adelante, se refirió al amor del Buen Pastor, “ese buen pastor que se desgasta y da la vida por las ovejas”. Concretamente, don Teodoro citó a san Juan de Ávila, patrón del clero secular, quien advierte que el corazón del buen pastor debe tener en cuenta los peligros que acechan al corazón humano. Entre estos peligros mencionó, por un lado, la soberbia: “Podemos creernos que hemos sido llamados para algo grande, pero realmente hemos sido llamados para el servicio”. Además, alertó del peligro del egoísmo, “que nos hace asumir que todo es para nosotros”. Sin embargo, corrige el obispo auxiliar, “simplemente somos servidores humildes llamados a proclamar la Buena Noticia de salvación”.
Para combatir estos peligros monseñor Teodoro León instó a los nuevos seminaristas a vivir en la gracia de Dios. Para ello recomendó cinco prácticas o actitudes.
La primera, la oración. “El buen pastor lleva una vida orante. El seminarista debe rezar por la mañana, por la tarde y por la noche, porque orar es hablar con Dios y tenerlo siempre presente en nuestras vidas. La oración es el oxígeno del alma”, señaló.


En tercer lugar, el obispo auxiliar exhortó a no perder el hábito de la confesión. Al respecto, explicó que, “aunque no tengamos grandes pecados, la gracia llega a nosotros. La gracia no cambia la naturaleza humana, pero la engrandece y la ensalza”.
Finalmente, don Teodoro hizo hincapié en la importancia de que el seminarista y el sacerdote tenga “un amor inmenso” a Cristo Eucaristía y a la Virgen María. No en vano, insistió, “no conozco a ningún santo ni a ningún sacerdote que diga que María no está en su corazón, porque es nuestra Madre que intercede por nosotros y nos tiene siempre presentes”.
El obispo auxiliar concluyó su homilía pidiendo a los presentes, especialmente a los jóvenes que tomaban su cruz ayer, a que “no os falte nunca la vida de la gracia para actuar en nombre de su Hijo”. Finalmente, les recordó que, ante este paso tan importante en su camino vocacional, no tienen nada que temer porque “con Cristo, quién dijo miedo”.
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