El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), a través de su Centro de Arqueología Subacuática (CAS), iniciará el 15 de septiembre una intervención arqueológica subacuática en el pecio de Cabopino, localizado frente al litoral de Marbella (Málaga). Los trabajos del equipo técnico, dependiente de la Consejería de Cultura, Patrimonio Histórico y Deporte de la Junta de Andalucía, se prolongarán hasta el 30 de septiembre.
«El estudio del yacimiento del pecio de Cabopino va a permitir avanzar en el análisis histórico del comercio transoceánico durante el siglo XIX», ha informado la consejera de Cultura, Patrimonio Histórico y Deporte, Patricia Del Pozo, toda vez que aún conserva parte significativa de la estructura de la embarcación y de las mercancías que transportaba en el momento de su naufragio, lo que constituye «un testimonio material de primer nivel sobre la historia marítima contemporánea».
Junto a la intervención arqueológica subacuática, la generación de un modelo 3D de los restos conservados va a hacer posible un mayor conocimiento del pecio sin necesidad de actuar físicamente sobre determinados elementos. Las imágenes tridimensionales servirán en el futuro como recurso de divulgación a la ciudadanía, a través, por ejemplo, de reconstrucciones virtuales.
Un yacimiento sobre fondo arenoso
El Centro de Arqueología Subacuática intervino por primera vez en este enclave en el año 2022, a petición de la Delegación Territorial de Cultura en Málaga. Realizó entonces una inspección y primera valoración de la estructura naval y del cargamento.
Se pudo confirmar la existencia de un yacimiento arqueológico de notable entidad sobre fondo arenoso, a una profundidad media aproximada de seis metros, y con estructura visible en aquel momento que alcanzaba alrededor de 39 metros de longitud y 15 metros de anchura. Las características constructivas observadas apuntaban a una embarcación de tradición naval mediterránea y permitían encuadrarla, de forma preliminar, dentro de la época contemporánea.
La inspección posibilitó además observar cómo la propia dinámica litoral estaba dejando progresivamente al descubierto nuevos elementos, por lo que no se descarta que bajo el sedimento permanezcan conservadas otras partes de la embarcación, su carga y diferentes materiales relacionados con la vida a bordo.
Entre los elementos documentados se encuentran diferentes componentes de la arquitectura del buque, como partes del forro interior y exterior, cuadernas y piezas longitudinales de la estructura, además de un revestimiento metálico destinado a la protección del casco y elementos de clavazón fabricados en aleación de cobre.


Imagen de la inspección y primera valoración de la estructura naval y cargamento del pecio de Cabopino (IAPH_CAS).
Cargamento vinculado al comercio internacional
Uno de los principales valores arqueológicos del pecio de Cabopino es la conservación de parte de su cargamento todavía dispuesto sobre la estructura del barco. Entre los materiales identificados destacan barriles con restos de madera (en algunos casos, el contenido se ha solidificado tras la desaparición del recipiente) y numerosos elementos cerámicos destinados a la construcción, principalmente tejas y baldosas de fabricación francesa, con marcas comerciales de Marsella, activas en las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del XX.
El análisis conjunto ofrecerá información sobre las redes marítimas de distribución de materiales que en esta época conectaron los grandes centros productores del Mediterráneo con mercados situados al otro lado del Atlántico.
Hacia la identificación del naufragio
Se espera que los nuevos datos arqueológicos que aporte la campaña, en contraste con las fuentes documentales, hagan posible la identificación del buque, su historia y procedencia, así como las circunstancias de su naufragio.
Las investigaciones realizadas hasta el momento han localizado en la prensa histórica noticias sobre el naufragio, en noviembre de 1887, de un bricbarca italiano citado en las fuentes como ‘Garegliano’ o ‘Gagliano’, que habría transportado desde Marsella un cargamento de materiales constructivos con destino a Buenos Aires.
La identificación del pecio de Cabopino con esta embarcación no puede considerarse actualmente definitiva, pero la coincidencia entre los datos que ofrecen las fuentes históricas y las evidencias arqueológicas constituye en estos momentos una hipótesis y línea de investigación, que se espera poder confirmar durante el transcurso de esta investigación.
El navío ‘Fernando’ naufragado en 1760
Precisamente, la campaña de investigación del pecio de Cabopino se va a iniciar una vez concluidos los trabajos de los especialistas del Centro de Arqueología Subacuática del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico sobre otro pecio localizado frente al litoral de Marbella.
Los resultados de la citada investigación, iniciada en 2023 y concluida el pasado mes de julio, determinaron, con un elevado grado de probabilidad, la identificación de este pecio de San Pedro de Alcántara con el navío ‘Fernando’, buque de línea de la Real Armada española construido en el astillero de Esteiro, en Ferrol, entre 1750 y 1751, y naufragado en 1760, en el entorno del Placer de las Bóvedas.
El ‘Fernando’ fue uno de los cuatro navíos experimentales construidos en el siglo XVIII en el marco de las reformas navales de la monarquía borbónica. La estructura documentada en San Pedro de Alcántara muestra características coherentes con el diseño de nuevos buques impulsado por el marqués de la Ensenada con el científico Jorge Juan bajo el reinado de Fernando VI, un modelo fuertemente influenciado por la práctica inglesa.



