El campus universitario CEU Andalucía ha acogido la mañana del miércoles 2 de septiembre la jornada de inicio de curso de los centros educativos agrupados en la Fundación Diocesana de Enseñanza ‘Victoria Díez’. Un acto que ha presidido el obispo auxiliar de Sevilla y vicepresidente de la Fundación, monseñor Teodoro León, y en el que se han dado cita representantes de todos los sectores implicados en esa iniciativa diocesana.
Al inicio del acto, Antonio Macías, gerente de la Fundación Diocesana de Enseñanza, ha subrayado que este inicio de curso supone una “renovación del compromiso de la Fundación con la educación y, sobre todo, con su misión evangelizadora”. Ha destacado que supone también una oportunidad para “comenzar de nuevo, afrontar nuevos retos y reforzar tanto la implicación como el sentido de pertenencia” de todas las personas que forman parte de los centros de enseñanza diocesanos.
Con la vista puesta en el nuevo curso, ha señalado que este se encara con la voluntad de “seguir creciendo”, y estar siempre “al servicio de los alumnos, sus familias y la Iglesia de Sevilla”.
“Somos escuelas cristianas, diocesanas”


Esta jornada inaugural ha sido ocasión para el reencuentro del personal de los quince centros, que han aprovechado la jornada para “compartir trayectorias”, algo que, según ha declarado Fernando Borrego, “nos ayuda a reconstruirnos, a sanarnos y a saber mirar con esperanza el futuro”. Tras citar a todos los colectivos que hacen posible esta tarea educativa desde la Archidiócesis de Sevilla, el delegado ha subrayado que “entre todos queremos sentir y manifestar que somos Iglesia”.
“Cristo nos fundamenta en el amor”
En su homilía, monseñor Leon ha comenzado destacando precisamente la identidad que tiene la fundación, y ha pedido al Espíritu Santo “que nos ayude y fortalezca”. En esta línea, ha destacado la necesidad de “un solo corazón fundamentado en Cristo”, ya que “Cristo nos fundamenta en el amor”.
En el curso de su homilía, ha subrayado que “la acción del Espíritu Santo es necesaria para que la gracia de Dios actúe en nosotros, y haga posible que mi corazón tenga los sentimientos de Cristo”. Del mismo modo, ha resaltado que “humanamente no conseguiremos nada, por eso necesitamos la gracia de Dios”.
Oración, humildad, Eucaristía y el ejemplo de María


En tercer lugar, una vida eucarística, “recibiendo a Cristo vivo”. Aquí ha subrayado que se trata de recibir a “Cristo místicamente presente en cuerpo, sangre, alma y dignidad”. Un Cristo que, de esta manera, “entra en mi vida, junto a mis problemas, mis miedos y todo aquello que no entiendo”. Así, ha señalado que “dejarlo entrar en nosotros es sentirnos felices en medio de la tormenta, la dificultad, los miedos que tengamos”. “Pero qué seguridad cuando sabemos que caminamos con Él, con Cristo vivo, resucitado”, ha apuntado.
Y, por último, ha tenido palabras para el amor a la Santísima Virgen María. “Porque Ella fue la primera que acogió en su vida el misterio de la salvación, la primera que acepta ese proyecto de salvación…, que nosotros debemos aceptar también, porque Él, Cristo, nació y se entregó por mí, ha dado la vida por mí”.
El obispo auxiliar de Sevilla ha finalizado la homilía invitando a los presentes a que acojan la Palabra de Dios, “de tal manera -ha explicado- que el Espíritu Santo en nuestras vidas sea esa fuerza viva y eficaz, que nos haga tener esos sentimientos que Cristo tuvo”. Su última intervención, también a modo de invitación, ha servido para destacar la importancia de que cada uno de nosotros, como cristianos, “sigamos anunciando esa noticia de salvación, la Buena Noticia, la Gran Noticia”.



