jueves, 3 septiembre 2026

Alberto Talavera, delegado diocesano de Pastoral de la Salud: “El enfermo es el protagonista”

Con el inicio de un nuevo curso pastoral, la Pastoral de la Salud retoma su actividad con la mirada puesta, una vez más, en quienes atraviesan la enfermedad, el sufrimiento o la soledad.  Alberto Talavera, delegado diocesano de Pastoral de la Salud, presenta en esta entrevista la realidad de esta pastoral que lleva a cabo una labor discreta pero imprescindible para la Iglesia, y adelanta algunos proyectos en los que ya están trabajando para el presente curso.

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Con el inicio de un nuevo curso pastoral, la Pastoral de la Salud retoma su actividad con la mirada puesta, una vez más, en quienes atraviesan la enfermedad, el sufrimiento o la soledad.  Alberto Talavera, delegado diocesano de Pastoral de la Salud, presenta en esta entrevista la realidad de esta pastoral que lleva a cabo una labor discreta pero imprescindible para la Iglesia, y adelanta algunos proyectos en los que ya están trabajando para el presente curso.

Si echa la vista atrás, ¿qué balance hace del último curso?  

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Realmente positivo, muy positivo. Yo tomo el relevo de Manuel Sánchez de Heredia, el anterior delegado, y lo he tomado con ilusión y con ganas de servir.

Alberto Talavera, delegado diocesano de Pastoral de la Salud: “El enfermo es el protagonista”Al inicio de curso planteamos una renovación, porque después del COVID se resienten muchísimo todos los equipos de voluntarios de Pastoral de la Salud de la diócesis. Por eso, nuestro primer objetivo como Delegación ha sido revitalizar aquellos grupos débiles y animar a las parroquias que todavía no tienen grupo a que vayan consolidándolos o creándolos. En este sentido, los sacerdotes, en la inmensa mayoría, han respondido con mucha ilusión y donde no hay, lo están fomentando a través de charlas e invitaciones.

Por otro lado, de este curso destaco especialmente los encuentros diocesanos que hemos celebrado: uno en la Vicaría Oeste, en el Hospital de San Juan de Dios, y otro en la Parroquia de los Remedios para Sevilla capital. Ambos fueron muy bien acogidos, con mucha afluencia de voluntarios y muy buenas ponencias.

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Y tampoco podemos olvidar la Pascua del enfermo, que se ha acogido en todas las parroquias, donde se celebraron oraciones especiales, vigilias, la unción de enfermos comunitaria…

Gracias a Dios, la diócesis está viva en ese aspecto. Tenemos que seguir creciendo, pero estamos muy agradecidos a Dios.

Hablemos de cifras. ¿Cuántos capellanes hospitalarios tenemos en Sevilla? ¿Cuántos voluntarios colaboran con esta pastoral actualmente?

Los hospitales están atendidos por un equipo de aproximadamente 30 capellanes. Los hospitales más grandes tienen equipos de cinco o seis capellanes, mientras que los más pequeñitos de uno o dos.

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También hay órdenes que son emblemáticas y pioneras en este aspecto, como los camilos, que siguen, gracias a Dios, asistiendo al Hospital del Virgen del Rocío, o los hermanos de San Juan de Dios, que con sus hospitales en Sevilla tienen una larga historia de servicio y atención a los enfermos.

En relación a los voluntarios, podemos decir que hay aproximadamente unas 110 parroquias con equipos consolidados. Hay equipos con tres personas y otros con más de diez. Si bien, nos gustaría duplicar el número de parroquias que tengan equipo de Pastoral de la Salud.

Detrás de estos números, ¿qué perfil encontramos en los agentes de Pastoral de la Salud? ¿Tienen una sensibilidad especial?

Más que una sensibilidad es una vocación, porque nadie puede realizar esta labor si Dios antes no le ha llamado a hacerlo. El perfil es de voluntarios mayores. La mayoría son jubilados, abuelos, algunos ya viudos… También hay parroquias que tienen a personas más jóvenes, de 50 o 60 años.

Hay que entender que el voluntario requiere, primero, de deseos de acompañar la enfermedad, la soledad o la ancianidad, que no es agradable. Sin embargo, el visitador de Pastoral de la Salud tiene una mirada contemplativa de esa realidad, que acompaña con mucha misericordia y mucha ternura.

Los voluntarios son también un puente entre el párroco y sus feligreses impedidos que no pueden ir a la parroquia.

Acompañar a un enfermo exige una gran delicadeza humana y espiritual. ¿Qué formación reciben los voluntarios precisamente para afrontar estas situaciones de duelo y de fragilidad?

Actualmente la delegación tiene dos pilares de formación para los equipos:

Alberto Talavera, delegado diocesano de Pastoral de la Salud: “El enfermo es el protagonista”Hay unos temarios generales para los grupos ya consolidados, que nos proporciona la Conferencia Episcopal Española y se van desgranando mensualmente. El tema tiene una introducción, un desarrollo y concluye con un cuestionario. Además, se comienza y se termina con una oración y está pensado para que el grupo se reúna junto con su párroco. Los temas son muy diversos: a cerca de la salud mental, de la ancianidad, la soledad, la enfermedad terminal…

Por otra parte, para los que comienzan con este misterio del acompañamiento, tenemos unos temas más básicos en los que se explica cómo se entra en una casa, cómo se saluda, cuál es la conversación, qué cosas no se preguntan o no se dicen… También se aborda el aspecto de la confidencialidad, de la discreción, y aspectos humanos que ayudan al voluntario a comprender en qué contexto misterioso y sagrado tiene que introducirse.

¿Qué necesita realmente una persona enferma cuando recibe la visita de un agente Pastoral de la Salud?

Principalmente muchísimo respeto. El que visita debe proponer siempre, ser el que escucha, más que el que habla, más que el que pregunta, más que el que aconseja. El voluntario comienza por ser un oyente. El enfermo es el protagonista. Él debe manifestar cómo se encuentra, qué desea, qué necesita, qué está viviendo, qué está experimentando, qué anhela. El acompañamiento principalmente es escuchar.

Hablemos ahora de la figura del capellán hospitalario. ¿Por qué es importante que haya capellanes en todos los centros sanitarios?

Alberto Talavera, delegado diocesano de Pastoral de la Salud: “El enfermo es el protagonista”Tendríamos que empezar por decir que es un derecho recogido en la Constitución Española. Por tanto, una persona vulnerable en un hospital, una persona creyente que necesita los sacramentos, tiene que tener facilidad para conseguirlo. Esa facilidad se hace posible con la presencia de un capellán. La presencia es precisamente nuestra acción pastoral.

Aún pervive la imagen del capellán administrando la extremaunción. Pero esto no es, ni de lejos, lo único que hacemos los capellanes. De hecho, la mayoría de nuestras llamadas responden a que el paciente desea tomar la comunión, lo que implica la visita del sacerdote, un pequeño diálogo, una oración conjunta… Quizá esa persona necesita hablar, contarte algunos detalles de su vida o desea confesar. En ese contexto, igual recibe también la unción porque lo desea. Es decir, que no es solamente administrar la comunión, sino que es un encuentro con aquel feligrés que no está en su parroquia.

La Pastoral de la Salud acompaña también a los profesionales sanitarios. ¿Cómo se concreta en el día a día?

Tenemos el privilegio de formar parte de la comunidad del hospital y la forma más sencilla de estar es mezclarse con el resto de profesionales (médicos, enfermeros, auxiliares, celadores, administrativos, limpieza y mantenimiento…). Lo hacemos aprovechando las horas del desayuno, con un saludo en un pasillo antes de entrar en una habitación y generando espacios de empatía. En este sentido yo siempre recomiendo conocer el nombre de los profesionales, preguntarles cómo están, cómo han llevado la semana, cómo está su familia… Y así, de forma natural, se va creando un vínculo y nos hacemos parte del equipo.

¿Cuáles diría que son los principales desafíos a los que se enfrenta la Pastoral de la Salud actualmente en nuestra diócesis?

El primero -ya lo hemos comentado-, el envejecimiento de nuestros voluntarios. No quiero ser negativo, pero este es un tiempo difícil para el voluntariado, especialmente para esta área, porque esta pastoral es dura. Por tanto, el principal reto es animar a las a los feligreses a que formen parte de esta pastoral.

Y después tenemos un reto común que nos toca a todos y a todas las pastorales, que es que el mundo, a pasos agigantados, está olvidando a Dios. Nuestro reto es hacer accesible a los hombres a Dios y dar a conocer el gran mensaje que tenemos, que es la alegría de Jesucristo y la salvación del mundo.

Mirando al futuro, ¿hay algún proyecto que nos pueda compartir de cara al próximo curso?

Como objetivos nos hemos marcado completar toda la formación inicial que hemos dicho anteriormente. Esta será compartida con todas las delegaciones de Andalucía. En ella habrá una gran diversidad de temas y además se incluyen materiales audiovisuales que estamos grabando ya junto a magníficos especialistas que, de manera altruista, nos ofrecen una formación en vídeos de quince minutos.

Por otro lado, estamos organizando un grupo de visitadores por las parroquias para animar a los párrocos a crear los grupos de Pastoral de la Salud y llevarles directamente la formación a los voluntarios. Al respecto, agradezco la implicación de dos voluntarias, dos pilares de esta Delegación Diocesana, que son Auxi y María José.

Finalmente, el próximo curso vamos a acompañar de manera especial a la Vicaría Sur. Celebraremos allí un encuentro y vamos a hacer visitas a los arciprestazgos para hacernos accesibles, cercanos y ofrecernos en lo que podamos ayudar a esas poblaciones.

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