Pedro Salado, seminarista de segundo curso, y Carlos Corento, que será ordenado diácono el próximo mes de septiembre, han compartido este verano una experiencia misionera organizada por el Seminario Metropolitano de Sevilla.
Se trata de un apostolado que cada año viven algunos seminaristas como parte de su proceso formativo y que les permite “llevar a Cristo a todos los rincones del mundo”, en palabras de Pedro.
Concretamente han pasado tres semanas en la Prelatura de Moyobamba, en Perú, acogidos por el sacerdote sevillano Ángel Luis Bayo. Allí han acompañado a las comunidades cristianas repartidas por la selva, de las que destacan “la sencillez en la que viven, su cercanía sincera y cómo, a pesar de las distancias y las limitaciones materiales, mantienen un espíritu constante de alegría, acogida y fe”, apunta Carlos.
Ambos seminaristas coinciden también en la profundidad de la fe demostrada por estas comunidades, especialmente frente a las sectas que proliferan por la zona: “Hablaban con gran contundencia y se les veía una fuerte experiencia de Dios. Aquello me sorprendió mucho, cómo aquella gente tan humilde tenía, en materia de fe, las ideas tan claras. Cuanto tenemos que aprender de ellos”, añade Pedro.
En esta línea, Carlos recuerda “el sobrecogimiento, las lágrimas de emoción y la devoción con la que los enfermos recibían a Jesús tras llevar meses —a veces incluso más tiempo— sin poder recibir el Sacramento por la falta de sacerdotes en la zona”. Estas escenas “me encogían el corazón y me ha dado una lección inmensa sobre el verdadero valor de la Eucaristía”.
El día a día en la misión


Sin embargo, aunque todo su tiempo se entregaba a la misión, ambos seminaristas confiesan que “es mucho más lo que nos llevamos”. Especialmente significativo fue el ejemplo de los animadores “que desarrollan una labor importantísima, callada y entregada en cada comunidad”; y también la fe sencilla de las gentes, que “nos han enseñado a confiar plenamente en la Providencia, a valorar lo verdaderamente esencial y a vivir la fe con una alegría sencilla, pero profundamente arraigada”. Mención especial tiene el sacerdote Ángel Luis Bayo, cuyo testimonio de entrega y acogida ha impactado positivamente a los jóvenes seminaristas.
Un plus en la formación
Para Carlos y Pedro esta experiencia misionera ha supuesto “un antes y un después en nuestra preparación como futuros sacerdotes”. Además, opina Carlos, “nos anima a vivir el día a día en el Seminario con más gratitud, a no dar por supuesta la Gracia ni los Sacramentos, y a renovar el deseo de ser sacerdotes entregados, cercanos y con olor a oveja”. Por su parte, Pedro asegura que “toda actividad que conlleva una experiencia de Dios es algo que enriquece en este camino, ayuda a despejar miedos e inseguridades. También a abrirte más a Dios, a seguir confiando en Él y ver cómo con lo poco que ponemos nosotros, nos devuelve el ciento por uno”.
Finalmente, los seminaristas piden a los fieles sevillanos “que sigan rezando por las vocaciones y por las misiones, para que el Evangelio siga llegando a cada rincón de la selva”.



