- 🎧 Escuche la entrevista al sacerdote Manuel Jiménez Povedano, delegado diocesano para la Pastoral con Jóvenes, en nuestro canal de Spotify.
El sacerdote Manuel Jiménez es delegado diocesano para la Pastoral con Jóvenes, y nos atiende en este paréntesis entre la finalización de un curso y la preparación del siguiente.
Si tuviera que resumir estos meses pasados, en una palabra, ¿cuál elegiría y por qué?
Pues esa palabra sería aprendizaje. Desde luego es algo continuo, pero haciéndolo con jóvenes continuamente estamos conociendo, estamos atentos al reto, estamos tratando de profundizar, proponer…
¿Qué acontecimientos destacaría como los más significativos de este curso?
Desde luego, no podemos decir otro que no sea la visita del Santo Padre a España. Es verdad que no estaba planificado, no estaba entre los objetivos del curso, porque nadie lo podía prever con anterioridad, pero vino a reorganizar, a poner un horizonte nuevo y hacerlo mucho más fecundo de lo que hubiéramos podido imaginar.
Visita del Papa aparte, ¿ha habido alguna actividad que les haya sorprendido especialmente por la respuesta que ha tenido de los jóvenes?
Bueno, sí que nos sorprende, no tanto quizás en número, que es lo que muchas veces llama la atención, pero sí por la inquietud, por lo que vamos viendo y se va dejando notar. Pues fíjate: los ejercicios espirituales, todas las iniciativas de oración, de silencio, de búsqueda, son las que van teniendo más peticiones, y en las que encontramos respuestas.
Más allá de la participación, como bien dice, ¿qué frutos espirituales ha percibido?
Proceso, esta es la palabra clave. Aquellos que participan regularmente de su pastoral juvenil, de su parroquia, su realidad eclesial. En esto sí que se ve el proceso, se ve la maduración, se ve el crecimiento. Está bien, alimenta la fe, revitaliza la fe, pero al final estamos llamados a crecer, a madurar, profundizar.
Uno de los objetivos de la delegación es acompañar a los jóvenes hasta ese encuentro con Jesús, y eso se hace de forma continuada.
Claro, es verdad, es proceso, y además la propia experiencia. O sea, no es que lo diga ningún manual, todos hemos crecido en la fe de con multitud de propuestas que nos han acompañado y lo hacen a lo largo de todo el curso. Me gusta mucho una expresión, que también tenemos recogida en la página web y el Proyecto Marco, que dice que la pastoral con jóvenes es una conversación. Que invita a una conversación todavía más íntima, esta vez entre el Señor y el joven. Al final, hacer pastoral con jóvenes es conversar, es entablar una relación, se le invita a que esta relación sea entre él y Dios.


Este es siempre nuestro caballo de batalla. Sabemos que jóvenes, gracias a Dios, hay. Esto es una constante en los últimos cursos, gracias a Dios hay. Las convocatorias nacionales e internacionales nos hacen detectar que nuestra pastoral está joven, que está viva y que los jóvenes acuden a las convocatorias, pero nos faltan acompañantes, no tenemos quien esté con ellos, quien haga proceso, quien se cite y se comprometa en el encuentro con ellos, y además esté dispuesto a soportar que no son muchas veces constantes.
¿Cómo se hace ese proceso de elección?
Ojalá tuviéramos la fórmula, pero me atrevo a decir que quizá debería apuntar la cosa, desde la experiencia de los últimos años, en no dejar ningún plano o ninguna etapa de la juventud sin trabajar. Me parece que trabajar con los jóvenes adultos debería ser el objetivo, o sea, con los que tengan entre 25 y 30 años. Porque alimentar esto es tener acompañantes para los más jóvenes, es fomentar la familia cristiana y que después estén atentos a la educación de sus hijos y hacerlo de una forma también responsable y comprometida. Me parece que ayuda a toda la pastoral de la Iglesia poner el foco en esta etapa de la edad, pero es una intuición personal y desde la experiencia.
La nueva página web de la delegación, ¿pretende convertirse en otro punto de encuentro también para la pastoral juvenil diocesana?
Justo. Es la intención de la delegación de juventud. Su esencia, su forma de ser, es ser espacio de encuentro y comunión en todas las propuestas que hace en todos los encuentros, en todas las vigilias, peregrinaciones…, espacio de encuentro y comunión. No podía ser de otra manera que el espacio digital, el lugar de internet, de las redes, pudiera ser lo mismo: un lugar de encuentro y comunión, el lugar donde puede cada joven, dependiendo de la realidad a la que pertenezca, encontrar cuáles son las propuestas en la diócesis.
¿Cómo se hace esa ‘mediación divina online’?
La verdad es que me lo pregunto. Lo inalámbrico siempre se lo aludimos al Espíritu Santo, ¿no? Y ¿Cómo se hace? Es el lugar en el que ya están los jóvenes, no es algo que nosotros inventamos o superponemos a la realidad, sino que es una realidad que ya existe. A mí me enseñan los jóvenes, y yo tengo ciertas resistencias a implicarnos de lleno, a meternos en el mundo digital y, sin embargo, ellos me dicen aquí estamos, aquí es donde hay que lanzar las redes, aquí es donde hay que pescar, es donde hay que tener una presencia. Quizás la diferencia es tener una presencia significativa, madura, responsable, donde sean evangelizadas las redes propiamente, el modo de comunicar en ella.


De alguna manera, han sido muchas las cosas que nos han hecho decidirnos por apostar. Ya veníamos con cierta trayectoria, inercia. Si recordamos, hace un par de años se convocó en Sevilla un congreso sobre deporte y fe, y hay una iniciativa a nivel de Conferencia Episcopal para darle forma a este lugar, a esta actividad que forma parte de la vida humana, y que puede ser un lugar de evangelización también. Aquí, como iniciativa diocesana, se nos ocurría que había que aprovechar la inercia de una forma saludable.
Cambiamos de tercio. En un contexto de secularización evidente, ¿cuáles son hoy las principales inquietudes que le transmiten los jóvenes en ese contacto diario, en esas conversaciones?
Por un lado, un poquito de desesperanza, no encuentran muy bien el fruto de sus esfuerzos, hacia dónde tienen que encaminarlos o en qué se van a materializar. Es un poco lo propio de la etapa joven en cualquier momento de la historia, pero hoy se vive con un poquito de frustración. Y la otra, bueno, quizás también pequeñas o grandes heridas. Eso es lo que se deja traslucir de lo que ellos comunican. Y después, porque también eso lo transmiten, aunque no sea con palabras, también hay un deseo que late en el fondo y más allá de todo eso, que es más profundo, un deseo de verdad, un deseo de encuentro, un deseo de familia y de comunidad, un deseo de espacio en el que compartir y, también, un deseo de que se les proponga una misión y una responsabilidad para tomar parte en la construcción de la sociedad. Y esto que late también en su corazón, tantas veces no encontramos cómo responderlo. La sociedad desde luego creo que no lo hace, y nosotros desde la Iglesia lo intentamos, tratamos de dar voz, responsabilidad, participación, y cambiar de una pastoral juvenil a una pastoral con jóvenes. Justo este era el objetivo.
¿Quienes trabajan en esta pastoral con jóvenes tienen que adaptar el mensaje a un lenguaje nuevo?


Dentro de poco comenzará un nuevo curso diocesano ¿Qué retos se marca esta delegación para esta nueva etapa?
Nos los marca en nuestro plan diocesano pastoral. Y ahí tenemos como dos campos de acción que son verdaderamente retos, y a la vez preciosos. Uno es de la mano de la Vicaría de Nueva Evangelización, y de Familia, y es plantear un proceso de crecimiento, de maduración en la fe, un proyecto de formación para todas las etapas. Y en la parte que nos toca, la etapa juvenil. Eso hasta jóvenes adultos. Y después el otro reto, que suele ser también una petición constante por parte de los jóvenes, que se materializa como podemos, es el voluntariado de acción social, participación activa, actividad en favor de lo que más lo necesitan. Aquí, de la mano de la Vicaría de Acción Social, también trabajaremos, y una de las líneas será ofrecer de alguna forma espacios en los que sea posible que los jóvenes tomen partido y puedan ejercer esta actividad.
¿Qué le diría don Manuel Jiménez, delegado diocesano de la Pastoral con jóvenes, a un joven que sienta o que diga que la iglesia ya no tiene nada que ofrecerle?
Bueno, que probablemente no la conoce, o que probablemente no ha dado, y siento si ha sido conmigo, con alguien que sepa comunicárselo, con alguien que sepa hacer la propuesta, que es la propuesta de la vida, que es la propuesta de la esperanza, por la que merece la pena implicarse, por la que merece la pena hacer todo. El encuentro es precioso, revitaliza la vida…, es el encuentro con Dios. Claro, esto comunicarlo, tratar de hacerlo con un libro, pues…, hoy funciona poco, tienes que encontrarte con alguien que lo experimente, lo viva y lo comunique. Ese es el reto hoy, que ese joven que cree que no tiene nada, que la iglesia no tiene nada que ofrecer, se encuentre con otro joven al que la iglesia le ha ofrecido todo.


Me enseñan a no envejecer (ríe), sí, me sostienen en eso, en su lenguaje, me sostienen, en su deseo, en sus ansias. Porque puede haber cierta desesperanza en general, pero hay que destacar también, gracias a Dios, que en nuestra Iglesia contamos con jóvenes que están a tope con su delegación, tratando de transmitir también esta experiencia, este testimonio de tener a Dios en su vida, adaptándose a los lenguajes, a lo que sea necesario para poder llegar a ellos. Y con ellos contamos.
Don Manuel no se cansará de repetir a estos jóvenes que hay que mirar al futuro con esperanza
Justo veníamos de recoger el testigo del papa Francisco, si os acordáis, de aquel jubileo donde nos ponía este horizonte y, si nos hacía falta todavía algún acicate, el papa León XIV ha venido a decirnos estas dos cosas que se han quedado grabadas en el corazón de los jóvenes: ser humano, es decir, aproximaros a lo que significa ser humano y la carne con toda su realidad y con toda su responsabilidad. Y ser la chispa para una nueva humanidad. Ser la chispa, no cansarse.



