Adheridas a las rocas y expuestas al continuo movimiento de las mareas, las lapas ferrugíneas forman parte de la franja más cercana a la costa del Mediterráneo. En el litoral andaluz, su presencia ha aumentado de manera significativa durante los últimos años. El censo autonómico realizado en 2025 estima una población adulta de alrededor de 65.000 ejemplares, más del doble de los contabilizados en 2022, cuando se superaban los 30.000 individuos adultos.
Estos datos son producto de los trabajos de seguimiento llevados a cabo por la Junta de Andalucía dentro del Programa de Medio Marino de la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente. El estudio permite observar la evolución de la especie, conocer su distribución por el litoral y analizar la incorporación de nuevos individuos a unas poblaciones que, pese a su crecimiento, continúan siendo vulnerables.
La comparación adquiere una dimensión mayor al remontarse a 2010, cuando se iniciaron estos trabajos y solo constaban 1.800 ejemplares en toda Andalucía. Quince años después, la estimación de la población adulta se sitúa en torno a los 65.000 individuos. Esta evolución está relacionada, en parte, con los episodios de reclutamiento registrados desde 2014 y con las medidas de conservación que se aplican sobre la especie y su hábitat desde 2004, año en el que comenzó el Programa de Medio Marino.
La lapa ferrugínea (‘Patella ferruginea’) es un molusco gasterópodo marino exclusivo del Mediterráneo. Puede alcanzar hasta diez centímetros y se reconoce por las gruesas costillas radiales de su concha. También recibe los nombres comunes de lapa ferruginosa o lapa herrumbrosa, debido al característico tono rojizo, similar al óxido, que presenta su superficie.
Su hábitat se encuentra en la zona rocosa más próxima a la línea de costa. Allí permanece fuertemente fijada al sustrato, en un espacio sometido a los cambios de las mareas y a la acción del oleaje. Su cercanía a tierra facilita la observación y el seguimiento, pero también la expone a las alteraciones del litoral y a la presión humana. La especie está catalogada ‘en peligro de extinción’ y conserva una distribución fragmentada en las costas andaluzas.
Nuevos ejemplares
Una de las claves de la evolución observada desde 2014 se encuentra en el reclutamiento. Este término se utiliza para describir la incorporación de nuevos individuos a una población. En el caso de la lapa ferrugínea, los episodios registrados durante los últimos años han favorecido la presencia continuada de ejemplares jóvenes que, si sobreviven y alcanzan la madurez, pasan a integrarse en la población reproductora.
El seguimiento ha constatado también que las poblaciones andaluzas no dependen únicamente del aporte de larvas procedentes de Ceuta y del Peñón de Gibraltar. El resto de la población asentada en la Bahía de Algeciras tiene capacidad para reproducirse y generar nuevos ejemplares dentro de la propia zona. Se produce, por tanto, un proceso de autorreclutamiento que contribuye al mantenimiento de este núcleo.


Técnico de la Agencia de Medio Ambiente y Agua de Andalucía revisa ejemplares de lapa ferrugínea en la Atunara, en la Línea de la Concepción (Cádiz).
Los más de 22.000 ejemplares localizados en la Bahía de Algeciras, junto con las tasas de reclutamiento y las densidades observadas, respaldan esta capacidad reproductora. Todas las localidades incluidas en el seguimiento dentro de este ámbito presentan valores superiores a un ejemplar por cada metro lineal de costa.
El estudio ha concretado que el 70% del reclutamiento registrado en Andalucía se concentra en las provincias de Cádiz y Málaga. En el caso del litoral malagueño, más de la mitad de los individuos censados son juveniles. La abundancia de ejemplares jóvenes ofrece información relevante sobre la reproducción de la especie y sobre su posible evolución futura, aunque no se traduce de forma automática en un incremento equivalente de la población adulta.
Sin embargo, los resultados muestran que una parte importante de las lapas juveniles no consigue alcanzar la madurez. Y es que, la diferencia entre el número de individuos jóvenes y su posterior incorporación a la población reproductora apunta a una elevada mortalidad durante las primeras fases de vida. Por esta razón, el seguimiento no se limita a contabilizar ejemplares, sino que analiza también su tamaño y la proporción existente entre juveniles y adultos.
En 2025, tanto la densidad de individuos adultos como el reclutamiento han experimentado un ligero descenso respecto a los valores máximos alcanzados en 2024. Sin embargo, la tendencia general continúa siendo positiva, al igual que la estimación del conjunto de la población adulta en el litoral andaluz.
Las mayores concentraciones se encuentran en Cádiz. En Sotogrande se han contabilizado 5,2 ejemplares por metro lineal, mientras que en la Isla de Las Palomas se alcanzan los cinco individuos por metro. Se trata de las densidades más elevadas recogidas en el censo regional del pasado año. En el resto de Andalucía, los valores más destacados se localizan en el sector occidental de Málaga. Puerto Banús registra una densidad de 1,75 ejemplares por metro lineal, la cifra más alta observada fuera de la provincia gaditana.
Respecto a la distribución territorial, el 62% de la población andaluza se concentra en Cádiz, concretamente, en la bahía de Algeciras y el Estrecho. En este tramo de costa se reúne la mayor parte de los ejemplares, en un entorno caracterizado por albergar uno de los tráficos marítimos más intensos del mundo.
Distribución vulnerable
La concentración de la especie en unas pocas zonas constituye uno de sus principales factores de vulnerabilidad, puesto que una catástrofe ambiental, como una marea negra, podría afectar a un porcentaje muy elevado de la población andaluza. Esta circunstancia obliga a interpretar con cautela el aumento del número de ejemplares, ya que una cifra global favorable no elimina los riesgos asociados a una distribución tan fragmentada.
En torno al 50% de los individuos se encuentra en espacios naturales protegidos, lo que contribuye a la salvaguarda de su hábitat. No obstante, las poblaciones siguen expuestas a las alteraciones que puedan producirse en determinados sectores del litoral y a la elevada mortalidad que afecta a los ejemplares más jóvenes.



