lunes, 13 julio 2026

Monseñor Saiz agradece a las Siervas de María sus 150 años de servicio a los enfermos: La habitación del enfermo es, muchas veces, la tierra más sagrada

El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, presidió este domingo la Eucaristía conmemorativa del 150.º aniversario de la aprobación pontificia del Instituto de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos, una celebración enmarcada en el Año Jubilar de la congregación. Durante la homilía, dio gracias por siglo y medio de entrega al cuidado de los enfermos y destacó el testimonio silencioso de unas religiosas que «siguen haciendo presente la misericordia de Cristo allí donde el dolor y la fragilidad llaman a la puerta».

El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, presidió este domingo la Eucaristía conmemorativa del 150.º aniversario de la aprobación pontificia del Instituto de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos, una celebración enmarcada en el Año Jubilar de la congregación. Durante la homilía, dio gracias por siglo y medio de entrega al cuidado de los enfermos y destacó el testimonio silencioso de unas religiosas que «siguen haciendo presente la misericordia de Cristo allí donde el dolor y la fragilidad llaman a la puerta».

Monseñor Saiz agradece a las Siervas de María sus 150 años de servicio a los enfermos: La habitación del enfermo es, muchas veces, la tierra más sagradaMonseñor Saiz recordó que este aniversario coincide con otras fechas especialmente significativas para la congregación: los 175 años de su fundación y el bicentenario del nacimiento de su fundadora, santa María Soledad Torres Acosta. «La Iglesia no celebra los aniversarios para quedarse en la nostalgia, sino para renovar la llamada», afirmó.

- Publicidad -

La misa fue acompañada musicalmente por el coro de campanilleros de la Hermandad de la Vera+Cruz de Tocina.

Una semilla que ha dado fruto abundante

En relación a las lecturas del XV Domingo del Tiempo Ordinario, el arzobispo comparó la historia del Instituto con la semilla de la que habla el profeta Isaías. «Una semilla pequeña, humilde, sembrada por Dios en el corazón de santa María Soledad, que ha dado fruto abundante en tantos hogares, junto al lecho de tantos enfermos, en tantas noches de silencio, de oración y de servicio», señaló.

- Publicidad -

Monseñor Saiz destacó que la misión de las Siervas de María hace visible la presencia de Cristo allí donde más se necesita. «La tierra más sagrada, muchas veces, es la habitación del enfermo», afirmó, recordando que el cuidado de quienes sufren constituye una prolongación de la misión del Buen Samaritano y una expresión concreta de la misericordia de Dios.

«Hay dolores que se acompañan con una presencia fiel»

El arzobispo puso de relieve el carisma de santa María Soledad Torres Acosta, nacido como una respuesta de amor al sufrimiento humano. Recordó que las religiosas descubren en cada enfermo el rostro de Cristo y que su misión va más allá de la asistencia material. «Hay dolores que no se curan con palabras, sino con una mano cercana, con una oración sencilla, con una mirada limpia y con una presencia fiel», afirmó, evocando las enseñanzas de san Juan Pablo II sobre el sentido cristiano del sufrimiento».

En este contexto, invitó a contemplar la esperanza cristiana como la fuerza que sostiene el servicio cotidiano de las religiosas. Citando a Benedicto XVI, recordó que «quien tiene esperanza vive de otra manera», y añadió que la presencia de las Siervas de María transmite precisamente esa certeza de que «no siempre se puede quitar el dolor, pero siempre se puede llevar a Cristo al lugar del dolor».

- Publicidad -

Monseñor Saiz agradece a las Siervas de María sus 150 años de servicio a los enfermos: La habitación del enfermo es, muchas veces, la tierra más sagradaGratitud por una vida entregada y oración por las vocaciones

Don José Ángel expresó su agradecimiento por la fidelidad de las religiosas durante estos 150 años de historia. Les dio las gracias por su pobreza, obediencia y castidad vividas como signo del Reino, así como por acompañar a los enfermos en sus hogares, «allí donde tantas veces se libra la batalla silenciosa de la fe, de la paciencia, de la aceptación y de la esperanza».

Asimismo, animó a toda la comunidad cristiana a pedir nuevas vocaciones para esta misión. «Hay muchos enfermos que necesitan consuelo, muchas familias que necesitan apoyo y muchas noches que necesitan presencia orante», señaló, convencido de que «una vida entregada a Cristo y a los hermanos nunca se pierde; se convierte en semilla fecunda».

Concluyó invitando a todos los fieles a preguntarse qué terreno ofrecen a la Palabra de Dios y a renovar su compromiso de servicio. Encomendó al Instituto a la intercesión de santa María Soledad Torres Acosta y de la Virgen María, Salud de los Enfermos, para que las Siervas de María continúen siendo signo de la cercanía de Cristo en los hogares y junto a quienes viven la enfermedad y el sufrimiento.

Galería

Últimas noticias