El pasado 16 de junio, el obispo auxiliar de Sevilla, monseñor Teodoro León, presidió la misa de acción de gracias por la declaración de venerable del hermano Pedro Manuel Salado Alba, consagrado del Hogar de Nazaret.
La Eucaristía tuvo lugar en la Parroquia de Santa Ana y fue concelebrada por un nutrido grupo de sacerdotes.
El religioso español, de la Familia del Hogar de Nazaret, falleció el 5 de febrero de 2012 en la playa de Esmeraldas, en Ecuador, después de rescatar del mar a siete niños acogidos en la institución a la que pertenecía. Cuando de repente un remolino se los llevó mar adentro, el sacerdote se lanzó al agua diciendo: «Tengo que salvar a mis niños», y los fue sacando uno por uno. Cuando acabó, lo llevaron hasta la orilla, donde falleció exhausto.
El Papa León XIV ha reconocido la ofrenda de la vida del siervo de Dios Salado Alba, que se convertirá en uno de los primeros fieles en ser beatificado gracias a esta cuarta vía de los procesos de canonización que fue instaurada por el papa Francisco en 2017: la de la entrega de la propia vida y la aceptación por amor de una muerte segura a corto plazo.
En palabras de monseñor León, “el venerable siervo de Dios Pedro Manuel no va camino de los altares porque hiciera cosas extraordinarias todos los días, sino porque vivió lo ordinario con un amor extraordinario”.
El obispo auxiliar ha destacado que ahí está una de las grandes enseñanzas de su vida. “La santidad no empieza necesariamente en gestos heroicos, sino en la fidelidad pequeña y constante: en servir cuando nadie aplaude, en obedecer cuando cuesta, en cuidar a los demás con paciencia, en rezar con perseverancia, en trabajar bien, en vivir pobremente, en no buscar protagonismo y en amar a cada persona concreta que Dios pone en el camino”.
En esta línea ha añadido que “su vida es modelo de santidad porque muestra que el Evangelio puede hacerse carne en una persona sencilla”. Pedro Manuel “no necesitó imponerse ni destacar”. “No buscó ocupar el centro. Su fuerza estaba en otra parte: en la humildad, en la disponibilidad y en la confianza en Dios”. Subrayó que “en un mundo que tantas veces mide a las personas por el éxito, la imagen o el reconocimiento, él nos enseña que la verdadera grandeza cristiana consiste en servir”.


Monseñor León destacó que Pedro Manuel es modelo para todos: “Para los jóvenes, porque muestra que merece la pena entregar la vida a Dios; para las familias, porque recuerda el valor de la sencillez y la fe transmitida en casa; para los educadores, porque enseña a mirar a cada niño con dignidad; para los consagrados, porque refleja la belleza de una vida totalmente disponible; para las parroquias, porque muestra una santidad humilde, alegre y servicial”.
Insistió en que el venerable siervo de Dios Pedro Manuel Salado es, así, “un modelo cercano de santidad: una santidad sin ruido, pero con fruto; sin apariencia, pero con hondura; sin protagonismo, pero con una fuerza luminosa que sigue hablando hoy a toda la Iglesia”.



