jueves, 11 junio 2026

Jornada histórica del papa León XIV en Barcelona: de la cárcel a la bendición de la Sagrada Familia pasando por la Moreneta

La jornada del 10 de junio del viaje apostólico del Santo Padre León XIV comenzaba con una visita a la prisión de Brians 1 para encontrarse con cerca de ochenta internos y recordarles que ninguna historia está definitivamente escrita. Entre testimonios de sufrimiento, abrazos cargados de emoción y un mensaje constante de esperanza, el pontífice defendió que “el pasado no condena el futuro” y que toda persona conserva intacta su dignidad.

La jornada del 10 de junio del viaje apostólico del Santo Padre León XIV comenzaba con una visita a la prisión de Brians 1 para encontrarse con cerca de ochenta internos y recordarles que ninguna historia está definitivamente escrita. Entre testimonios de sufrimiento, abrazos cargados de emoción y un mensaje constante de esperanza, el pontífice defendió que “el pasado no condena el futuro” y que toda persona conserva intacta su dignidad.

De aquí el Obispo de Roma partió a Montserrat, donde se reencontró -trece años más tarde- con la advocación de la Virgen a la que había aprendido a querer durante sus años de misión en Perú. “Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz. La Moreneta siempre me ha acompañado”, confesó León XIV.

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Jornada histórica del papa León XIV en Barcelona: de la cárcel a la bendición de la Sagrada Familia pasando por la MorenetaMás tarde fue acogido en un multitudinario encuentro en la iglesia de San Agustín, conocida como ‘la catedral de los pobres’, en el corazón del Raval, donde conviven algunas de las mayores vulnerabilidades de Barcelona. En esta cita, en la que participaron numerosas entidades de caridad y asistencia de la Archidiócesis barcelonesa, el Papa reivindicó una Iglesia capaz de permanecer junto a quienes sufren y de hacer visible el amor de Dios en las periferias humanas.

Misa en la Sagrada Familia

Si bien, el acto central del miércoles 10 de junio fue la celebración de la misa en la Sagrada Familia y la bendición de este proyecto colosal del venerable Antonio Gaudí. Resultó llamativo cómo el Papa rezaba ante el Sagrario en la misma cripta en laque el arquitecto lleva ahora cien años enterrado.

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Durante la solemne Eucaristía, el coro -compuesto por más de 500 voces- hizo las delicias de los 4200 peregrinos sentados en el interior de la basílica y de los más de 500 que aguardaban fuera.

Destacó, asimismo, la elección de las lecturas, que hablaban con precisión de la celebración de ayer por la tarde. Así, se leyó el Apocalipsis, sumando simbología a la amalgama de detalles: «He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios». Bendecir su morada fue, por tanto, la celebración de una certeza: Dios estaba presente.

Por su parte, el salmo, cantado por un chico de la Escolanía de Montserrat, daba gloria a Dios por esta “magnífica humanidad” que permitió a Gaudí proyectar en piedra el ideal de una vida: «Lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos», cantaba el escolano.

Homilía

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Jornada histórica del papa León XIV en Barcelona: de la cárcel a la bendición de la Sagrada Familia pasando por la MorenetaAnte la expectación de la homilía, el Papa pronunció una catequesis sobre la construcción de la Basílica: «La Sagrada Familia es un templo que nos constituye en una familia amada por el Señor, alimentada por su propia vida en la Eucaristía. Así es como la Ciudad Condal y toda Cataluña se reúnen en este templo, signo también de unidad y de concordia, y alzan su mirada para encontrarse con el rostro de Dios Padre, resplandeciente en su Hijo hecho hombre, Jesucristo», comenzó diciendo.

Más adelante señaló que «todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin. Mucho más que un monumento, la Basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción, que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo”.

El Santo Padre reflexionó también sobre el verdadero constructor del templo, insinuando que no fue Gaudí quien lo alzó para el Señor, sino Dios quien alzó el templo del alma para Gaudí: «Es Dios, en cambio, quien nos da un lugar, y el lugar que nos regala es su propio corazón: el lugar del Hijo, para nosotros que éramos extraños; el lugar del Amado, para nosotros que somos pecadores». Pero nuestra naturaleza de pecado es precisamente la que nos invita a alzar la mirada: «Queridos hermanos, no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria».

León XIV tuvo unas últimas palabras para la Torre de Jesucristo: «Recordemos que la cruz de Cristo, que corona esta basílica, es la cruz de los últimos que se vuelven los primeros, de los pecadores que se vuelven santos, de los muertos que resucitarán». Y concluyó: «Al admirar la torre de Jesucristo, alzamos la mirada hacia Él, hacia Aquel que sólo nos revela la verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos».

Ceremonia de bendición

Jornada histórica del papa León XIV en Barcelona: de la cárcel a la bendición de la Sagrada Familia pasando por la MorenetaHora y media después del comienzo de la celebración, un amén rotundo daba por concluida la Eucaristía, al tiempo que se atenuaban las luces del interior y los escolanos de Montserrat salían con velas al exterior de la Basílica. Su entonación de ‘Sanctus’ daba comienzo a la soberbia ceremonia de bendición.

Ante la fachada iluminada por los focos y, sobre todo, por los rostros de la Escolanía de Montserrat –protagonistas musicales del itinerario barcelonés–, se desplegó un espectáculo de música, luces y fuegos artificiales. La sensación compartida fue la de pura sorpresa, especialmente cuando con el ‘Hosana in exelcis Deo’ se hizo la luz.

El aplauso fue ensordecedor en dos momentos finales: primero, cuando la Cruz quedó  iluminada por completo, cumpliendo así aquel deseo de Gaudí: «La cruz será de cristal; de día reflejará la luz del sol y por la noche, mediante potentes focos, proyectará haces de luz sobre la ciudad». Y, por último, un espectáculo de drones que dibujaba en el firmamento la silueta de Gaudí, que remató con la frase «Primer l’amor. Després la tècnica».

Fotografías proporcionadas por la organización conelpapa.es 

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