Durante su segundo día en Madrid, el papa León protagonizó el encuentro Tejer Redes, en el que confluyeron voces procedentes de la cultura, el arte, la universidad, la economía y el deporte; trayectorias distintas, sensibilidades diversas y experiencias aparentemente lejanas que encontraron un punto común en torno a la invitación de construir juntos una cultura del encuentro.
La tarde del domingo 7 de junio comenzó mucho antes de la llegada del Santo Padre. Desde la apertura de puertas, miles de personas fueron ocupando sus asientos mientras el recinto se llenaba de conversaciones y expectativas. Sobre el escenario, la música, la danza y los testimonios de representantes de la sociedad civil fueron dibujando el horizonte del encuentro: una sociedad que busca espacios para escucharse a sí misma y para redescubrir los vínculos que la sostiene.
El evento, organizado por la Archidiócesis de Madrid en el Movistar Arena, formó parte de la agenda oficial de la visita papal a la capital. A esta convocatoria asistieron representaciones sevillanas de la Universidad Internacional de Andalucía (Unia) a través del rector y la directora de la sede Santa María de la Rábida. De la Universidad Pablo de Olavide, asistieron las vicerrectoras de Estudiantes y la de Cultura y Políticas Sociales, el director general de Proyección Institucional, y el director general de Estudiantes. También profesores de diversos grados como Derecho y Economía. De la Universidad de Sevilla (US), vicerrectoras de Posgrado, la de Infraestructura, la gerente de la US, el vicerrector de Transformación Digital, la decana de Matemáticas, catedráticos y profesores de Derecho, Economía, Farmacia, Química e Informática. Todo el grupo acompañado por el delegado diocesano de Pastoral Universitaria, Pablo Guija.
¡Llega el Papa!
La emoción creció cuando las pantallas anunciaron la inminente llegada de León XIV quien, por cierto, hizo de camino una parada técnica en Torrespaña para cambiar al papamóvil y poder saludar a muchas personas que esperaban en las calles de ese último tramo del trayecto.
Poco después de las seis de la tarde, el Santo Padre hizo su entrada en el Movistar Arena. A su paso, saludos, aplausos y teléfonos alzados intentaban capturar un momento que muchos aguardaban desde hacía meses.
Ya sobre el escenario, los periodistas Carlos Franganillo y Lara Siscar dieron la bienvenida a los participantes e introdujeron una tarde concebida como un diálogo entre la fe y la sociedad contemporánea.
El arte y la cultura
Partiendo de sus recuerdos infantiles de la Semana Santa malagueña, el actor Antonio Banderas evocó aquellas primeras preguntas que nacieron en él ante la belleza de las procesiones, la devoción popular y la mirada creyente de su madre. «¿Dios?», recordó como la pregunta que comenzó a acompañarle desde niño.
En una intervención cargada de referencias culturales y espirituales, el actor reivindicó el papel del arte como espacio de búsqueda y de interrogación permanente. “El arte no es solo belleza. El arte es pregunta. Es reflexión. Es contraste. Es revolución”, afirmó, defendiendo también la responsabilidad de los creadores para denunciar la injusticia, cuestionar las violencias y ayudar a comprender las complejidades del alma humana.
Banderas también reivindicó el papel de la Iglesia como “la mayor productora de arte” y a “Jesucristo como la figura más representada del mundo”. Sus palabras encontraron especial eco al referirse a uno de los grandes desafíos contemporáneos: preservar la profundidad humana en una época dominada por la tecnología. «Necesitamos seguir buscando belleza, sí, pero también verdad», señaló, advirtiendo del riesgo de que la inteligencia artificial sustituya aquello que constituye el núcleo más profundo de la experiencia humana.


La universidad tomó después la palabra de la mano de José María Coello de Portugal, vicerrector de la Universidad Complutense de Madrid, quien habló en representación de la comunidad educativa y científica madrileña. Su intervención presentó la educación como uno de los instrumentos más eficaces para promover la justicia social, la igualdad de oportunidades y la cohesión entre generaciones.
En un contexto de profundas transformaciones tecnológicas, el rector defendió una universidad capaz de conjugar excelencia académica, inclusión social, respeto a la verdad y compromiso ético. Al dirigirse al Santo Padre, planteó además dos de los grandes desafíos que hoy interpelan al mundo educativo: la contribución de la educación a la construcción de una convivencia pacífica y el liderazgo ético ante la revolución tecnológica impulsada por la inteligencia artificial.
Y, de repente, el arte en estado puro irrumpió sobre los escenarios cuando Sara Baras representó junto a su compañía su última creación, Vuela, un homenaje a Paco de Lucía.
La empresa y la economía
El tercer bloque del encuentro estuvo dedicado al mundo del trabajo y de la empresa. En una intervención compartida por Antonio Garamendi, presidente de la CEOE; Unai Sordo, secretario general de Comisiones Obreras; Pepe Álvarez, secretario general de UGT; y Ángela López de Miguel, presidenta de CEPYME, el diálogo social apareció como una herramienta imprescindible para afrontar lo que definieron como un auténtico «cambio de época».
Frente a una visión puramente técnica del progreso, los participantes defendieron un nuevo contrato social que sitúe a la persona en el centro de la transformación digital. La inteligencia artificial, coincidieron, solo será una oportunidad si contribuye a crear sociedades más justas, inclusivas y cohesionadas.
La reflexión giró constantemente en torno a una misma convicción: cuanto mayor sea el desarrollo tecnológico, mayor deberá ser también el esfuerzo por fortalecer los vínculos humanos, la solidaridad y la dignidad del trabajo. Empresa y trabajadores aparecieron así no como intereses enfrentados, sino como protagonistas de una tarea compartida orientada al bien común.
El deporte
La última palabra antes del mensaje del Papa correspondió al deporte. Las campeonas Teresa Perales y Carolina Marín ofrecieron un testimonio lleno de humanidad sobre los valores que nacen del esfuerzo, la resiliencia y la superación.
Lejos de identificar el éxito únicamente con las medallas o los récords, ambas deportistas reivindicaron el deporte como una auténtica escuela de vida. Hablaron de la fragilidad, de las derrotas, de la disciplina silenciosa y del respeto al adversario, presentado no como un enemigo, sino como alguien que ayuda a crecer.


Todas estas voces fueron preparando el momento central de la tarde: el mensaje de León XIV.
El verdadero arte de tejer redes
En su intervención, el Papa recogió muchas de las inquietudes planteadas a lo largo de la tarde y las articuló en torno a una pregunta de fondo: qué tipo de sociedad estamos construyendo y qué herencia queremos dejar a las generaciones futuras. El Papa advirtió de que una sociedad capaz de producir, innovar y comunicar como nunca antes corre el riesgo de olvidar el sentido último de aquello que crea si no aprende a “custodiar el alma” de su progreso.
Frente a esa amenaza, propuso el diálogo social como un auténtico “arte de tejer redes”, basado en el encuentro, la escucha y el respeto mutuo. Reclamó una universidad comprometida con la verdad, una empresa que reconozca la dignidad de cada trabajador, un arte accesible que despierte la búsqueda de la belleza y un desarrollo tecnológico atento a los más vulnerables. “¿Qué significa ser verdaderamente humano?”, preguntó a los asistentes, antes de invitarles a convertirse en “hilos nuevos para tejer redes nuevas” capaces de renovar la sociedad desde el bien común, la solidaridad y la esperanza.
Tras una ovación de despedida al Santo Padre, la voz de Rozalén acompañó los últimos compases de la jornada. Con Y busqué, la artista manchega ofreció una invitación a la paz y a la esperanza que resonó en el Movistar Arena como un eco de los mensajes escuchados durante toda la tarde.
- Galería fotográfica
- Retransmisión del acto
- Discurso íntegro



