Corpus en Sevilla, Dios en la calle. Uno de los tres jueves del año que relucen más que el sol. Jueves eucarístico, del rito y la memoria, en la Catedral y en unas calles veladas de juncia y romero. Jueves de la caridad fraterna, con el templo metropolitano estrenando el altar del Jubileo restaurado, y una Iglesia que se prepara para recibir al papa León XIV en España.
Mañana del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, como introdujo el arzobispo, monseñor José Ángel Saiz Meneses, en su homilía, durante la misa con la que comenzó la jornada en la nave del Crucero de la seo, que fue concelebrada por el obispo auxiliar, monseñor Teodoro León, el cabildo Catedral y una nutrida representación del clero diocesano.
“No celebramos un símbolo vacío ni recordamos simplemente una tradición del pasado”, ha aclarado el arzobispo, que ha subrayado cómo la Iglesia “confiesa sin vacilación” que “en la Eucaristía está verdaderamente presente el mismo Señor, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad”. “Por eso, la Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia”, y “hablar hoy del Corpus Christi no es hablar de una devoción más entre otras. Es -ha añadido- hablar del corazón de la Iglesia, del corazón del sacerdocio, del corazón de cada parroquia, del corazón de Sevilla cristiana”.
“Una proclamación pública de fe»
En referencia a la procesión que seguiría a la misa, don José Ángel ha señalado que “no se trata de un adorno folclórico ni una mera tradición heredada, aunque la tradición tenga un gran valor y deba ser custodiada con gratitud”. Se trata de “una proclamación pública de fe. Es la confesión de que Cristo camina con su pueblo”.
Seguidamente ha afirmado que “hay hambre en el corazón del ser humano. Hambre de verdad, de esperanza, de perdón, de sentido, de amor verdadero, de vida eterna. Y ninguna realidad terrena puede saciar plenamente esa hambre”.
Al repasar la nómina de autoridades que participaban en la misa, el arzobispo ha destacado su “noble y significativo” significado, porque “La vida pública necesita verdad moral, necesita respeto a la dignidad humana, necesita servicio al bien común, necesita alma”. Además, ha destacado la “gran tradición eucarística” que tiene Sevilla, antes de dar gracias a Dios y pedir que “reavivemos el alma de esa tradición”. “Ésa es la tarea, ése es el reto. Y ésa debe ser también nuestra súplica en esta mañana”.


Monseñor Saiz Meneses ha finalizado su homilía recordando que, posteriormente, “el Señor saldrá de esta Santa Iglesia Catedral y recorrerá la ciudad. Saldrá el mismo Cristo que nació de María, murió en la cruz y resucitó glorioso. Saldrá el Señor sacramentado, humilde y silencioso. Saldrá para bendecir, para atraer, para consolar, para llamar”. Dirigiéndose a los fieles que llenaban la nave del Crucero de la Catedral, el arzobispo ha concluido su alocución pidiendo a Dios que haga de Sevilla “una ciudad eucarística”.
Al término de la misa, la custodia de Arfe con el Santísimo Sacramento se ha incorporado a una procesión cuya cabeza ya entraba en el templo por la puerta de Palos. Mañana de tradición, de fe y de Eucaristía.



