lunes, 1 junio 2026

La comunidad gitana de Sevilla celebró con agradecimiento el testimonio luminoso del beato Ceferino 

La Catedral de Sevilla acogió la mañana del pasado domingo el encuentro anual de la Delegación Diocesana de Pastoral Gitana con motivo del XXIX aniversario de la beatificación de Ceferino Giménez Maya.

La Catedral de Sevilla acogió la mañana del pasado domingo el encuentro anual de la Delegación Diocesana de Pastoral Gitana con motivo del XXIX aniversario de la beatificación de Ceferino Giménez Maya.

La Eucaristía fue presidida por el deán del Cabildo, Francisco J. Ortiz, en el trascoro del templo metropolitano, en la que participó el delegado de Pastoral Gitana, Antonio Barragán, y Rosalina Vicente, directora del Departamento de Pastoral con los Gitanos de la Conferencia Episcopal Española.  La misa fue acompañada musicalmente por Manuel Arroyo, Juan Lérida, Romerito (padre), Dani de Utrera, Luis, ‘el Chimenea’ y Romerito.

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A la convocatoria asistieron miembros de las hermandades de los gitanos de Sevilla, Lebrija, Écija y Utrera.

Durante su homilía, Ortiz ha agradecido a Dios “por el don de la vida del beato Ceferino”, que sigue siendo “un testimonio luminoso de nuestra fe por su sencillez y su profundidad evangélica, hijo del pueblo gitano y mártir de Jesucristo”. Por ese motivo “seguimos mirándolo a él, sigue siendo referente para nuestra vida”.

Sobre la solemnidad de la Santísima Trinidad dijo que la santidad “es dejarse amar y transformar por este Dios trinitario. Eso fue justamente lo que le ocurrió a Ceferino”. Sobre el primer mártir gitano, el deán de la Catedral destacó que, quienes lo conocieron, “hablaban de su bondad, de su capacidad de reconciliar, de su cercanía a los pobres y de su profunda religiosidad”. En definitiva, “su vida fue una parábola del corazón trinitario de Dios: Gracia, amor y comunión. Su vida no fue una teoría abstracta”, subrayó.

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Citando a san Juan Pablo II en la ceremonia de beatificación de Ceferino Giménez Maya, Francisco J. Ortiz destacó que Ceferino “es una luz para el pueblo gitano, un poderoso intercesor, una guía para vuestros pasos”. El Pelé —como es también conocido el primer beato gitano— “es un camino hacia la santidad”. Así, “la figura de Ceferino aparece como un puente; un hombre profundamente gitano, pero profundamente cristiano. No renunció a su identidad, la iluminó con el Evangelio. Su fe no destruyó su cultura, la elevó, llevándola a la santidad”.

Finalmente, reflexionó sobre la vida sacramental del beato. “Ceferino no fue un héroe improvisado; su vida estuvo profundamente alimentada por la Eucaristía y por el rosario, que se convirtió para él en escuela de fe”. Por tanto, “su testimonio sigue siendo actual para los cristianos del siglo XXI, porque también nosotros vivimos tiempo de división, de enfrentamiento y diferencia religiosa, de olvido de Dios. Ante este escenario, Ceferino nos interpela hoy de una manera particular y nos pregunta si nuestra vivencia de fe es solo una costumbre o una verdadera entrega… si rezamos en familia… Nos pregunta si defendemos a la Iglesia cuando se le ataca… Nos pregunta también si somos capaces de permanecer fieles a Cristo en medio del mundo que, tantas veces, vive de espaldas a Dios”.

Al finalizar la misa, se hizo entrega de las medallas ‘Ceferino Gitano de ley’ a personas que han trabajado por el pueblo gitano con implicación, servicio y compromiso. Posteriormente, los participantes del encuentro se congregaron en la Parroquia San Pío X para continuar con el ágape fraterno.

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