Santa Mª Soledad Torres Acosta es la fundadora de las Religiosas Siervas de María, Ministras de los Enfermos. Nacida en Madrid el 2 de diciembre de 1826. Fue una mujer humilde y pequeña, que aparentemente no sobresalía en lo que hoy se puede valorar en nuestra sociedad. Sin embargo, el Señor tenía preparado un plan para ella, y la escogió como la fundadora, en el año 1851. En aquella época, la idea era que las monjas tenían que estar recluidas en un convento, y ella fundó una congregación de hermanas que salen del convento por la noche a cuidar enfermos en sus domicilios, rompiendo así todos los moldes establecidos en la época. Aquello tuvo una repercusión social enorme, por lo que esto suponía.
Fue un sacerdote, D. Miguel Martínez y Sanz, el iniciador de este proyecto, pero desanimado por las dificultades propias de los inicios. Terminó abandonando el Instituto, y fue esta madrileña pequeña de estatura, pero de alma grande, quien llevó a cabo aquella obra, cubriendo así el “hueco” que había en la sociedad del siglo XIX: la carencia de personas que atendieran a los enfermos en su domicilio.
Santa Mª Soledad afrontó con gran espíritu de fe y firme tesón cuantas dificultades se le presentaron, (como queda bien reflejado en la película Luz de Soledad, y el Señor bendijo su congregación, pudiendo contemplar antes de morir, que su siembra se había convertido ya en un prometedor trigal. Murió en Madrid el 11 de octubre de 1889, en la Casa Madre que mandó construir, y fue canonizada por el papa Pablo VI el 25 de enero de 1970. El modelo de santidad de la Madre Soledad es asequible para cualquier cristiano “de a pie”, porque es solo darse a los demás en caridad, viendo en ellos a Cristo. “Estuve enfermo y me visitaste”, fue su lema.
El carisma de las Siervas de María es atender a los enfermos en sus domicilios, no solo física, sino también espiritualmente, de forma esmerada y gratuita, proporcionándoles los cuidados que precisen. Actualmente, están extendidas por Europa, América, África, Filipinas e Indonesia, cuidando a enfermos no solo en sus domicilios, sino también donde estos se encuentren, bien sea en hospitales o clínicas. Su misión evangelizadora la realizan atendiendo, acompañando, consolando e iluminando a cada persona que sufre, en la noche de su dolor.
La presencia de las Siervas de María en Sevilla se remonta al 13 de julio del año 1890. En estos 136 años, muchas han sido las Siervas de María que han recorrido las calles de la ciudad, siendo portadoras del bálsamo del consuelo, del desvelo, de la entrega hecha servicio humilde, gratuito y callado, a través de una presencia sencilla pero palpable, del amor y ternura de Dios hacia sus hijos que sufren. El carisma impulsa a ser para los demás, haciendo del propio corazón morada para Dios, y de su vida pura acogida del hermano. Muchos han sido los rostros enjugados y acariciados, viendo en ellos al mismo Cristo sufriente; y muchos los buenos deseos de que cada enfermo pueda ver en las hermanas el amor de Dios hecho presencia y compañía consoladora junto a él.
¡Dios en el enfermo, y Dios en cada Sierva de María! ¡Es la mística del carisma!7
Sor Encarnación Rodríguez, S. de M.



