Miembros de la familia franciscana de la Cruz Blanca de España, Marruecos, Venezuela y Argentina se han dado cita la tarde de este viernes, 20 de marzo, en la Parroquia del Sagrario para celebrar la Eucaristía de clausura del 50º aniversario de la aprobación canónica de la congregación, presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses y concelebrada por el arzobispo de Tánger, monseñor Emilio Rocha Grande; el vicario episcopal para la Vida Consagrada, José Ángel Martín; el párroco del Sagrario, Manuel Cotrino y sacerdotes vinculados a la congregación.
El prelado hispalense se ha referido en su homilía al deseo de los hermanos de la Cruz Blanca de ser «casa y familia» para los más vulnerables, como expresión de un modo de entender la vida cristiana desde la cercanía, la fraternidad y la misericordia.


El arzobispo de Sevilla instó a los hermanos a no perder nunca el centro, que es Cristo; a no perder la ternura, el lenguaje de Dios; y a aunar fuerzas con los laicos, parroquias, familias y voluntarios… «pues hoy más que nunca es necesario unir fuerzas en el bien, sin rivalidades ni aislamientos, para que la misericordia llegue más lejos y mejor» .
«Que los Hermanos de Cruz Blanca sigan siendo, en medio de la Iglesia y del mundo, signo humilde y luminoso de ese descanso que es Cristo», rogó monseñor Saiz Meneses. «Que sigan llevando el yugo del Señor con alegría, con mansedumbre y con perseverancia».


Los hermanos de la Cruz Blanca participantes en la celebración, realizaron tras la Eucaristía una ofrenda floral ante la tumba del cardenal Carlos Amigo, situada en la Capilla de la Inmaculada de la Catedral de Sevilla, acto que presidió el arzobispo de Tánger.
50 años de casa y familia
La historia de los hermanos franciscanos de Cruz Blanca comienza a mediados de los años sesenta cuando Isidoro Lezcano, fundador, y un pequeño grupo de personas voluntarias decidieron vivir el Evangelio desde la cercanía con las personas más vulnerables y empobrecidas de la sociedad. En sus inicios se establecieron en las ciudades de Ceuta y Tánger, sin grandes estructuras ni recursos, abrieron una primera casa donde compartir la vida con personas enfermas, sin hogar y profundamente solas. Aquella experiencia fue creciendo y consolidándose hasta que la Iglesia reconoció oficialmente a los hermanos franciscanos de Cruz Blanca y su carisma de servicio, caridad y hospitalidad mediante su aprobación canónica, hace ahora 50 años, que tuvo lugar en Tánger el 27 de marzo de 1975 de la mano de quien era arzobispo de la diócesis, fray Carlos Amigo Vallejo.







