Los hermanos franciscanos de la Cruz Blanca se reúnen en la Archidiócesis de Sevilla para clausurar el 50 aniversario de su aprobación canónica. Tras un año de celebraciones bajo el lema ‘Acoger, acompañar y transformar’, la Parroquia del Sagrario de la Catedral de Sevilla acogerá el próximo 20 de marzo la Eucaristía de Acción de gracias por este aniversario. En esta, prevista para las seis de la tarde, participarán miembros de la familia franciscana de la Cruz Blanca de España, Marruecos, Venezuela y Argentina.
La aprobación canónica de los hermanos franciscanos de Cruz Blanca tuvo lugar en Tánger el 27 de marzo de 1975 de la mano de quien era arzobispo de la diócesis, fray Carlos Amigo Vallejo.
50 años siendo casa y familia
La historia de los hermanos franciscanos de Cruz Blanca comienza a mediados de los años sesenta cuando Isidoro Lezcano, fundador, y un pequeño grupo de personas voluntarias decidieron vivir el Evangelio desde la cercanía con las personas más vulnerables y empobrecidas de la sociedad.
En sus inicios se establecieron en las ciudades de Ceuta y Tánger, sin grandes estructuras ni recursos, abrieron una primera casa donde compartir la vida con personas enfermas, sin hogar y profundamente solas. El joven Isidoro Lezcano conocía muy bien la realidad de las personas desde su servicio como voluntario en el hospital donde hacía de enfermero, un muchacho de 25 años con un solo deseo: atender a los enfermos incurables, a las personas que no tenían un hogar y crear una familia más allá de los lazos de sangre, donde cada persona pudiera ayudar en las tareas y se sintiera acogida en su casa. Este sueño se hizo realidad.
Aquella experiencia fue creciendo y consolidándose hasta que la Iglesia reconoció oficialmente a los hermanos franciscanos de Cruz Blanca y su carisma de servicio, caridad y hospitalidad mediante su aprobación canónica, hace ahora 50 años.
Actualmente la congregación cuenta con 32 casas familiares y 16 centros de la Fundación Cruz Blanca en cuatro países: España, Marruecos, Venezuela y Argentina. Y atiende anualmente a más de 22.000 personas en distintos ámbitos: discapacidad y salud mental, situación de dependencia, niños en situación de vulnerabilidad, personas migrantes, sin hogar, víctimas de explotación sexual y personas en situación de ayuda humanitaria.
Esta labor solo es posible gracias a la colaboración de cientos de personas, a las que los hermanos franciscanos han mostrado su agradecimiento: “Nos sentimos parte de la Iglesia y acompañados siempre por ella; agradecemos el trabajo de las personas profesionales, del voluntariado, de todas las personas que nos acompañan durante tantos años, agradecidos por las personas asistidas que son la razón de todas nuestras acciones, de las entidades, de todas las Instituciones públicas y privadas, de las distintas Administraciones. Agradecidos por todos los hombres y mujeres de buen corazón que nos acompañan en nuestra misión”.
Finalmente, fuentes de este instituto religioso insisten en que “la misión de Cruz Blanca es colaborar en la construcción de una sociedad más justa y fraterna ofreciendo espacios en los que se promueva, defienda, cuide y celebre la vida facilitando el desarrollo integral de aquellas personas más vulnerables desde el pensamiento humanista cristiano”. Por ello, en palabras del hermano Luis Miguel Martell, superior general, “la clausura del aniversario no es una meta alcanzada, sino un nuevo comienzo. Porque mientras exista alguien que sufra, la pregunta seguirá vigente: ¿y si fuera yo? Y la respuesta de los hermanos franciscanos de la Cruz Blanca seguirá siendo la misma, hoy como hace 50 años: Aquí tienes una casa. Aquí tienes una familia”.



