sábado, 7 marzo 2026

Cáritas Diocesana denuncia que «la pobreza continúa teniendo rostro de mujer»

En Andalucía, la pobreza continúa teniendo rostro de mujer. La última radiografía social realizada por el Informe FOESSA Andalucía 2025, confirma una realidad persistente y preocupante: el 23,1 % de la población andaluza vive en exclusión social, una cifra muy por encima de la media estatal (19,3 %), lo que evidencia una fractura social consolidada y estructural.

  • En 2024, Cáritas atendió en Sevilla a 12.500 familias y acogió y acompañó a más de 170 mujeres en espacios específicamente orientados a su promoción y autocuidado. Una labor también sostenida mayoritariamente por mujeres voluntarias (69 %) y técnicas (68 %), que constituyen el rostro cotidiano de la acción caritativa de la Iglesia en Sevilla.
  • En el Día Internacional de la Mujer, Cáritas Diocesana de Sevilla reconoce el esfuerzo cotidiano de las mujeres a las que acompaña para sacar adelante sus vidas y sus familias. “Por ellas, reclamamos a la sociedad un compromiso sostenido con la igualdad real —coeducación, corresponsabilidad en los cuidados y políticas que aseguren la equidad y la autonomía económica, con acceso a empleo digno, formación en igualdad de oportunidades y medidas de conciliación—, que no deje a nadie atrás, especialmente a quienes afrontan la exclusión en cualquiera de sus dimensiones”, explica Pilar Galindo, responsable del Área de Acompañamiento a las Cáritas parroquiales.

En Andalucía, la pobreza continúa teniendo rostro de mujer. La última radiografía social realizada por el Informe FOESSA Andalucía 2025, confirma una realidad persistente y preocupante: el 23,1 % de la población andaluza vive en exclusión social, una cifra muy por encima de la media estatal (19,3 %), lo que evidencia una fractura social consolidada y estructural.

Dentro de esta exclusión ampliada, las mujeres siguen soportando el mayor peso. Según los datos, en Andalucía la exclusión afecta con mayor intensidad a quienes viven en hogares encabezados por mujeres (un 28 % frente al 20,1 % de los encabezados por hombres). Esta diferencia constata la existencia de una brecha de género en la incidencia de la exclusión social.

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La feminización de la pobreza

Cáritas Diocesana denuncia que «la pobreza continúa teniendo rostro de mujer»La relación entre mujer y exclusión es el resultado de una suma de factores que siguen situando a las mujeres —y especialmente a aquellas que sostienen hogares— en el borde de la precariedad. A la brecha de ingresos se suman la precariedad laboral, la carga de los cuidados y las dificultades de acceso a la vivienda.

“Las mujeres son quienes lideran y sostienen la mayor parte de los cuidados en el hogar, un rol que condiciona su acceso al empleo, a la formación y a oportunidades laborales de calidad”, comenta Pilar Galindo, responsable del Área de Acompañamiento a las Cáritas parroquiales. Una realidad, según cuenta, en la que se intensifican las dificultades cuando se trata de familias monomarentales, donde ellas asumen en solitario la crianza y la carga económica y emocional: contratos parciales, excedencias forzadas, incompatibilidad con turnos, empleos discontinuos y salarios menores.

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Se genera de esta forma un efecto dominó en el que la obtención de menos ingresos lleva a una mayor dificultad para sostener la vivienda, los suministros y la alimentación, y esto desemboca en un mayor riesgo de exclusión.

Si, además, la mujer es migrante, el riesgo o la situación de exclusión se multiplica, más aún si su situación administrativa es irregular. “Carecen de protección social y su acceso al mercado laboral se limita a empleos altamente precarizados (servicio doméstico, cuidados, limpieza, internas…) y en la economía sumergida, viéndose en muchas ocasiones expuestas a jornadas extenuantes y salarios injustos”, denuncia Galindo.

En Cáritas, quien llama a la puerta es una mujer

La feminización de la pobreza también se observa en la acogida cotidiana de las 250 Cáritas parroquiales y la Diocesana de Sevilla: “Es casi siempre una mujer quien pide ayuda”, afirma Pilar Galindo. “Sea madre sola, mujer migrante, mujer mayor o miembro de un núcleo familiar más extenso, son ellas, en su mayoría, quienes sostienen la vida familiar y quienes, cuando todo se desvanece, vienen en busca de apoyo”, explica, describiendo el perfil de las mujeres que acuden a las puertas de Cáritas cada día.

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A la precariedad laboral y la dificultad de acceso a una vivienda digna o su mantenimiento, factores principales de la exclusión en Andalucía, hay que sumarle la ausencia de redes de apoyo, familiar y social, que impiden a muchas de estas mujeres asumir turnos nocturnos o costear cuidados profesionales. “El sistema —y muchas veces el mercado laboral— sigue funcionando como si solo existieran hogares con dos adultos disponibles… pero la realidad que llega a Cáritas es otra. Nos encontramos a mujeres que viven sin descanso, atrapadas entre los cuidados propios de su hogar y los ajenos”, denuncia Pilar.

La desigualdad acompaña a la mujer también en la vejez

Cáritas Diocesana denuncia que «la pobreza continúa teniendo rostro de mujer»Además, en los últimos años, Cáritas Sevilla mira con especial preocupación a las mujeres mayores. “Cada vez acompañamos a más mujeres mayores en situación de vulnerabilidad que, tras enviudar, reciben pensiones muy limitadas después de una vida laboral marcada por interrupciones, cuidados o trabajos no regularizados”, una situación que intensifica el riesgo o la situación de exclusión cuando se vive en soledad no deseada. “Cuando hablamos de exclusión no solo hablamos de pobreza; hablamos también de la desvinculación y la falta de participación social que excluye y descarta, y que necesita también una mirada fraterna, que acompañe y esté junto a estas personas”.

Acogida, escucha y acompañamiento

En Sevilla, Cáritas ofrece un acompañamiento integral centrado en la acogida cálida, la escucha y la reconstrucción de la dignidad. “Las Cáritas parroquiales son espacios seguros donde las mujeres pueden ser escuchadas con cercanía, confidencialidad y respeto. Y, a partir de ahí, se inicia un camino de promoción”, explica Pilar.

Cáritas Diocesana denuncia que «la pobreza continúa teniendo rostro de mujer»Un proceso que contempla ayudas económicas para cubrir las necesidades básicas, itinerarios de formación que buscan mejorar la empleabilidad, la creación de grupos de mujeres para generar redes de apoyo y fortalecer vínculos comunitarios, así como programas de convivencia, estimulación cognitiva y acompañamiento emocional a mujeres mayores. Galindo añade que existe una coordinación de Cáritas con recursos públicos que permiten el apoyo a la crianza, además de las Cáritas parroquiales que tienen proyectos de infancia y adolescencia orientados al refuerzo socioeducativo y a facilitar la conciliación de las familias acompañadas.

En 2024, Cáritas atendió en Sevilla a 12.500 familias y acogió y acompañó a más de 170 mujeres en espacios específicamente orientados a su promoción y autocuidado. Una labor también sostenida mayoritariamente por mujeres voluntarias (69 %) y técnicas (68 %), que constituyen el rostro cotidiano de la acción caritativa de la Iglesia en Sevilla.

En el Día Internacional de la Mujer, Cáritas Diocesana de Sevilla reconoce el esfuerzo cotidiano de las mujeres a las que acompaña para sacar adelante sus vidas y sus familias. “Por ellas, reclamamos a la sociedad un compromiso sostenido con la igualdad real —coeducación, corresponsabilidad en los cuidados y políticas que aseguren la equidad y la autonomía económica, con acceso a empleo digno, formación en igualdad de oportunidades y medidas de conciliación—, que no deje a nadie atrás, especialmente a quienes afrontan la exclusión en cualquiera de sus dimensiones”.

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