La crisis climática no solo trae más olas de calor, sequías o incendios y lluvias intensas; también vuelve más profundas desigualdades que ya existen. Esa es la idea central de CLIMA-GEN, Impacto del Cambio Climático en la Desigualdad de Género, un proyecto de investigación cuyos resultados finales fueron presentados el pasado viernes en la Universidad Pablo de Olavide.
«El cambio climático es una evidencia empírica, y esta investigación analiza cómo esa crisis ambiental se traduce en desafíos transversales que tenemos que afrontar», subrayó la vicerrectora de Investigación, Transferencia y Doctorado, Antonia Jiménez, quien destacó además el carácter colaborativo del proyecto, desarrollado con la Universidad de Barcelona y la Universidad de Vigo.
El investigador principal del proyecto, Fernando Relinque, del Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales, situó el aporte de CLIMA-GEN en el terreno de la medición social de una crisis que a menudo se explica solo desde variables ambientales. «Con CLIMA-GEN hemos intentado medir cómo los impactos del cambio climático atraviesan la estructura social, se distribuyen a nivel territorial y profundizan en brechas que ya existen. Faltan estudios sociales y transversales sobre cómo incide el cambio del clima en la vida de las personas y nuestros resultados muestran que el cambio climático no crea en sí nuevas desigualdades, pero amplifica las que existen», señaló.
El índice ofrece precisamente esa lectura territorial y social. Entre los datos más destacados, el proyecto identifica que, de las nueve provincias con mayor riesgo, siete son andaluzas, un resultado que refuerza la necesidad de incorporar el enfoque de género y justicia social en las políticas de adaptación climática, especialmente en regiones ya expuestas a vulnerabilidades estructurales.
Riesgos de desigualdad de género ante el cambio climático en España por provincias Del diagnóstico a la herramienta: qué es el índice CLIMA-GEN
Para llegar a estas conclusiones, el equipo ha combinado ciencia, datos y participación. La investigación partió de una revisión bibliométrica de la literatura científica internacional, con 414 publicaciones analizadas. A partir de esa base, se identificaron 97 variables relacionadas con ámbitos como salud, condiciones de vida, trabajo, movilidad, energía o cuidados, con el objetivo de comprender de qué forma determinados impactos climáticos pueden traducirse en desventajas adicionales para las mujeres cuando se cruzan con factores como la pobreza, la edad, la ruralidad, la migración o la discapacidad.
A partir de este marco conceptual, el equipo CLIMA-GEN ha elaborado 62 indicadores medibles, sobre la base de fuentes públicas y con datos desagregados. Así se construyó un índice que permite observar el fenómeno en varias escalas, desde lo autonómico hasta lo municipal, y convertirlo en una herramienta útil para la toma de decisiones. El proceso se completó con la revisión de un panel de expertas y con grupos de discusión celebrados en distintas ciudades, cuyo objetivo fue contrastar la interpretación de los datos, incorporar experiencia social y ponderar qué dimensiones deben pesar más en la medición del riesgo.
Fernando Relinque, Raquel García y Evelia Murcia exponen los resultados del índice CLIMA-GEN
Durante la presentación, las investigadoras hicieron hincapié en una idea transversal: los cuidados son el eje que articula la desigualdad de género y el principal mecanismo que convierte a las mujeres en las más expuestas al cambio climático. En los grupos de discusión, las expertas y participantes apuntaron que los impactos climáticos se cruzan con los factores agravantes descritos —pobreza, edad avanzada, migración, discapacidad y ruralidad—, y el hecho de que buena parte de esa vulnerabilidad esté ligada a la organización de los cuidados.
El objetivo final del índice no es solo describir un problema, sino orientar soluciones. CLIMA-GEN propone que los planes climáticos y urbanos incorporen de forma explícita estas desigualdades para priorizar medidas donde el riesgo es mayor y diseñarlas con perspectiva de género, desde la planificación de refugios climáticos o sombra urbana hasta políticas energéticas, de movilidad, de comercio y consumo, y de apoyo a los hogares más expuestos. En esa lógica, el proyecto busca contribuir a que la adaptación al cambio climático no se limite a infraestructuras o tecnología, sino que incluya una mirada social capaz de reducir brechas en lugar de ampliarlas.
El proyecto CLIMA-GEN ha sido desarrollado por profesionales del ámbito del Trabajo Social, entre quienes se encuentran Francisco Aguiar y Evelia Murcia, de la Universidad de Vigo; Belén Parra por la Universidad de Barcelona y Rosa M. Díaz Jiménez, Paloma Garrido, Raquel García y Candelaria Terceño, de la Universidad Pablo de Olavide.
Equipo investigador de CLIMA-GEN



