La Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla celebró el pasado 5 de febrero la VIII Jornada de Filosofía, organizada por el Departamento de Filosofía, con una excelente acogida, un numeroso grupo de asistentes que llenó la sala, confirmando el interés por la reflexión filosófica ante los retos culturales contemporáneos.
La sesión se abrió con las palabras del presidente-decano, Manuel Palma, quien agradeció la asistencia —incluso en un contexto de condiciones climáticas adversas— y enmarcó la jornada en un “cambio de época”. Subrayó la necesidad de un discernimiento antropológico y ético ante la inteligencia artificial y, en línea con las conclusiones recogidas en la Nota de 2025 de los Dicasterios para la Doctrina de la Fe y para la Cultura y la Educación (Antiqua et nova), recordó que la técnica ha de estar al servicio de la persona, evitando tanto reducir la inteligencia a un rendimiento computacional como caer en simplificaciones. Concluyó invitando a acoger sus posibilidades reales y a reconocer también límites y riesgos “bajo el criterio de la dignidad humana y de la formación integral”.


A continuación, José Santiago Pons, decano de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de la Universidad Católica de Valencia (UCV), en su conferencia «Pensar la inteligencia artificial como desafío para la filosofía», ofreció una reflexión crítica sobre el alcance, las posibilidades y los límites de la IA, subrayando la necesidad de un discernimiento filosófico riguroso ante su creciente presencia en la vida académica y social.
El ponente comenzó destacando la importancia del lenguaje al hablar de “inteligencia artificial”, recordando que “nombrar las cosas no es un ejercicio neutro: el lenguaje condiciona nuestra comprensión de la realidad”. Desde esa premisa, precisó que la IA no equivale a una inteligencia humana: se trata, principalmente, de la optimización de herramientas de procesamiento masivo de datos integradas hoy en modelos más potentes y accesibles, pero sin cognición propia ni conocimiento directo de lo real.


El profesor Pons señaló también usos positivos en el ámbito del estudio y la investigación: búsqueda de información, síntesis de datos, apoyo a la redacción y organización del trabajo, pero advirtió de riesgos de un uso acrítico: dependencia tecnológica, empobrecimiento del juicio y “aplanamiento” del pensamiento, así como una posible desvinculación de la realidad cuando se sustituye la experiencia y el discernimiento personal por resultados automatizados.
Finalmente, concluyó desde una perspectiva antropológica recordando que la inteligencia humana —un don orientado al conocimiento de la verdad— no se reduce al cálculo formal, sino que implica apertura a lo real, comprensión del sentido y capacidad crítica. Por ello, la IA no sustituye el ejercicio del pensamiento, sino que lo vuelve más necesario. La sesión terminó con una invitación a integrar estas herramientas al servicio del ser humano, bajo criterios éticos y verdaderamente humanizadores.
La Facultad agradece la presencia del ponente y de todos los asistentes, así como la participación de quienes hicieron posible el desarrollo de una Jornada que, una vez más, impulsa el diálogo entre fe y razón y promueve un pensamiento crítico ante los desafíos del presente.



