domingo, 11 enero 2026

Iniciación cristiana, un “noviciado” para toda la vida

En 2024 se celebraron 9.843 bautizos, 13.021 confirmaciones y 11.670 primeras comuniones en la Archidiócesis de Sevilla. Unas cifras que ayudan a trazar el panorama de la iniciación cristiana en una diócesis que, hace ya once años, redefinió la normativa para unos procesos que, desde entonces, se enfocan como una unidad, dando así una respuesta más realista a una situación social que nada tiene que ver con planteamientos absolutamente desfasados.

En 2024 se celebraron 9.843 bautizos, 13.021 confirmaciones y 11.670 primeras comuniones en la Archidiócesis de Sevilla. Unas cifras que ayudan a trazar el panorama de la iniciación cristiana en una diócesis que, hace ya once años, redefinió la normativa para unos procesos que, desde entonces, se enfocan como una unidad, dando así una respuesta más realista a una situación social que nada tiene que ver con planteamientos absolutamente desfasados.

Los datos que cada año publica la Archidiócesis arrojan una cifra significativa de confirmaciones: se han celebrado 166.789 en los últimos diez años. El dato es más llamativo si tenemos en cuenta que el año anterior a la aplicación del Directorio de Iniciación Cristiana fueron 5.390 las confirmaciones celebradas (en 2013 aún menos: 4.994). Uno de los motivos que explican ese aumento exponencial de confirmandos es el acceso de los adultos al sacramento.

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Desde la Delegación Diocesana de Liturgia se ha llevado a cabo estos años una importante labor de pedagogía acerca de las fases que el directorio (publicado en septiembre de 2014) establece para un proceso completo de iniciación en la fe. Lo primero es aclarar qué se entiende por iniciación cristiana. El propio directorio establece que se trata de “la inserción de un candidato en el misterio de Cristo, muerto y resucitado, y en la Iglesia, por medio de la fe y de los sacramentos”. Dicho de otra forma, es el proceso gradual de fe a través del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Un proceso centrado en la conversión y la formación (catecumenado), que involucra a la familia y la parroquia para fortalecer la fe en un contexto de nueva evangelización. A nuevos tiempos nuevas propuestas…, sin traicionar el mensaje. Al contrario, potenciando lo esencial.

La Iglesia “se sitúa con realismo en la sociedad actual”

Cuando se presentó el nuevo directorio (una de las prioridades expuestas por el entonces arzobispo, monseñor Asenjo Pelegrina, en su carta programática de comienzo de curso) se subrayó que uno de los objetivos era responder al secularismo con una formación sólida. En el horizonte se dibujaba “un verdadero catecumenado” que situaba a la familia como primera comunidad, seguida por la parroquia como ámbito propio. Aquellos días, monseñor Gómez Sierra (obispo auxiliar) subrayó públicamente la necesidad de que la Iglesia “se sitúe con realismo en la sociedad actual, revise consecuentemente sus estilos pastorales y trate de responder a las nuevas necesidades religiosas de nuestros conciudadanos con nuevas formas de acción pastoral decididamente más misioneras”. Este es el camino trazado.

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Comunidad, Palabra de Dios y Liturgia

En las catequesis mistagógicas que imparte el delegado diocesano, Luis Rueda, se plantea “una iniciación cristiana centrada en la comunidad, la P10alabra de Dios y la liturgia”. Afirma que la comunidad eclesial debe asumir la responsabilidad de la iniciación, cuidando el proceso de formación y la vida cristiana de los nuevos miembros. De ahí que, por ejemplo, se haya perfilado el papel de los padres y padrinos, cuya formación “no debe reducirse a una simple preparación ceremonial de la celebración del Bautismo de los niños”. Por decirlo de otra manera, y usando para ello uno de los enunciados del propio directorio, la iniciación cristiana es “un noviciado de toda la vida cristiana”, un itinerario de conversión y crecimiento en la fe.

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