sábado, 29 noviembre 2025

El diaconado permanente, un signo vivo de Cristo Servidor

El próximo domingo 30 de noviembre, a las siete y media de la tarde, la Parroquia San Lorenzo de Sevilla, acogerá la Eucaristía de admisión a órdenes de dos candidatos al diaconado permanente: Jesús García Díaz (Sevilla, 1967) y Jesús María Fernández Silva (Sevilla, 1983). La Eucaristía será presidida por monseñor Teodoro León, obispo auxiliar de Sevilla.

El próximo domingo 30 de noviembre, a las siete y media de la tarde, la Parroquia San Lorenzo de Sevilla, acogerá la Eucaristía de admisión a órdenes de dos candidatos al diaconado permanente: Jesús García Díaz (Sevilla, 1967) y Jesús María Fernández Silva (Sevilla, 1983). La Eucaristía será presidida por monseñor Teodoro León, obispo auxiliar de Sevilla.

El servicio de los diáconos permanentes en la Iglesia está documentado desde los tiempos apostólicos. Una tradición consolidada que ha visto el inicio del diaconado en el hecho de la institución de los «siete», de la que hablan los Hechos de los Apóstoles (6, 1-6).

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El diaconado permanente, un signo vivo de Cristo ServidorEl diaconado permanente es una de las tres órdenes del sacramento del Orden en la Iglesia, junto con el presbiterado (sacerdotes) y el episcopado (obispos). A diferencia del diaconado transitorio, que es una etapa en la formación hacia el sacerdocio, el diaconado permanente es una vocación en sí misma. Quienes lo reciben pueden permanecer como diáconos toda su vida. Su ministerio se basa en ser “verdaderos discípulos de aquel que no vino para que le sirvieran, sino para servir”, a través de la diaconía de la caridad. San Pablo los saluda junto a los obispos en el exordio de la carta a los Filipenses (Fip 1, 1) y en la primera carta a Timoteo examina las cualidades y las virtudes con las que deben estar adornados para cumplir dignamente su ministerio.

Hombres casados, en torno a los 60 años; varones bautizados, con madurez humana, afectiva, espiritual e intelectual, con formación académica, pastoral y teológica, integrados en la comunidad cristiana desempeñando obras de apostolado, y que cuenten con el consentimiento y acompañamiento de la esposa.

Encuentro con Cristo

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Jesús García inició su proceso al diaconado permanente vinculado a la Parroquia de Santa María de las Nieves, de Olivares, y a su Cáritas parroquial. Colaboraba también con la Cáritas de San Vicente, de Sevilla, en el proyecto de personas sin hogar. Afirma que, en su caso, la llamada a este ministerio surgió cuando estaba cada vez más implicado en las labores pastorales de Cáritas, y en el grupo de liturgia de la parroquia. “Comencé a notar una fuerte inquietud interior hacia el diaconado en el año 2017”.

Para García, la llamada vocacional solamente puede explicarse desde la experiencia del encuentro con Cristo, “y supone buscar el verdadero sentido a la existencia”. Añade que para una persona que ha entrado en la sexta década de vida “no hay argumentos lógicos que puedan explicar el giro vivencial que han supuesto estos años en su vida personal, familiar y profesional”.

Este tiempo de formación le ha permitido descubrir la diaconía desde tres dimensiones básicas. “La caridad como norma de vida en su sentido más amplio”. Es decir, “adoptar formas de comportamiento y actitudes humanas tan básicas como acoger, cuidar y acompañar a todas las personas con las que compartimos camino”. La segunda es “la pasión por la Palabra que se traduce no solo en el ansia por conocerla mejor y hacerla más tuya, sino también por saber llevarla a los demás y trabajar por hacerla accesible a todos”. Finalmente, “el tiempo dedicado a la oración y a los sacramentos como claves de vida”. “Todo ello realizado desde una vida normalizada, encarnada e indistinguible externamente de la de los demás”, añade. Sobre el rol que desempeña su familia en el camino de discernimiento, Jesús García manifiesta que “la fuerza del diaconado también reside en desarrollar el ministerio desde la experiencia de vida que supone el matrimonio y la paternidad”.

Cristo servidor

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El diaconado permanente, un signo vivo de Cristo ServidorJesús Fernández pertenece a la Parroquia de La Anunciación de Nuestra Señora y San Juan XXIII, de Sevilla. Reconoce que la llamada de Dios al ministerio diaconal “ha sido algo latente y constante”. Los primeros indicios vocacionales surgieron en su adolescencia-juventud, donde incluso llegó a ingresar en el Seminario buscando dar respuesta a estas inquietudes vocacionales. No obstante, abandonó el camino hacia el presbiterado “por la fuerte vocación que experimentó también a la vida matrimonial y al papel de padre de familia”. Fue a partir de la asignatura de Orden y Matrimonio donde descubrió la figura del diácono permanente, “ya que nunca antes había conocido personalmente este servicio en mi contexto eclesial más próximo”. Así, “la esperanza de encontrar ahí el desarrollo de mi vocación se vio fuertemente acrecentada, y no ha dejado de latir en todo este tiempo que ha pasado desde entonces hasta hoy”, afirma.

En la tarea pastoral ofrecida en el seno de su comunidad parroquial ha podido “ir descubriendo con más claridad que el carisma que el Señor me empuja a vivir se corresponde con el diaconado; ahora nuestra Iglesia, tras estos años de preparación y seguimiento, corrobora esta llamada”.

Para Fernández, recibir el orden del diaconado “no es algo que interprete como un exclusivo deseo personal, sino más bien como una necesidad de poder responder con el ministerio a lo que identifico como el deseo de Dios para mi vida. Es por ello que, al ponerme en manos de nuestra Iglesia para comenzar a recorrer este camino de formación y discernimiento experimenté una paz tremenda, dado que es ella quien identifica -o no- esos signos de vocación en el candidato, y es ella quien nos ordena si llegara el caso”.

Caridad, Palabra y liturgia

De la diaconía destaca la importancia de “imitar con nuestra vida a Cristo servidor de todos como horizonte de desarrollo de esta vocación”. A lo largo de la vida de la Iglesia “este servicio diaconal se ha ido definiendo en tres campos concretos: la caridad, la Palabra y la liturgia.

Jesús Fernández considera que en la actualidad responder positivamente a esta llamada del Señor de servir a la Iglesia a través del diaconado, desde una perspectiva pragmática “puede parecer una locura, y -en efecto lo es-, pero una locura de amor. Algo parecido nos ocurre a los cristianos casados… complicamos y dificultamos muchísimo nuestra vida en ejercicio de amor entregado a nuestros cónyuges e hijos, pero sentimos que es a lo que nos llama el Señor, y por mucha que sea la carga experimentamos la fuerza de su gracia y la vida interior que nos regala en ello. Es entonces cuando encontramos que esa entrega -lejos de ser una locura sin más- tiene un profundo sentido como respuesta a lo que el Señor te está pidiendo”. “Con el ejercicio del diaconado ocurre lo mismo. Por tanto, si respondemos a esta pregunta desde una perspectiva de fe o espiritual, supone la vivencia del profundo amor a Dios en el ejercicio del servicio a los hermanos, para el que la Iglesia nos ordena”.

Ambos candidatos al diaconado agradecen a Dios la llamada al ministerio diaconal, a la  vez que piden “la gracia y la fidelidad” para responder generosamente a la misión encomendada. Agradecen también a la Iglesia de Sevilla, “en especial al equipo de formación”, por acompañarles en el camino de discernimiento vocacional y de formación hacia el ministerio ordenado”.

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