Hace dos semanas la Iglesia celebraba el DOMUND, un domingo para rezar y colaborar con los misioneros de todo el mundo. Todavía hoy resuenan los ecos de aquella celebración. No en vano, todo cristiano está llamado, por el bautismo, a ser misionero y anunciar la Buena Noticia allí donde se encuentre. La vocación misionera es, por tanto, una vocación universal y una tarea trasversal en cualquier propuesta pastoral que se presente.
Bajo este principio, el Seminario Metropolitano de Sevilla promueve desde hace años experiencias misioneras durante el verano que completan la formación de los seminaristas. “Una vez tenemos organizado el lugar y las actividades que vamos a realizar, pensamos a quién le vendría bien ir y se lo comunicamos personalmente”, explica el rector del Seminario, Andrés Ybarra. Para preparar esta experiencia tienen encuentros online con el sacerdote que los acoge en la tierra de misión y van trabajando aspectos como el contexto en el que desarrollarán su labor, la realidad del país o de la zona, así como la actitud con la que participar en este tipo de voluntariados.
Se trata de una experiencia importante para los futuros seminaristas porque, en primer lugar, “salen de lo conocido y de sí mismos”, apunta Ybarra. Además, “es una oportunidad para conocer otros lugares y otras formas de vivir la fe” y les permite acompañar a niños, jóvenes y adultos, anunciando el Evangelio “casa por casa, en los colegios e institutos de la zona”. El rector destaca, asimismo, que en estas misiones pueden presenciar situaciones de pobreza que “hacen posible relativizar cosas a las que a veces damos demasiado importancia. Por eso, estas experiencias nos ayudan a poner en su sitio lo que realmente es central”.
Un impulso para el ministerio sacerdotal


Al respecto, Andrés Ybarra confiesa que la misión le ha supuesto “un impulso grande a mi ministerio sacerdotal”. Recuerda con cariño la ocasión de anunciar el Evangelio “en lugares sencillos, pero volcados con la Palabra de Dios; poder compartir la fe con personas que la viven de una manera alegre, comprometida y profunda” y asegura que estas experiencias misioneras “vienen muy bien porque, desde la sencillez, ves la fuerza que tiene el Evangelio en la vida de las personas que lo viven con el deseo de dejarse transformar y llevar la esperanza a los demás, allí donde estén”.
Finalmente, el rector del Seminario Metropolitano de Sevilla exhorta a todos aquellos que sientan cierta inquietud misionera a que responsan al Señor. “No se arrepentirán”, asevera, “Dios es muy generoso con aquel que le entrega su tiempo y su vida”.



