La Parroquia de los Sagrados Corazones de Sevilla acogió este sábado la ordenación presbiteral de Ignacio Cervera y la ordenación diaconal de Alberto Gaitán, ambos pertenecientes a la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María. La Eucaristía estuvo presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, y contó con la participación de familiares, religiosos, sacerdotes, diáconos y la comunidad parroquial.
Durante su homilía, el arzobispo destacó que la ordenación constituye «un acontecimiento de gracia para la Iglesia, para la Congregación de los Sagrados Corazones y para nuestra Archidiócesis de Sevilla». Asimismo, recordó a los ordenandos que su vocación nace de la iniciativa y del amor gratuito de Dios, evocando las palabras de Jesús: «No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca».
Permanecer en el amor de Cristo
El arzobispo de Sevilla subrayó la importancia de cultivar la vida espiritual como fundamento del ministerio ordenado. A partir de las palabras del Evangelio de san Juan, «permaneced en mi amor» invitó a Ignacio y Alberto a anteponer la oración y la intimidad con Cristo a cualquier actividad apostólica.
«Antes de ser hombres de acción, sed hombres de Dios. Antes de hablar de Cristo, permaneced con Cristo», afirmó. En este sentido, advirtió de que el apostolado sin oración puede convertirse en activismo y que el ministerio, sin una relación profunda con el Señor, corre el riesgo de perder su raíz.
Don José Ángel relacionó esta llamada con el carisma de la Congregación de los Sagrados Corazones, cuya misión consiste en «contemplar, vivir y anunciar al mundo el Amor de Dios encarnado en Jesús», alimentando la vida espiritual especialmente mediante la Eucaristía y la adoración.


Dirigiéndose a Alberto Gaitán, que recibió el diaconado, monseñor Saiz destacó el servicio como rasgo esencial de este ministerio. “El diácono está llamado a hacer visible a Cristo Siervo mediante la liturgia, la proclamación de la Palabra y la caridad, acompañando especialmente a los pobres, los enfermos y quienes necesitan experimentar la cercanía de la Iglesia”.
Por su parte, a Ignacio Cervera, ordenado presbítero, le recordó que su misión será “anunciar la Palabra, celebrar los sacramentos y guiar al Pueblo de Dios”. De manera particular, lo exhortó “a amar a las personas que le sean confiadas, especialmente a los pobres, a quienes sufren y a quienes no encuentran a nadie dispuesto a escucharlos”. También lo animó a celebrar la Eucaristía con fe, preparar la predicación desde la oración y dedicar tiempo al sacramento de la Reconciliación.
Una vida entregada por amor
Finalmente, el arzobispo hispalense recordó que la consagración religiosa y el sacramento del Orden tienen una misma raíz: el amor. Por ello, invitó a los nuevos ordenados a vivir su vocación en comunión con la Iglesia y con su familia religiosa, cultivando la fraternidad, la misericordia y la disponibilidad ante las necesidades de los demás.
La celebración concluyó poniendo el ministerio de Ignacio y Alberto bajo la protección de la Virgen María. Monseñor Saiz les animó a permanecer siempre en el amor del Señor, para que sus vidas fueran una entrega fecunda al servicio del Evangelio y de la Iglesia.
Galería fotográfica



