La Delegación Diocesana de Familia y Vida celebró el pasado 3 de octubre, en la Parroquia de San Juan Pablo II de Montequinto, el encuentro-retiro de inicio de curso del proyecto Un amor que no termina, dirigido a personas separadas o divorciadas que no han vuelto a contraer matrimonio ni conviven en una nueva relación.
La jornada se desarrolló desde las diez de la mañana hasta las cinco y media de la tarde y ofreció un espacio de acogida, escucha, formación, convivencia y celebración de la fe. El encuentro comenzó con la presentación de los participantes y una breve introducción al proyecto, que permitió situar el sentido del itinerario que se viene desarrollando.
Uno de los primeros momentos de la jornada estuvo dedicado a la presentación de experiencias de personas que habían realizado el itinerario, ofreciendo a los participantes la posibilidad de conocer de primera mano diferentes caminos de acompañamiento.
Tras una pausa, la jornada continuó con una mesa redonda de testimonios, en la que varias personas compartieron sus experiencias de vida y de fe. Este coloquio permitió poner en común situaciones y vivencias desde la cercanía de quienes han recorrido caminos similares.
La vocación al amor
La formación ocupó un lugar central en el encuentro con la ponencia «¿Y ahora qué? La vocación al amor», impartida por Carmen Álvarez, doctora en Teología Dogmática y Filosofía, profesora de la Universidad CEU-Fernando III de Sevilla y de la Facultad de Teología San Isidoro. La reflexión abordó la vocación al amor desde las circunstancias concretas de las personas participantes y estuvo seguida de un espacio para preguntas y diálogo con la ponente.
La jornada continuó con un almuerzo compartido en las instalaciones de la parroquia. Posteriormente, los participantes se reunieron por grupos para compartir lo vivido durante la jornada y poner en común las reflexiones y experiencias surgidas a lo largo del encuentro.
El encuentro concluyó con la celebración de la Eucaristía presidida por el sacerdote Mario Ramos, como momento de oración y acción de gracias. La celebración puso ante el Señor el camino recorrido durante la jornada y el itinerario que cada participante continúa viviendo desde su situación personal y familiar.







