viernes, 25 septiembre 2026

Monseñor Saiz: «La dignidad no se pierde», en la celebración de la Merced con las Instituciones Penitenciarias

La Basílica de la Esperanza Macarena acogió este viernes la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias, en una Eucaristía presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses. En presencia de representantes de Instituciones Penitenciarias, capellanes y voluntarios de Pastoral Penitenciaria, el arzobispo puso el acento de su predicación en la esperanza, la dignidad de toda persona y la necesidad de que el tiempo de la pena no sea un tiempo perdido, sino un camino que pueda conducir a una vida nueva.

La Basílica de la Esperanza Macarena acogió este viernes la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias, en una Eucaristía presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses. En presencia de representantes de Instituciones Penitenciarias, capellanes y voluntarios de Pastoral Penitenciaria, el arzobispo puso el acento de su predicación en la esperanza, la dignidad de toda persona y la necesidad de que el tiempo de la pena no sea un tiempo perdido, sino un camino que pueda conducir a una vida nueva.

En su homilía se refirió a las figuras de la Merced y la esperanza, recordando que, incluso en situaciones marcadas por el sufrimiento y la dificultad, Dios continúa abriendo caminos. A partir de la exhortación de la Carta a los Hebreos —«No os canséis ni perdáis ánimo»—, animó especialmente a quienes trabajan y colaboran en el ámbito penitenciario a perseverar en una tarea que requiere paciencia ante procesos lentos, situaciones familiares heridas, adicciones, soledad o reincidencias.

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Monseñor Saiz: «La dignidad no se pierde», en la celebración de la Merced con las Instituciones PenitenciariasLa dignidad de la persona permanece

Monseñor Saiz subrayó que la realidad penitenciaria obliga a afrontar tanto la existencia del delito y el sufrimiento de las víctimas como la dignidad irrenunciable de toda persona. La justicia exige asumir las consecuencias de los propios actos, afirmó, pero «la dignidad, en cambio, no se pierde». Recordó así que quien se encuentra privado de libertad continúa teniendo una historia, unos vínculos, unas heridas y la posibilidad de arrepentirse, pedir perdón, cambiar y comenzar de nuevo.

En este sentido, agradeció el trabajo de los profesionales de los centros penitenciarios y destacó que su labor no se limita a garantizar la seguridad y el cumplimiento de la ley, sino que también contribuye a que el tiempo de la pena pueda convertirse en un proceso orientado a la reinserción y a un regreso responsable a la sociedad.

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El arzobispo tuvo también unas palabras de especial reconocimiento para los voluntarios de Pastoral Penitenciaria, a quienes agradeció su tiempo y su capacidad de permanecer junto a personas y procesos que con frecuencia avanzan lentamente. «Vuestra tarea podría resumirse en una palabra: permanecer», afirmó, destacando que esa perseverancia se convierte en un signo de la paciencia de Dios.

«Que nadie se pierda»

Monseñor Saiz: «La dignidad no se pierde», en la celebración de la Merced con las Instituciones PenitenciariasA partir del Evangelio de las bodas de Caná, monseñor Saiz Meneses presentó a María como aquella que sabe descubrir lo que falta y conduce hacia Cristo. Esta mirada, explicó, está también en el corazón de la Pastoral Penitenciaria: descubrir las carencias que pueden encontrarse detrás de una conducta difícil, como la falta de una familia, afecto, educación, trabajo, reconciliación o una oportunidad para aprender a vivir de otra manera.

El arzobispo recordó asimismo unas palabras de León XIV durante el Jubileo de los Presos: «¡Que nadie se pierda! ¡Que todos se salven!». Una llamada que extendió a todas las personas implicadas en el ámbito penitenciario: quienes cumplen condena, sus familias, las víctimas, los profesionales, capellanes y voluntarios.

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Finalmente, ante la imagen de la Esperanza Macarena, puso bajo la protección de Nuestra Señora de la Merced a las personas privadas de libertad de Sevilla, sus familias, las víctimas y cuantos trabajan y colaboran en los centros penitenciarios. «Fortalecéis manos cansadas, sostenéis rodillas vacilantes, ayudáis a las personas a ponerse de nuevo en pie», afirmó, animando a continuar esta labor desde la esperanza.

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