La Catedral de Sevilla acoge el sábado 26 de septiembre, a las once de la mañana, la ordenación diaconal de cuatro seminaristas de Sevilla. Una ceremonia presidida por el arzobispo, monseñor José Ángel Saiz Meneses, en la que, además, se ordenará sacerdote al diácono Pedro Lu.
Carlos Javier Corento, de 34 años (Mairena del Aljarafe); Elder João Tavares, de 26 años (Cabo Verde), y Javier Garrido, también de 26 años (Dos Hermanas), del Seminario Metropolitano, y Fabio Martarelli, de 50 años (Osimo, Italia), del Redemtoris Mater, se preparan ante su inminente ordenación con oración y reconociendo que con el diaconado no se trata simplemente “de alcanzar una etapa más, sino de recibir un don inmerecido. El diaconado significa ser configurado con Cristo Siervo, con aquel que ha venido no para ser servido, sino para servir y dar la vida”, explica Fabio.
En esta línea se expresa Elder, quien confiesa que después de tantos años de formación, “siento que llega un momento importante en el que todo lo aprendido se va haciendo cada vez más concreto. No espero que el diaconado sea simplemente un paso más dentro de la formación, sino una llamada a servir de una manera nueva a Dios y a los demás. Lo afronto con mucha ilusión, pero también siendo consciente de la responsabilidad que supone”. Por su parte, Javier se prepara para este paso “creciendo en la confianza en Dios. Rezo mucho con la cita de ‘sé de quién me he fiado’ descubriendo asombrado la obra que Dios hace en mí y me siento afortunado de ser espectador de la obra de Dios en las personas con que camino, es uno de los mayores regalos que Dios me concede”. Finalmente, Carlos coincide con sus compañeros en que quiere vivir este momento “como un verdadero servicio a Dios y a la Iglesia. No lo veo simplemente como un paso más dentro del camino hacia el sacerdocio, sino como una oportunidad para configurarme más con Cristo servidor y aprender a entregarme a los demás con humildad y generosidad”.
El diaconado no es la meta
Ciertamente, el diaconado no es la meta. Pese a ello, sí es un paso que “impresiona”, confiesa Javier al ser consciente de cómo el diácono puede proclamar la Palabra, servir al altar y a los pobres. Le emociona también la posibilidad de “poder bautizar y dar a luz a la fe de la Iglesia a tantos niños y adultos, poder ser testigo del amor trinitario en el sacramento del matrimonio, despedir santamente a los difuntos, rezando por su salvación y anunciando la esperanza en el Reino de los Cielos, que tanta falta hace en este mundo desesperanzado en tanto momentos. Es una tarea ardua, pero me ilusiona, no por lo que haré sino por lo que Dios hará por medio de mí para con su pueblo y para conmigo”.


Para Elder la ordenación diaconal supone “confirmar de una manera más profunda aquel ‘sí’ que un día comencé a darle al Señor”, a través del servicio y “estando disponible para Dios y para los demás”. Mientras que Carlos lo vive como “una oportunidad para configurarme más con Cristo servidor y aprender a entregarme a los demás con humildad y generosidad”. Este -continúa- es un momento “muy importante en mi camino y que cada día me acerca un poco más a la plena realización de mi vocación sacerdotal”.
“No es necesario tener todas las respuestas”
Cada uno de los nuevos diáconos tiene un testimonio vocacional distinto: a unos Dios les llamó pronto y a otros un poco más tarde; a unos en nuestra diócesis, y a otros fuera de ella. Algunos venían de coquetear con otras religiones o de vivir casi como ateos, mientras que otros iban creciendo en la fe en el seno de las hermandades o de una comunidad parroquial. Sea como fuere esa primera llamada, los cuatros coinciden en que no hay que tener miedo de responder al Señor porque Él solo quiere nuestra felicidad.
“Mi experiencia es que el Señor no defrauda -añade Fabio-. Por eso, a un joven que siente la llamada le diría: no mires solamente tu debilidad; mira lo que Dios puede hacer con tu debilidad. Déjate acompañar por la Iglesia, discierne la llamada y, si descubres que el Señor te llama, no tengas miedo de decirle que sí”. Elder también recomienda no tratar de responder todas las preguntas antes de comenzar el camino, porque “muchas veces queremos tener todo claro antes de dar un paso, pero la vocación se va descubriendo poco a poco. Lo importante es confiar en el Señor, dedicar tiempo a la oración y dejarse acompañar por personas que puedan ayudar en el discernimiento. Decirle “sí” a Dios no significa que desaparezcan las dudas o las dificultades, sino confiar en que Él estará presente en medio de ellas”. Además, Javier recuerda que todos “tenemos una misión en la vida, que no estamos aquí de paso, sino que hay algo que Dios quiere de ti: ser semejante a Él, ser eternamente feliz. Esto lo seremos si descubrimos la misión que Él nos tiene preparada. Por eso, busca con deseo lo que Dios quiere de ti, te garantizo que te cambiará la vida y en el caminar serás verdaderamente feliz, ya sea buscando la santificación de tu esposa o de tu marido, como sacerdote de Cristo, religiosa o monja contemplativa”. Para terminar, Carlos invita a todos a aquellos jóvenes que sientan inquietud vocacional a hablar con sus párrocos y que, a través de la Pastoral Vocacional, “vayan a conocer la realidad del Seminario de Sevilla, vean cómo vivimos y lo que hacemos, y puedan escuchar los testimonios vocacionales de diferentes seminaristas, donde quizás se encuentren identificados con historias concretas. Lo importante -recalca- es ponerse delante del Señor, rezar y dejarse acompañar para descubrir qué quiere Él de cada uno”.



