Sevilla, 4 de septiembre de 2026. – Hay un cante que Antonio Chacón contribuyó a consagrar, hace justo un siglo, como materia de concierto: la granaína, heredera lejana del fandango, capaz de sostener al cantaor en un territorio de melisma y suspensión donde cada tercio se juega el aliento entero. Cien años después, esa misma partitura emocional atraviesa uno de los nueve pasajes de ‘El mundo por montera’, la Gala con la que la Bienal de Flamenco de Sevilla anticipa su XXIV edición el próximo 10 de septiembre en la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. La Bienal ha mostrado hoy ese fragmento, titulado ‘El cerco y la luna’, en la sede del Ballet Flamenco de Andalucía, donde Patricia Guerrero lo ha recreado junto a Andrés Marín.
La Gala, con dirección artística de Marín e Ybarra, cruza sobre el ruedo de la Maestranza generaciones y sensibilidades muy distintas del cante: la solvencia de José Mercé y José de la Tomasa, la personalidad mestiza de Martirio, el magisterio de Arcángel, la vanguardia de La Tremendita, la voz joven de Ángeles Toledano y El Perrete, y la herencia genealógica que Manuel de la Tomasa lleva en el apellido como tataranieto de Manuel Torre y Manuel Vallejo. Los acompañan a la guitarra Manolo Franco, Alfredo Lagos y David de Arahal; a los saxofones, Juan Jiménez y Alfonso Padilla; a la percusión y las palmas, El Oruco, Abel Harana, Daniel Suárez y El Chupete; y al frente del baile, el Ballet Flamenco de Andalucía con Patricia Guerrero. Todos festejan el mismo centenario: el de 1926, cuando Pepe Marchena entró en los circuitos de la Ópera Flamenca, Manuel Vallejo recibió la II Llave de Oro al Cante y la industria discográfica dio el salto a la grabación eléctrica, mientras Chacón y Manuel Torre —maestros de una generación que no llegó a heredar registro sonoro de sus propios antecesores— tendían puente hacia La Niña de los Peines, Pepe Pinto o Ramón Montoya.
En ese linaje se inscribe ‘El cerco y la luna’. El título procede de una copla de dos versos —«Cerco tiene la luna. Mi amor ha muerto»— que recoge una superstición muy arraigada en el cante: el halo que rodea la luna como anuncio de desgracia, trasladado aquí del cielo al cuerpo. Marín, que firma junto a Ybarra la dirección artística de la Gala y en solitario su concepto estético, ha elegido la granaína y media para este pasaje por su capacidad de sostener el silencio dentro del sonido; Guerrero, que además dirige el Ballet Flamenco de Andalucía, la baila junto a él acompañados por los saxofones de Juan Jiménez y Alfonso Padilla y las guitarras de José Luis Medina y Jesús Rodríguez, en una instrumentación que invierte los papeles habituales: el saxofón, símbolo del bullicio de la Ópera Flamenca y sus varietés, se pliega aquí al recogimiento de uno de los cantes de mayor hondura del repertorio.
Un siglo en nueve pasajes
Ese mismo cruce entre lo masivo y lo íntimo define el propósito de ‘El mundo por montera’ en su conjunto: reunir en una sola noche a figuras de edades y trayectorias muy distintas —de los nombres ya consagrados a las voces que empiezan a asentarse— sin intención de reconstruir literalmente lo que ocurrió hace cien años, sino de dialogar con esa memoria desde el presente. La Gala no busca la réplica histórica ni el ejercicio de nostalgia: toma el impulso de aquella generación y lo traduce al lenguaje de hoy, dejando que cada artista aporte su propia mirada sobre un legado compartido.
A lo largo de los nueve pasajes de la Gala, ese vaivén entre lo colectivo y lo íntimo se despliega con nitidez. Arranca con una batalla de saxofones que hace resonar el eco de Pastora y con un bloque de caña, bambera, aires de levante y cantiñas al hilo de la Generación del 27; sigue con el homenaje del Ballet Flamenco de Andalucía al centenario de la Llave de Oro de Manuel Vallejo y de su rumba ‘Catalina’; atraviesa la petenera de La Tremendita y las idas y vueltas de Arcángel, y se detiene en el guiño de Martirio a los cuplés y varietés de la propia Ópera Flamenca; se recoge en la soleá de José de la Tomasa, ligada a la memoria de la Alameda de Hércules, y en la seguiriya de José Mercé; y se cierra con una romería de fandangos, el palo que el Concurso de Granada de 1922 llegó a prohibir por considerarlo folclórico y que, un siglo después, triunfa como fiesta final de la noche.
Por su parte, Luis Ybarra ha señalado: «Cuando uno ve un cartel con tantos nombres, como ocurre en el espectáculo ‘El mundo por montera’, quizá piensa que es un festival dentro de la plaza de toros, en el que cada uno hará un número y se marchará. No es así. Es un espectáculo, en el que entre otras figuras tenemos la participación del Ballet Flamenco de Andalucía junto a su directora, Patricia Guerrero, que estrena una pieza inmersa en el repertorio de la Ópera Flamenca, cuyo centenario estamos celebrando. En este ensayo abierto se ha mostrado un fragmento de una de las piezas creadas para la ocasión. Me gustaría no desvelar mucho más. Invito al público a que se deje sorprender por la mirada flamenca, contemporánea y actual de un patrimonio histórico: el flamenco en los años 20 a los ojos de hoy».
Guerrero y Marín
El Ballet Flamenco de Andalucía, proyecto del Instituto Andaluz del Flamenco adscrito a la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales, atesora más de tres décadas de trayectoria y ha sido cantera de bailaores que hoy dirigen sus propias compañías, de Israel Galván a Rafaela Carrasco. Desde 2023 lo dirige Patricia Guerrero, Premio Nacional de Danza 2021, por, según el jurado, la personalidad y la fuerza de un arte capaz de incorporar, desde la raíz más flamenca, nuevas formas y estéticas.
Andrés Marín, Premio Nacional de Danza y Giraldillo al Baile de la propia Bienal, firma el concepto estético de ‘El mundo por montera’. Su manera de entender el baile, depurada hasta el gesto mínimo, ha marcado buena parte de la vanguardia flamenca de las últimas dos décadas.
Con esta Gala, la Bienal añade este año la Plaza de Toros de la Real Maestranza a sus escenarios, devolviendo al flamenco, cien años después, el mismo espacio de masas que contribuyó a consagrarlo como espectáculo popular. Desde ese ruedo arrancará, el 10 de septiembre, una XXIV edición que se prolongará hasta el 3 de octubre por once espacios escénicos de Sevilla.
Otras perlas: “Sinestesia”
La programación de actividades paralelas «Otras Perlas» de la Bienal suma desde hoy la exposición inmersiva ‘Sinestesia’, un proyecto de investigación artística de Asunción Demartos, artista multidisciplinar e investigadora de la percepción, que explora la convergencia entre la experiencia sinestésica y el flamenco como estructura generadora de emoción. A través de un proceso de traducción plástica, los palos flamencos se transforman en color, gesto y materia, en un lenguaje visual que integra pintura, poesía, sonido y experiencia inmersiva, y que parte de conceptos como el tarab —la emoción sublime que produce la música— o el pellizco. El proyecto cuenta con la colaboración especial de Rocío Plaza, doctora en Historia del Arte, con la presencia de los artistas María Mezcle, Diego Villegas y Pablo Heredia. La muestra podrá visitarse hasta el 30 de septiembre en el Centro ODS (Fundación MAS).
La Bienal de Flamenco está organizada por el Ayuntamiento de Sevilla a través de la Delegación de Turismo y Cultura. Cuenta con la colaboración institucional de la Junta de Andalucía y del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) del Ministerio de Cultura y con el patrocinio de Unicaja y GetYourGuide.



