La novena en honor a la Virgen de los Reyes contará este año con un predicador muy especial. El arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A., será el encargado de preparar espiritualmente a los fieles en los días previos a la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Su presencia adquiere un significado singular, ya que coincide con la celebración del centenario de la Arquidiócesis de Panamá y pone de relieve los profundos lazos históricos y espirituales que unen a ambas iglesias desde los comienzos de la evangelización del continente americano.
Monseñor Ulloa confiesa que recibió la invitación «con una profunda emoción y gratitud». Más que un reconocimiento personal, la interpreta como un gesto de comunión eclesial. «No siento que sea una invitación a mi persona, sino a toda la Iglesia que peregrina en Panamá. También es un signo de comunión entre dos iglesias hermanas unidas desde los albores de la evangelización», afirma.
Predicar ante la Virgen de los Reyes, añade, supone adentrarse en una historia de fe que ha acompañado durante siglos al pueblo sevillano. Aunque mira a Sevilla desde la perspectiva de un pastor panameño, reconoce la fuerza de una devoción que continúa plenamente viva.
«Conozco la enorme importancia histórica y espiritual de la Virgen de los Reyes. Me impresiona cómo esta devoción sigue siendo capaz de reunir a generaciones enteras alrededor de María y continúa conduciendo a las personas hacia Cristo».
Dos iglesias unidas por la historia
La presencia del arzobispo panameño en la Catedral de Sevilla tiene una profunda significación. Desde el puerto sevillano partieron los primeros evangelizadores hacia el Nuevo Mundo y Panamá fue uno de los primeros territorios donde la semilla del Evangelio comenzó a dar fruto. «Hoy ese camino parece invertirse», explica. «Un obispo panameño viene a predicar a Sevilla, especialmente en un momento muy importante para nuestra Iglesia, al celebrar el centenario de la Arquidiócesis de Panamá».


«Toda mi vida sacerdotal ha estado profundamente marcada por Santa María la Antigua. Predicar ante la Virgen de los Reyes es un hermoso encuentro entre dos advocaciones marianas que unen la historia espiritual de Sevilla y de Panamá».
María, Madre de la esperanza
Toda la predicación de la novena tendrá un hilo conductor muy claro: María como Madre de la esperanza. «María nunca aparta la mirada de sus hijos. Ella sigue diciendo hoy lo mismo que en Caná: ‘Haced lo que Él os diga’. Quien camina con María nunca pierde la esperanza porque ella siempre conduce a Cristo».
En un momento en el que muchas personas viven marcadas por la incertidumbre, el arzobispo considera que la sociedad necesita volver a escuchar un mensaje de esperanza: «El mundo necesita saber que Dios no se ha cansado ni se ha olvidado de nosotros. Tenemos una Madre en el cielo que nos recuerda constantemente que Dios permanece fiel».
Para monseñor Ulloa, María enseña un camino profundamente actual. «Nos enseña tres verbos muy necesarios hoy: escuchar, guardar y servir. Vivimos hablando mucho y escuchando poco; corriendo mucho y contemplando poco; exigiendo mucho y sirviendo poco», añade.
Una fe que pasa de generación en generación
El arzobispo de Panamá reivindica también el valor de la piedad popular como una auténtica escuela de evangelización. «La auténtica piedad popular es una fe sencilla, pero no superficial. Cuando está bien evangelizada, educa el corazón, transmite la fe entre generaciones y hace accesible el Evangelio incluso a quienes quizá nunca leerán un tratado de teología», subraya.
Por ello insiste en que la verdadera devoción mariana siempre desemboca en Cristo: «María nunca dice: ‘Mírenme a mí’. Siempre dice: ‘Haced lo que Él os diga’. Para saber si una devoción mariana es auténtica hay que preguntarse si me acerca más al Evangelio, a la Eucaristía y al servicio de los pobres».
La Novena, una oportunidad para volver a Dios


«La novena sigue siendo uno de los grandes atrios donde muchas personas vuelven a acercarse a la Iglesia. Hay quienes entran en la Catedral por tradición, por curiosidad o porque están sufriendo. Precisamente ahí existe la posibilidad de encontrarse con Cristo», apunta.
Más que impartir enseñanzas, explica, desea compartir la experiencia de una Iglesia misionera que ha aprendido que la diversidad es una riqueza cuando Cristo ocupa el centro: «La experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud nos recordó que una Iglesia abierta, acogedora y misionera sigue despertando esperanza».
Un deseo para Sevilla
Al concluir la novena, el arzobispo panameño solo espera una cosa: que quienes participen regresen a sus hogares con el corazón renovado. «Espero que se encuentren con Dios, que experimenten una Iglesia que los espera y los abraza sin juzgar, y un Cristo vivo que sigue diciendo hoy, como hace dos mil años: ‘No tengan miedo’», señala.
Y añade cuál sería, para él, el fruto más hermoso de estos días de preparación para la fiesta de la Virgen de los Reyes: «Si al salir de la Catedral alguien recupera la esperanza, vuelve a rezar o decide dar un paso para reencontrarse con Dios, la novena habrá dado el fruto más hermoso».
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