viernes, 12 junio 2026

Estudiantes de Loyola ponen el debate al servicio de la inclusión junto a Down Córdoba

La Universidad Loyola ha puesto el debate al servicio de la inclusión. Estudiantes vinculados al Club de Debate de la Universidad colaboran con la Asociación Down Córdoba en una iniciativa que utiliza la palabra, la escucha y la argumentación como herramientas para fortalecer la autonomía personal y la participación social de varios chicos y chicas

La Universidad Loyola ha puesto el debate al servicio de la inclusión. Estudiantes vinculados al Club de Debate de la Universidad colaboran con la Asociación Down Córdoba en una iniciativa que utiliza la palabra, la escucha y la argumentación como herramientas para fortalecer la autonomía personal y la participación social de varios chicos y chicas de la entidad.

La actividad, impulsada a través del sistema de voluntariado de Loyola, conecta la experiencia universitaria con una clara función social: trasladar las habilidades propias del debate —hablar en público, ordenar ideas, construir argumentos, escuchar al otro y respetar el turno de palabra— a personas con síndrome de Down y discapacidad intelectual, con el objetivo de reforzar su seguridad y su capacidad para defender sus opiniones en distintos contextos de la vida cotidiana.

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En esta actividad participan, por parte de la Asociación Down Córdoba, María Ántunez Ariza, Antonio Espaliú Galán, Isabel Guijo Rubio, Laura Molina Arévalo, Ana Leticia Solana Lara e Ignacio Torralbo Romero. La responsable de la actividad en la asociación es Silvia Aljarilla Ordóñez, profesional del servicio de adultos de la entidad.

Por parte de la Universidad Loyola, la colaboración está siendo desarrollada por Valentina Franco Caña, estudiante de tercero del Grado en Psicología en el Campus de Córdoba, y Jesús Granados Ruiz, estudiante de primero del mismo grado. Ambos forman parte del Club de Debate de Loyola y no dudaron en sumarse al proyecto cuando conocieron la propuesta.

“Debate y Psicología son nuestras dos grandes pasiones, y unirlas en un mismo proyecto nos pareció muy motivador”, explica Valentina Franco, quien destaca que el debate le ha permitido desarrollar habilidades personales como la paciencia, la comunicación y la capacidad de escuchar. “Poder brindar esta oportunidad en cada rincón que nos dejen es bastante motivante”, añade.

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Las sesiones se desarrollan en la sede de Down Córdoba y combinan explicación, práctica y dinámicas adaptadas. Los estudiantes de Loyola trabajan con los participantes los distintos roles de un debate —introducción, refutaciones y conclusión—, pero lo hacen desde una metodología flexible, cercana y basada en la experiencia. El objetivo no es solo aprender una técnica, sino generar aprendizajes útiles para la vida diaria.

“Buscamos que sean capaces de afrontar situaciones cotidianas, de comunicar lo que necesitan y de romper barreras que antes podían darles vergüenza”, señala Valentina. En la misma línea, Jesús Granados subraya que el proceso también ha supuesto un aprendizaje para los propios universitarios: “Hemos tenido que adaptar nuestros conocimientos a su ritmo, con más dinámicas y menos teoría. Es importante que lo pongan en práctica, porque así lo aprenden mejor”.

foto2 Loyola Down

Una experiencia que transforma a ambas partes

Más allá de la formación en oratoria, el proyecto está dejando una profunda huella en los estudiantes de Loyola. Para ellos, esta colaboración se ha convertido en una experiencia de crecimiento personal y universitario, en la que la formación académica se encuentra con la realidad social.

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“Está siendo un punto de inflexión muy positivo”, reconoce Valentina. “Nos hemos dado cuenta de que lo que nosotros percibimos como correcto no siempre lo es, y eso nos obliga a replantearnos la forma de enseñar. Al final, las personas crecen contigo y tú creces con ellas”.

Jesús coincide en esa mirada y destaca la evolución de los participantes desde las primeras sesiones: “Me ha sorprendido su gran mejora. Algunos se han quitado la vergüenza y ahora están mucho más echados para adelante”. Para él, uno de los momentos más especiales llegó cuando el grupo comenzó a abrirse y a funcionar como “una piña”.

Desde la Asociación Down Córdoba, la iniciativa se valora como una oportunidad especialmente enriquecedora. Silvia Aljarilla Ordóñez explica que contar con estudiantes con experiencia en debate ha sido especialmente positivo para la entidad.

“Nosotros trabajamos en el ámbito de la discapacidad, pero de liga de debate sabemos lo justo. Que alguien de fuera venga a ayudarnos a que los chavales se formen y adquieran esas cualidades es muy valioso. Y al final yo también aprendo de ellos”, afirma.

Aljarilla señala que este tipo de actividades permite trabajar habilidades sociales, trabajo en equipo, respeto al turno de palabra y búsqueda de argumentos. Pero, sobre todo, ayuda a los participantes a defender sus opiniones y a respetar las de los demás. “Se ve un crecimiento desde que empiezan. Van perdiendo la vergüenza, tienen más iniciativa, quieren participar más y también mejora su relación con los compañeros de Loyola”, apunta.

La palabra como herramienta de autonomía

En las sesiones, los participantes aprenden a investigar, ordenar ideas y construir argumentos. Buscan información, preparan sus intervenciones y practican cómo responder a otros compañeros. También trabajan la importancia de escuchar, respetar opiniones distintas y expresarse con claridad.

Los propios participantes resumen con naturalidad el sentido de esta experiencia. “Es algo que te va a servir para expresarte, para dar tu opinión, para decir si estás de acuerdo o no. Cada uno es libre de expresarse y de dar su opinión”, señala uno de los integrantes del grupo. Su reflexión condensa el verdadero valor del proyecto: aprender a tomar la palabra, defender una idea y sentirse escuchado.

Esa dimensión se percibe también en la forma en la que viven las sesiones. “Aprendes un montón de cosas nuevas. Y, aparte de ser compañeros, somos amigos también”, explica otra de las participantes, poniendo de relieve que la actividad no solo favorece la comunicación, sino que también genera vínculos, confianza y sentimiento de grupo.

Durante una de las sesiones, el grupo trabajó en torno a una pregunta relacionada con el reciclaje: si sería preferible multar a quienes no reciclan o premiar a quienes sí lo hacen. A partir de ese tema, los participantes buscaron información, compartieron ejemplos de su vida diaria y defendieron distintas posturas, poniendo en práctica competencias que van mucho más allá del debate académico.

“A mí me gusta buscar argumentos y pensar”, apuntaba uno de los participantes durante la actividad. Una frase sencilla que refleja otro de los aprendizajes centrales de la iniciativa: no se trata solo de hablar en público, sino de aprender a construir una opinión propia, buscar información y expresar las ideas con seguridad.

El debate no se plantea únicamente como una actividad formativa, sino como una herramienta de inclusión. Hablar en público, defender una idea, preguntar, responder o aceptar una opinión diferente son competencias que favorecen la participación social y la autonomía personal.

La actividad sirve, además, como preparación para la participación de los jóvenes de Down Córdoba en el proyecto Yo tengo opinión, una iniciativa impulsada por LEDU y Down Madrid que acerca el debate a jóvenes con síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales de distintas entidades. Este encuentro se celebrará este sábado 13 y domingo 14 de junio en la Universidad Nebrija, en el Campus de Arturo Soria, en Madrid. No obstante, más allá de ese objetivo, el verdadero valor del proceso está en el camino: en aprender a expresarse, ganar seguridad y descubrir que todas las personas tienen algo importante que decir.

Silvia Aljarilla insiste en que este tipo de experiencias contribuye a romper prejuicios, aunque recuerda que todavía queda camino por recorrer. “Falta mucho para llegar a romper todos los estereotipos, pero cada pasito que damos ayuda. Ellos todo lo que se proponen, les cueste más o les cueste menos, al final lo consiguen”, afirma.

Para la profesional de Down Córdoba, ver a los participantes afrontar un debate con naturalidad es motivo de orgullo: “A mí me da muchísima vergüenza hablar en público. Ellos se ponen delante de un público, no pierden la compostura, no les tiembla la voz. Para mí es un orgullo verlos enfrentarse a algo así”.

foto3 Loyola Down

Universidad, voluntariado y compromiso social

Esta colaboración refleja el papel de la Universidad Loyola como espacio de formación integral, en el que los estudiantes no solo adquieren conocimientos académicos, sino que también ponen sus capacidades al servicio de la sociedad.

A través del Club de Debate y del voluntariado universitario, Valentina Franco y Jesús Granados trasladan a la comunidad competencias que han desarrollado en su vida universitaria. Pero, al mismo tiempo, reciben una enseñanza que no siempre cabe en el aula: la de aprender a adaptar, escuchar, acompañar y comprender realidades diversas.

El proyecto demuestra que el debate puede ser mucho más que una actividad académica. Puede convertirse en una herramienta para dar voz, fortalecer la autoestima, mejorar la autonomía y construir relaciones basadas en la igualdad y el respeto.

En palabras de los propios estudiantes, se trata de una experiencia en la que todos aprenden. Los jóvenes de Down Córdoba se preparan para expresarse con mayor seguridad, y los estudiantes de Loyola descubren que su formación cobra pleno sentido cuando se comparte con los demás.

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