Dios llama. Y se sirve de personas, momentos y circunstancias que llevan al joven a preguntarse por el sentido de su vida. Atendiendo a las experiencias de los cinco hombres que el 13 de junio serán ordenados sacerdotes en el curso de la solemne misa que se celebrará en la Catedral de Sevilla, pareciera que Dios los marca en el vientre materno.
A esta conclusión llega Pablo Noguera, tras repasar una trayectoria unida por múltiples factores a ‘las cosas del Señor’. Desde la participación, siendo muy niño, en la parroquia, hasta su opción por la vida consagrada y la cercanía tantos años al gobierno de una diócesis como la de Sevilla. En términos parecido se expresa Cristian Rodríguez, que vincula sus primeros recuerdos de niñez en el entorno de las hermanas de la cruz. De ahí al Seminario Menor y, desde 2019, en el Mayor. Entre los cinco ordenandos hay dos casos que llaman la atención por su similitud. Tanto Pablo Bernal como José Manuel Ruiz sintieron la llamada vocacional peregrinando a Santiago de Compostela. Ahí se concretaron sus procesos de búsqueda, y en ese entorno natural “Dios salió a mi encuentro sin yo esperarlo”. Lo cierto es que Dios siempre ha estado ahí, por más que “yo he estado demasiado entretenido mirando hacia otro lado”, apunta Alberto Torres.
El Seminario, un antes y un después
Las vidas de estos cinco hombres desembocaron hace seis años en el Seminario Metropolitano, y en todos ellos destaca un sentimiento de gratitud hacia las personas que Dios ha opuesto en su camino estos años decisivos para su discernimiento y entrega definitiva. Alberto reconoce que en su vida hay “un antes y un después de mi llegada al Seminario”, un lugar en el que, entre otras cosas, ha aprendido a “compartir la vida en comunión fraternal”. En parecidos términos se expresa Pablo Bernal, que ha comprobado cómo este período formativo ha servido para “ir configurándome con Cristo Pastor”; o José Manuel, que puede decir, seis años después, que va sabiendo quién es ante Dios. Evidentemente, ha sido una etapa enriquecedora, en la que “he conocido mucho más la riqueza de la Iglesia, amándola en su diversidad y debilidad”. En cierto modo, es un tiempo para lo que Cristian define como “echar abajo cosas” para ir conformándose “como el sacerdote que Dios quiere, no como el modelo que yo tenía”. Aunque esta fase previa a la ordenación suena a final de trayecto, los ordenandos van cayendo en la cuenta de que la realidad dista mucho de esta impresión. Pablo Noguera reconoce que “nunca hay suficiente preparación para don tan grande”. Como Pablo, todos coinciden en que el misterio de Dios es insondable.
De la entrega y el testimonio de tantos sacerdotes se derivan frutos vocacionales. En conversación con los futuros presbíteros salen a relucir numerosos nombres que han ido modulando la percepción que cada uno tiene del ministerio. Desde los párrocos que guiaron sus primeros pasos, siendo aún niños, hasta los formadores del Seminario o los sacerdotes con los que han compartido tareas pastorales los últimos años. Todos ellos ponen rostros a unas “vidas entregadas y coherentes, a pesar de la debilidad”, apunta José Manuel, “sacerdotes abnegados y sacrificados que durante tantos años me enseñaron a esperar sólo en Dios y a trabajar en su nombre”. Quien esto afirma es Pablo Noguera, que guarda en su corazón un referente bien conocido: “Fray Carlos Amigo Vallejo, que fue padre, pastor y hermano”.
¿Cómo querrían ser reconocidos?
Tienen la vista puesta en la jornada del 13 de junio, y lo que tenga que venir sólo Dios lo sabe. Pero, en un ejercicio de prospectiva y anticipándose varias décadas, todos aspiran a se reconocidos como instrumentos del Señor, dónde y cómo Él quiera. Alberto anhela ser un “ministro ordenado con dignidad desde el trabajo a la Iglesia y la adhesión a Cristo para anunciar la Buena Nueva al mundo”. Pablo Bernal querría ser un sacerdote “con el corazón volcado a Dios y a los demás”. Por su parte, José Manuel aspira a ser reconocido, al cabo de los años, como “un sacerdote fiel a Jesucristo y a su Iglesia”, “un sacerdote según el corazón de Cristo”, apunta Pablo Noguera. Y del más veterano a más joven, Cristian, que daría por bueno todo lo que pase si le recuerdan como “alguien feliz y alegre que en todo momento luchó para ver la voluntad de Dios cumplida en mí”.
“No somos nosotros quienes debemos elegir”
Todas estas lecturas ofrecerían semblanzas diversas de ministerios entregados. Pero, ¿en qué ámbitos pastorales se encuentran mejor ubicados? La respuesta, en todos los casos, pasa por una disponibilidad absoluta. “Allá donde el señor arzobispo considere y la Iglesia de Sevilla me necesite”, resume Alberto Torres. Pablo Noguera es más explícito: “Estoy convencido de que no somos nosotros quienes debemos elegir”, subraya. Esto no es óbice para que cada uno haya frecuentado unos sectores más que otros. Y en este punto la mayoría cita a los jóvenes, los pobres, las personas mayores, quienes viven en soledad…
Llegados a este punto, y tras un período de retiro y oración, cada uno de los futuros sacerdotes se presenta a la Iglesia con un texto que marca sus trayectorias, anhelos y agradecimientos. Cristian, por su vocación temprana, se reconoce en la figura de Samuel. Alberto se refugia en el Evangelio de san Juan: “Que Él crezca y yo disminuya, para que se manifieste plenamente en mí”. Pablo Noguera recupera unas palabras del cardenal Amigo –“Llamados por el Padre a sentarnos con su Hijo en la mesa de la Palabra y La Eucaristía”- junto a un llamamiento a mantener firme la confesión de fe (Heb, 4,14). Por su parte, José Manuel ha elegido la segunda carta a los Corintios –“Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús”-, y Pablo Bernal se reconoce en “ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20).



