La tarde de este martes, 26 de mayo, la comunidad de las mercedarias descalzas de Osuna celebró el 400 aniversario de la fundación del monasterio de la Encarnación. La misa de apertura del año jubilar fue presidida por el arzobispo hispalense, monseñor José Ángel Saiz Meneses, concelebrada por el vicario episcopal para la Vida Consagrada, José Ángel Martín y el párroco de Nuestra Señora de la Asunción, José Francisco Durán.
Sobre la tradición histórica del monasterio, se sitúa en 1626, en un edificio que antes había servido como Hospital de la Encarnación del Hijo de Dios, concluido en 1549. “Cuatro siglos después, seguimos dando gracias a Dios por esta casa, por esta comunidad y por la fecundidad escondida de una vida entregada enteramente al Señor”.
Al inicio de su intervención, monseñor Saiz dijo que “no hacemos memoria de una obra meramente humana”, sino que “confesamos la fidelidad de Dios”. Cuatrocientos años “no se explican sólo por la voluntad, la organización o el esfuerzo de las personas. Cuatrocientos años se explican, sobre todo, por la gracia de Dios, por su providencia, por su misericordia y por la respuesta perseverante de unas mujeres que, generación tras generación, han querido vivir para Cristo, con Cristo y en Cristo”, afirmó.
En relación a la presencia de las mercedaria en Osuna, expresó que “la villa de Osuna no sería la misma sin las comunidades de vida contemplativa”. “Muchos dones que sólo Dios conoce han brotado de este monasterio en forma de gracia, de consuelo, de conversión, de perseverancia, de vocaciones, de paz para las familias, de fuerza en la enfermedad, de esperanza en las pruebas”. Alertó sobre “la grave anemia interior” que padece el mundo actual y que se evidencia en “mucha agitación y poca interioridad, mucha información y poca sabiduría, mucha conexión y poca comunión, mucha prisa y poca paz”. Frente a esto, “el monasterio proclama con su sola presencia que el ser humano no se salva dispersándose, sino recogiéndose en Dios; no se encuentra huyendo hacia fuera, sino entrando en el corazón, donde habita el Señor”.
Fermento de esperanza
Sobre el carisma de las mercedarias descalzas, don José Ángel destacó que han sido, durante cuatro siglos, “fermento de paz y signo de esperanza para Osuna”. Añadió que la tradición mercedaria nació bajo el signo de la redención, de la entrega por los cautivos. “En la rama contemplativa, ese carisma adquiere la forma de una ofrenda silenciosa, de una caridad escondida, de una intercesión perseverante por todos los que están cautivos de tantas cadenas: del pecado, de la desesperanza, de la soledad, del resentimiento, del materialismo, de la tibieza espiritual”. Resaltó que, “desde esta clausura se ejerce también un verdadero ministerio de redención: no con ruido, sino con oración, con oblación, desde la cruz abrazada con amor”.
Una realidad vida de la Iglesia
A los fieles de Osuna los animó a amar a las comunidades de vida contemplativa. “Un monasterio no es una reliquia del pasado, ni una pieza decorativa del patrimonio artístico, aunque custodie una rica herencia histórica y cultural. Es una realidad viva de la Iglesia. Es una fuente espiritual, un pulmón de oración, una bendición para el presente y una promesa para el futuro”.
Durante su homilía tuvo unas palabras de felicitación para las mercedarias descalzas “en nombre de la Iglesia” por “vuestra fidelidad humilde, por vuestra perseverancia, por vuestra oración, por mantener abierta esta casa de Dios”. El arzobispo de Sevilla agradeció a la comunidad religiosa “por ser memoria viva de lo único necesario, por recordar a todos, con vuestra vida, que Dios merece ser amado sobre todas las cosas; por enseñar que la fecundidad más honda no siempre coincide con la visibilidad; que lo escondido sostiene muchas veces lo que es visible”.
A la Eucaristía asistieron religiosas de los distintos monasterios de Osuna: carmelitas, concepcionistas, franciscanas de los sagrados corazones, hermanas de la cruz, mercedarias de Marchena y de Toro (Zamora) y capuchinas de Santa Rosalía de Sevilla, así como representaciones de las hermandades de la localidad.
Año jubilar
En palabras de la madre superiora de la comunidad, Marglet Dawkins, la concesión del año jubilar la viven “con mucha alegría emoción”. Durante los cuatro siglos de la presencia de la comunidad religiosa en Osuna “hemos visto el cariño del pueblo, cómo nos ayuda, cómo nos quiere”.
La comunidad la integran actualmente diez religiosas de tres nacionalidades: España, Colombia y Kenia, con edades entre 37 y 95 años de edad.
Misa diaria y apertura del templo en el año jubilar
El horario de misa en el monasterio de la Encarnación de Osuna es el siguiente: De lunes a sábado (excepto los miércoles), a las nueve de la mañana. Los miércoles a las siete de la tarde. Los domingos a las ocho y cuarto de la mañana.
Aquellos grupos parroquiales que deseen ganar la indulgencia plenaria en el monasterio ursaonense pueden comunicarse previamente a través del teléfono 663 879 421.














