Este año 2026 el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, cumple 25 años de su ordenación episcopal. Una efeméride que ya le han felicitado en numerosas celebraciones que ha presidido durante los últimos meses. La más reciente fue la fiesta de san Juan de Ávila, patrón del clero secular español, que tuvo lugar en la Capilla del Sagrario de la Catedral el pasado jueves, 7 de mayo.
Durante la ceremonia, en la que se homenajeó a doce presbíteros y dos diáconos permanentes por sus 25 y 50 años de ordenación, el obispo auxiliar, monseñor Teodoro León, ofreció una acción de gracias que emocionó a la asamblea.
Monseñor León señaló que “lo que hoy celebramos no son solo años cumplidos. Celebramos una fidelidad que ha ido travesando la vida, llenando espacios, sosteniendo a otros muchas veces sin hacer ruido”. Concretamente, se refirió a las bodas de plata episcopales de don José Ángel: “La Iglesia reconoce en su vida ese “sí” que ha ido tomando forma con el paso del tiempo. Un “sí” que se ha hecho servicio, entrega y paternidad. Porque el ministerio episcopal no es un lugar que se ocupa, sino una vida que se ofrece, un corazón que se ensancha para ser presencia, guía y también refugio para el Pueblo de Dios”.
Más adelante, reconoció que el ministerio del obispo “tiene mucho de gracia y también mucho de cruz. Tiene momentos de alegría profunda, encuentros hermosos, celebraciones gozosas y frutos pastorales que consuelan. Pero también tiene decisiones difíciles, preocupaciones, cansancios, desvelos y esa carga interior que lleva quien sabe que no camina en nombre propio, sino en nombre de Cristo y al servicio de su Iglesia”.
Por eso, durante la fiesta de san Juan de Ávila, don Teodoro expresó en nombre de todo el clero diocesano su cercanía, comunión y afecto para con el arzobispo de Sevilla. “Y también nuestra oración, que quizá sea el regalo más necesario. Porque un obispo necesita muchas cosas, pero sobre todo necesita que su pueblo rece por él y que sus sacerdotes caminen con él”, apuntó.
Palabras al clero


A ellos les recordó que “el ministerio no se sostiene en lo extraordinario, sino en la fidelidad de cada día. En la Eucaristía celebrada con verdad. En la reconciliación ofrecida con paciencia. En la cercanía que no busca protagonismo, pero que se convierte en refugio para quien llega herido, cansado o perdido”. En esta línea, le insistió en que gracias a su testimonio de entrega y su servicio a la Iglesia durante tantos años, han hecho posible que “el Señor llene la casa. Y la llena de una forma que no hace ruido, pero que lo cambia todo”.
Monseñor León también citó a san Juan de Ávila, quien hablaba “de un corazón tan lleno de Dios que lo derrama sin darse cuenta”. Precisamente eso es “lo que se reconoce hoy en vosotros”, aseguró.
Finalmente, el obispo auxiliar insistió en que el ministerio sacerdotal y el diaconal son un don para la Iglesia y que como tal, todos los cristianos estamos llamados a cuidarlo, sostenerlo y acompañarlo, “porque un sacerdote, un diácono o un obispo no se improvisa, se cuida”.
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