El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), dependiente de la Consejería de Cultura y Deporte, aporta nuevos datos sobre la construcción de Delta I, el pecio arqueológico del siglo XVII hallado en el Puerto de Cádiz en 2011, durante las obras de construcción de una nueva terminal de contenedores. Extraído del agua para su análisis arqueológico en 2024, fue devuelto al mar el pasado año, en las inmediaciones de la Punta de San Felipe.
Los avances en la investigación desarrollada por el Centro de Arqueología Subacuática (CAS), la unidad del IAPH especializada en patrimonio sumergido, confirman de forma fehaciente que su sistema de construcción fue «atlántica» y respondía para la navegación oceánica. La embarcación es sólida en su estructura, pensada para soportar largas travesías, grandes cargas y condiciones de mar exigentes.
«La investigación aplicada en patrimonio subacuático, utilizando las metodologías y técnicas científicas avanzadas, ofrece resultados que permiten avanzar en el conocimiento de nuestro pasado, además de garantizar su conservación, accesibilidad y valorización», ha señalado la consejera de Cultura y Deporte, Patricia del Pozo, a la luz de los resultados del trabajo de los especialistas del CAS.
Para la consejera de Cultura, «la investigación del pecio Delta I está resultando de enorme valor para categorizar las etapas constructivas de las embarcaciones atlánticas, sus técnicas y materiales, así como para acercarnos a la vida cotidiana que se desarrollaba a bordo durante las navegaciones a ultramar, ofreciendo una perspectiva integral de este momento de la historia andaluza».
También se ha reconstruido en detalle cómo fue elaborado el barco: Empezó a levantarse a partir de la quilla, la pieza principal sobre la que se organizaba toda la estructura, y a continuación, se colocaron las cuadernas maestras, formadas por varias piezas de madera que daban forma y solidez al casco.
Posteriormente se fue añadiendo el resto de elementos estructurales, que se sujetaban de manera provisional mientras el armazón del barco iba tomando forma. A continuación, se colocó la primera tabla del forro exterior, concebida para facilitar el desagüe en la parte baja de la embarcación. Más tarde se dispuso el revestimiento interior del navío, fijado inicialmente con clavos de hierro. Finalmente, se procedió a colocar el resto del forro exterior del casco, que se ensambló desde fuera mediante cabillas de madera y pernos de hierro.
Numerosas marcas localizadas en las piezas de madera han sido interpretadas como marcas de maestros carpinteros en un contexto de trabajo especializado, desarrollado en un astillero. Se relacionan con señales utilizadas para el control técnico de las piezas y para organizar el proceso de fabricación. Su presencia humaniza, en cierto modo, la construcción del barco, pues permite entrever la mano de los carpinteros de ribera y la dimensión práctica de un saber altamente cualificado.
Además, nuevos datos arrojan información sobre la vida a bordo, especialmente, el hallazgo de semillas de frutos perecederos -como melón, sandía y uva– resulta revelador, porque aporta indicios concretos de la dieta de la tripulación, y demuestra que hubo un tiempo de espera o estancia en el puerto -con abastecimiento de productos frescos desde la ciudad- antes del hundimiento.
Si bien los estudios y análisis del pecio aún siguen abiertos, ya se puede avanzar el descubrimiento de estopa de origen animal y vegetal, a modo de sellado entre las juntas y uniones de las maderas, con el fin de impermeabilizar partes de la embarcación y asegurar la estanqueidad del barco.
La investigación sobre el Delta I continúa abierta y sigue relevando a este pecio arqueológico de Cádiz como una fuente excepcional para el conocimiento del pasado marítimo y subacuático.
Los restos del buque fueron devueltos al fondo marino mediante una operación técnica, gracias a la colaboración entre la Consejería de Cultura y Deporte y la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz. Previamente, en una carpa ubicada en el muelle 5 de Navantia durante diez meses, el Centro de Arqueología Subacuática llevó a cabo el desmontaje y una rigurosa documentación de las 400 piezas del navío que fue calificada «de alta precisión».



