domingo, 5 abril 2026

El arzobispo de Sevilla el Domingo de Resurrección: «La Pascua nos pide una fe viva»

La Catedral de Sevilla acogió la mañana de hoy la misa del Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor. La Eucaristía fue presidida por el arzobispo hispalense, monseñor José Ángel Saiz Meneses. “Este es el día en que actuó el Señor”. Hoy proclamamos con toda la fuerza de la fe de la Iglesia que Jesucristo ha resucitado verdaderamente. Cristo vive, ha vencido al pecado y a la muerte, ha abierto para siempre las puertas de la vida eterna”.

La Catedral de Sevilla acogió la mañana de hoy la misa del Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor. La Eucaristía fue presidida por el arzobispo hispalense, monseñor José Ángel Saiz Meneses. “Este es el día en que actuó el Señor”. Hoy proclamamos con toda la fuerza de la fe de la Iglesia que Jesucristo ha resucitado verdaderamente. Cristo vive, ha vencido al pecado y a la muerte, ha abierto para siempre las puertas de la vida eterna”.

Monseñor Saiz destacó al inicio de su homilía que “la liturgia de este día tiene un tono gozoso, desbordante. Todo en ella canta victoria, luz, vida nueva, esperanza cierta”. En esta línea dijo que “la Iglesia no habla hoy con voz apagada ni con acentos dubitativos. La Iglesia canta. La Iglesia anuncia. La Iglesia exulta. La Iglesia proclama: Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo”.

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Sobre el acontecimiento de la Resurrección del Señor, el arzobispo de Sevilla dijo que no hay “otro más grande en la historia del mundo”. “Nuestra fe es encuentro con una Persona viva, con Jesucristo resucitado, Señor de la historia y Salvador del mundo”.

Sepulcro vacío

Don José Ángel subrayó que el Evangelio de este domingo nos conduce al sepulcro vacío. “María Magdalena va de madrugada, cuando aún está oscuro. Es un dato significativo. Muchas veces también nosotros caminamos entre penumbras, con preguntas, con lágrimas, con incertidumbres, con el corazón herido”. Y, sin embargo, “precisamente allí comienza a abrirse paso la luz de Pascua”.

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“También a nosotros nos sucede algo parecido”, añadió. “La Pascua no se acoge solo con la lógica humana, sino con un corazón purificado, humilde, disponible a la acción de Dios. El Señor resucitado no se impone con estrépito. Se manifiesta a quien ama, a quien espera, a quien persevera, a quien se deja conducir por la Palabra”.

En este sentido, “esta solemnidad nos pide una fe viva. No una fe cansada. No una fe rutinaria. No una fe reducida a formas externas”.

La Pascua, continuó, “nos llama a reavivar la certeza de que Cristo está vivo y actúa en su Iglesia, en los sacramentos, en su Palabra, en la caridad de los santos, en el testimonio humilde de tantos fieles, en medio del mundo”.

 

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