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José Antonio Rodríguez, un niño de Gines que quería ser torero, pero embaucado por Platero y yo decidió empezar estudios en filología y acabó siendo periodista, proclamará la Pasión, muerte y Resurrección del Señor el próximo domingo 22 de marzo en el Teatro de la Maestranza a las doce de la mañana. Designado pregonero de la Semana Santa 2026, José Antonio habla -en vísperas de este gran día- de sus devociones de la infancia, de su oración y de cómo el Sagrario de San Onofre le acompañó mientras luchaba contra el cáncer hace casi una década.
¿Quién es el pregonero de la Semana Santa de este año?
José Antonio es un niño de pueblo. Viví mi infancia y mi adolescencia en mi pueblo de Gines, y muchas de las cosas buenas y bonitas que me han pasado han sucedido allí. Yo quería ser torero como mi padre, pero también me quedé embaucado de Platero y yo de Juan Ramón Jiménez. A partir de ahí quise ser un torero con estudios de filología, y al final me atrapó el Periodismo. En este he podido desarrollar una vida profesional muy bonita, haciendo muchas cosas en televisión y en radio, relacionadas muchas de ellas con la Semana Santa, que es mi gran pasión. Es una vida llena de cosas bonitas.
Pregonar la Semana Santa de Sevilla es un honor y una gran responsabilidad.
Me he dado cuenta de la importancia que tiene el pregón de la Semana Santa, que está por encima de lo que yo ya pensaba o conocía. Recuerdo a Joaquín Caro Romero, que tiene premios nacionales de poesía. Él decía que en Sevilla no era nadie hasta que no lo designaron pregonero de la Semana Santa. También Carlos Herrera, al que yo admiro por muchos valores que tiene y por su serenidad y confianza en un micrófono, me han dicho que antes su pregón estaba nervioso. Con lo cual hasta el más experto tiembla ante el atril de del Maestranza. Entonces tiene un peso importante y sobre todo trascendental, porque eso ya queda para toda la vida.
¿Qué relación hay entre pregón y fe?
Creo que un pregón sin la fe carece de sentido. Puedes hacer un texto muy bonito, literario, poético, pero si ese pregón no está fundamentado en la fe, es un pregón vacío. Por ejemplo, si miras El descendimiento de Van der Weyden, del Museo del Prado, te das cuenta que es un elogio a la belleza, pero lo comparas al misterio de la Quinta Angustia, donde se representa exactamente lo mismo, y entiendes que este tiene una unción especial; que genera devoción y atrae a la fe. Eso no quita para que Van der Weyden hiciera una obra sublime y bella, pero al final Pedro Roldán es el que se lleva ‘el gato al agua’, en el sentido de que su obra remueve los cimientos. Por tanto, yo creo que el pregón no es un texto bonito que compones, sino que debe basarse en la fe.
Precisamente el papa León, a propósito de la fe, pidió que no se vea sometida a la ideología. ¿El pregón también participa de esa libertad de la fe?
El pregón tiene que ser libre como la fe. La ideología es un concepto que te cierra a determinados valores. “Yo tengo estos valores, pues tengo esta ideología”, pero la fe está muy por encima, está años luz de la ideología. Y el pregón participa de esa libertad. Hay que entender también que la fe tiene muchos caminos, y en estos uno se tiene que sentir libre, tanto para llegar como para quedarse.
¿Qué alma de niño cofrade tiene su pregón?
Mis años de niño van a estar en el pregón. Mis primeros juegos de niños eran un pasito de cruz de mayo, donde yo iba detrás tocando el tambor. Por ahí me entró una pasión por la música y por las Tres Caídas que me llevó a ser hermano de la Esperanza de Triana. Más tarde, me enredé en las imágenes, pero el sagrario de mi infancia es allí donde estaba la Virgen de los Dolores de Gines. La salida de las carretas del Rocío, que Gines es muy del Rocío. Es decir, mi infancia va a tener un peso en el pregón, porque es ahí donde nace y donde se configura la personalidad del individuo.
Es un pregonero que por su juventud se ve arropado por sus padres. ¿Cómo han vivido ellos su designación?
Están disfrutando de este camino tanto como yo. No solo ellos, también mi tía, mi prima, mis hermanos… Todos lo estamos viviendo con gran intensidad. Mi familia es fundamental, es lo primero que tienes desde que naces, es lo primero que te regala Dios.
¿Cuáles son sus cinco rincones cofrades favoritos para vivir la fe?


¿Cómo es la oración del pregonero?
Estoy pidiendo a Dios algo muy básico, que es tener la voz que me falta en determinados momentos, por el desgaste, por el cansancio, por la falta de horas de sueño. Al final las cuerdas vocales sufren mucho y mi pregón es muy intenso, ya que lo he escrito a base de pequeños capítulos que tienen mucha intensidad, uno detrás del otro. Con lo cual voy a intentar captar la atención del espectador y no soltarlo hasta que en hora y media -más o menos- haya acabado el texto.
El anuncio de que iba a ser el pregonero coincide con el inicio de la Misión de la Esperanza. ¿Qué hay de ello en su pregón?
El pregón ha venido muy determinado por la Misión de la Esperanza. Yo siempre digo que esto ha sido como un regalo de la Virgen: que te nombren pregonero y a las dos horas empiece la misión con la presencia de la Virgen en la calle. La misión nos ha traído imágenes muy fuertes, nos ha traído sentimientos muy duros, a veces contradictorios viviendo con felicidad en territorios donde se sufre y se padece tanto. El pregón, por tanto, está contagiado de todo eso; de principio a fin estará presente la misión porque nos ha marcado a todos, no solo a los hermanos de la Esperanza de Triana.
El arzobispo de Sevilla defiende siempre la importancia evangelizadora de la piedad popular. ¿Qué conversación ha tenido con él de cara al pregón?
Don José Ángel es un gran comunicador y le gusta utilizar los medios de comunicación como una forma de evangelización. Por otra parte, el hecho de que yo sea periodista, que sea joven y que, quizás, conecte con una generación que no engancha con el pregón le ha agradado y así me lo ha transmitido en alguna ocasión. Al igual que la piedad se hace popular, pues que el pregón se haga especialmente popular este año.
Para concluir, José Antonio, ¿podría regalarnos alguna experiencia de las muchas que ha vivido en esta etapa como pregonero designado?
Hay un acto icónico que es el momento en el que te entregan a la Macarena, para que la lleves hasta el lugar donde la van a vestir para el besamanos. Ese momento me ha impactado mucho. Te dicen que con la mano izquierda le cojas la cintura, te la echas en el pecho y con la derecha le aguantas la espalda. Y después debes caminar con ella. Cuando tú coges a la Macarena, la sientes, sientes el calor de la Virgen en tu pecho. Es una sensación muy difícil de describir. Muchos pregoneros lo han contado en el pregón, pero es mucho más intenso de lo que puedes explicar. A mí eso me emocionó mucho y además que tenía su mejilla prácticamente rozando con la mía.
También un momento muy bonito que destaco fue en la Esperanza de Triana que sucede lo mismo. Yo fui con mis padres y fueron ellos los que cogieron a la Virgen. La sensación de ver a mis padres cogiendo a la Esperanza de Triana, los dos llenos de lágrimas, también ha sido impagable.



