viernes, 20 marzo 2026

El viacrucis, acompañar a Cristo en el camino hacia la Cruz

El viacrucis se ha consolidado como una de las expresiones más profundas de la espiritualidad cuaresmal. La Iglesia lo propone como una forma sencilla pero intensa de acompañar a Cristo en su camino hacia la cruz, recordando que el sacrificio de Jesús es fuente de esperanza y salvación para toda la humanidad. Sus catorce estaciones invitan a los fieles a contemplar el amor de Dios manifestado en la Pasión y a vivir la Cuaresma como un tiempo de conversión, oración y caridad.

El viacrucis se ha consolidado como una de las expresiones más profundas de la espiritualidad cuaresmal. La Iglesia lo propone como una forma sencilla pero intensa de acompañar a Cristo en su camino hacia la cruz, recordando que el sacrificio de Jesús es fuente de esperanza y salvación para toda la humanidad. Sus catorce estaciones invitan a los fieles a contemplar el amor de Dios manifestado en la Pasión y a vivir la Cuaresma como un tiempo de conversión, oración y caridad.

El origen del viacrucis está estrechamente vinculado a la tradición de los peregrinos que, desde los primeros siglos, visitaban Jerusalén para recorrer los lugares de la Pasión del Señor. Con el paso del tiempo, esta práctica fue adaptándose para que los fieles que no podían viajar a Tierra Santa pudieran reproducir espiritualmente ese camino en sus propias ciudades. Así comenzaron a levantarse representaciones de las estaciones de la Pasión en iglesias y monasterios de Europa.

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En la historia de esta devoción destaca especialmente la figura del beato Álvaro de Córdoba, dominico del siglo XIV considerado uno de los grandes impulsores del viacrucis en Occidente. Tras peregrinar a Tierra Santa, promovió la reproducción del recorrido de la Pasión en el convento de Santo Domingo Escalaceli (Escalera al Cielo), cerca de Córdoba, permitiendo que los fieles pudieran meditar los pasos de Cristo sin abandonar su tierra.  Esta sagrada representación fue imitada en otros conventos, dando origen a la devoción del viacrucis. Más tarde, el holandés Adricomio y el padre Daza darían forma a esta práctica y fijarían en catorce las estaciones.

Por su parte, el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha explicado sobre el viacrucis que se trata de un piadoso acto al que “la Iglesia nos convoca no para recordar un hecho del pasado, como quien visita un museo, sino para entrar en el misterio”. Al respecto, también ha apuntado que la cruz “no es un símbolo vacío, sino la fuente viva de la gracia”. En esta línea, invita a rezar el viacrucis tras la celebración de la Eucaristía, pues “en cada misa, Cristo mismo se ofrece al Padre y se da a su Iglesia”, por eso, “cuando celebramos la misa en un día de Cuaresma y culminamos con el viacrucis, hacemos un itinerario espiritual muy coherente: del altar, donde Cristo se nos da como Pan partido, al camino donde contemplamos ese Pan hecho sacrificio”.

 

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