El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, presidió la Eucaristía la tarde de este viernes de Cuaresma en la Capilla de la Flagelación. Posteriormente tuvo lugar el rezo del santo viacrucis de la Pía Unión, como es tradición, el primer viernes de marzo, en la Casa Pilatos.
Durante la misa, concelebrada por el delegado diocesano de Hermandades y Cofradías, Marcelino Manzano, tuvo lugar el juramento de los nuevos consiliarios, miembros natos de esta Asociación y de los fieles que han sido admitidos como hermanos.
El piadoso ejercicio del viacrucis se desarrolló por las galerías del patio interior en el siguiente orden procesional: Cruz de las Toallas (Hermandad de los Negritos); Estandarte del Santo Cristo de San Agustín (Hdad. de San Roque); Estandarte de San Juan de Ribera (Hdad. de San Esteban); Estandarte de la Pía Unión, y relicario con el Santo Lignum Crucis, acompañado de los hermanos mayores con faroles.
La cruz no es un símbolo vacío
Durante su homilía, monseñor Saiz dijo que la «Iglesia no nos convoca hoy para recordar un hecho del pasado como quien visita un museo. Nos convoca para entrar en el misterio». Destacó que «el centro es la Eucaristía: aquí la Pasión se hace sacramentalmente presente; aquí la Cruz no es un símbolo vacío, sino la fuente viva de la gracia».
En esta misma línea, el arzobispo de Sevilla recordó que «en cada Misa, Cristo mismo se ofrece al Padre y se da a su Iglesia». Por eso, «cuando celebramos la Eucaristía en un día de Cuaresma y culminamos con el viacrucis, hacemos un itinerario espiritual muy coherente: del altar, donde Cristo se nos da como Pan partido, al camino donde contemplamos ese Pan hecho sacrificio».
Hace más de 500 años que el marqués de Tarifa, Fadrique Enríquez de Ribera, instituyó el rezo de las catorce estaciones tras regresar de un viaje a Tierra Santa donde asistió al acto que se celebraba en la Vía Dolorosa. «Cuentan que trajo catorce cruces del mismo modo de las que marcaban cada una de las estaciones del viacrucis de Jerusalén e ideó uno similar que fuera desde su palacio –la Casa de Pilatos– hasta el humilladero de la Huerta de los Ángeles, hoy templete de la Cruz del Campo, que tiene una distancia aproximada (997 metros)».






















