El pasado 30 de enero se clausuró el Jubileo que la Compañía de la Cruz ha vivido con ocasión del 150 aniversario de su fundación. El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, presidió la Eucaristía que se celebró en la casa madre de las hermanas de la cruz, “el corazón espiritual de la congregación”, como lo definió, donde reposan los restos de santa Ángela, santa María de la Purísima y el beato Padre Torres Padilla.
Dirigiéndose a las religiosas que llenaban la capilla, el prelado hispalense subrayó que “no venimos simplemente a poner el broche final a un calendario de celebraciones; venimos, sobre todo -añadió-, a reconocer la obra de Dios en la historia”. Repasando el siglo y medio de vida de la obra fundada por santa Ángela de la Cruz, monseñor Saiz Meneses afirmó que sólo queda reconocer que “ha sido Dios quien ha obrado grandes cosas, sirviéndose de la pequeñez, de la pobreza y de la entrega silenciosa de tantas hermanas”.
Destacó que las hermanas de la cruz han convertido la vida cotidiana en “sacrificio de alabanza; hacer de la pobreza, del servicio a los enfermos, de la cercanía a los más abandonados, una Eucaristía prolongada en el tiempo”. Aludiendo al padre Torres Padilla, afirmó que “Dios no quiere de vosotras grandes cosas a los ojos del mundo, sino una fidelidad constante en lo pequeño”.
A continuación, recordó que la Compañía de las Hermanas de la Cruz “no nació de un proyecto humano, ni de una estrategia pastoral”, sino de “una elección amorosa del Señor, que llamó a santa Ángela y a sus primeras compañeras a seguirle en el camino de la cruz, sirviendo a los más pobres entre los pobres”. “Santa Ángela de la Cruz entendió muy bien que la fecundidad evangélica pasa siempre por la cruz”, añadió.
Jubileo como “impulso para el futuro”
En la parte final de su homilía, el arzobispo pidió a las religiosas que continúen “con la misma sencillez, con la misma radicalidad evangélica, con la misma confianza en Dios”. De esta forma, el Jubileo que se clausuró el pasado 30 de enero “no es un punto final, sino un impulso para el futuro”.
Concluyó señalando que el mundo de hoy sigue necesitando —“quizá más que nunca”— el testimonio de “una vida consagrada pobre, humilde, cercana, entregada sin condiciones. Sigue necesitando mujeres que, como las hermanas de la cruz, se inclinen ante el dolor humano sin miedo a mancharse, que sepan descubrir a Cristo en el rostro del enfermo, del anciano, del marginado”.
Al término de la misa, el arzobispo se postró a orar en la capilla en la reposan los restos de la fundadora, el sacerdote que le acompañó en esta iniciativa y una de las superioras generales que han sucedido a Madre Angelita en esta providencial obra.
La Compañía de la Cruz Fue fundada en Sevilla el 2 de agosto de 1875, y aprobada por san Pío X en 1904. Su primera casa estuvo en la sevillana calle San Luis, y en la actualidad cuentan con comunidades en España, Argentina e Italia. La casa madre y noviciado se encuentra en la calle sevillana que lleva el nombre de su santa fundadora.









